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Carlos Gor Gómez
Universidad de Granada
España
Vol. 3 (2017), Campo, Páginas 27-38
DOI: https://doi.org/10.30827/5555
Recibido: ene 17, 2017 Aceptado: abr 10, 2017 Publicado: jun 29, 2017
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Resumen

La forma en la que se construye nuestra identidad puede ser observada desde el papel que juega en ella la arquitectura, afrontada desde una mirada amplificada, sin ceñirse a los aspectos puramente formales de la disciplina. La idea del «Hombre Marlboro» a partir del documentalismo de los pioneros del medio oeste en Estados Unidos, la autovigilancia ciudadana en la República Democrática Alemana, o la cristalización de la sociedad de clases burguesa a partir del diseño del Teatro de Besançon, son algunos de los ejemplos con los que podemos entender el papel que juega el territorio, la ciudad y la arquitectura en la construcción del subconsciente colectivo. Si entendemos la arquitectura de la forma que la entendía Michel Foucault, como un dispositivo de poder en el que confluyen estrategias de control, disciplinas del cuerpo y mecanismos biopolíticos, podemos entender la ciudad como un campo de batalla en el que se fraguan las sutilezas de la identidad. De la misma manera, la imagen de la arquitectura y su forma de narrarla han ido construyendo el subconsciente de la disciplina.

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