Alfaro Pérez, Francisco José (2024), El último paraíso de Sefarad. La diáspora judía de 1492 y el reino de Navarra: Fitero. Pamplona: EUNSA (Ediciones Universidad de Navarra), 170 pp. ISBN: 978-84-313-3928-9.
Juan María González de la Rosa
Universidad Nacional de Educación a Distancia UNED y Universidad de Zaragoza
Francisco José Alfaro Pérez es doctor en Historia Moderna por la Universidad de Zaragoza. Sus líneas de investigación se han centrado principalmente en la Historia social del valle medio del Ebro y sus somontanos durante el Antiguo Régimen, prestando especial atención a aspectos como la población, familia y relaciones humanas (ciclos de vida, conflictividad, redes, reproducción social, etc.). Esta obra, El último paraíso de Sefarad, es su último trabajo donde el autor nos ofrece un exhaustivo análisis de la diáspora judía de 1492 y sus repercusiones en el Reino de Navarra, particularmente en la villa de Fitero. El estudio se centra en cómo esta pequeña villa, situada en una zona fronteriza entre los reinos de Navarra, Aragón y Castilla, vivió una transformación profunda durante los siglos XV y XVI. El autor contextualiza este cambio social y político en relación con los procesos históricos de expulsión de los judíos, los conflictos interreligiosos, y los movimientos migratorios de la época.
Es muy destacable, el análisis del contexto que hace el autor sobre la situación de la población de Fitero previa a la llegada de los judíos. Esta población medieval, estuvo vinculada inicialmente a un monasterio cisterciense fundado en el siglo XII. La presencia de este monasterio y su vinculación con los reinos de Navarra y Castilla crearon un escenario de tensiones políticas y religiosas. La villa fue inicialmente un pequeño asentamiento vinculado al monasterio, con una población que se caracterizaba por ser en gran medida dependiente de los frailes que gobernaban la zona. El autor subraya que la población de Fitero en sus primeras etapas de existencia nunca fue grande ni estructurada como una villa formal, sino más bien un pequeño enclave religioso y agrícola.
Sin duda, la diáspora judía causa un fuerte impacto en la población de Fitero tras la expulsión decretada por los Reyes Católicos en 1492, y es aquí donde erradica el núcleo de análisis principal del autor en la obra. Mientras que la expulsión de los judíos en Castilla y Aragón generó un éxodo masivo hacia otras regiones, Navarra, al mantenerse fuera de la jurisdicción de la Inquisición, se convirtió en un refugio para muchos de los expulsados. Fitero, al ser una villa fronteriza y un señorío eclesiástico con la protección del monasterio, ofreció un espacio para la llegada de judíos conversos, conocidos como «nuevos cristianos».
Alfaro examina cómo esta migración de judíos y conversos alteró la estructura social y económica de Fitero. Los nuevos habitantes, en su mayoría de origen judío, llegaron buscando seguridad y oportunidades económicas en una sociedad que, aunque cristiana, se encontraba en una constante adaptación y transformación debido a los cambios impuestos por la expulsión y la presión de la Inquisición. La llegada de estos exiliados contribuyó a la reconfiguración del tejido social de la villa, que pasó de ser un pequeño pueblo medieval a una villa más compleja y diversa en cuanto a la procedencia y religión de sus habitantes.
El autor aborda cómo la convivencia entre los nuevos conversos y los cristianos viejos generó tensiones sociales y religiosas, especialmente debido a las diferencias religiosas y el miedo al «contagio» de las antiguas creencias judías. Las tensiones se manifestaron en la vida cotidiana de la villa, en las interacciones entre los vasallos del monasterio, los frailes y los nuevos pobladores. A pesar de estas tensiones, el monasterio de Fitero jugó un papel crucial en la integración de los nuevos vecinos, proporcionándoles tierras, protección y recursos a cambio de trabajo y tributos.
La aparición de la Inquisición, especialmente en los reinos cercanos, contribuyó a un clima de sospecha y persecución que afectó tanto a los «nuevos cristianos» como a los judíos que se mantenían en secreto. Fitero, aunque fuera de la jurisdicción directa de la Inquisición, no estuvo exento de las presiones sociales derivadas de estos procesos. Las tensiones internas aumentaron cuando los conversos intentaron integrarse de manera plena en la sociedad navarra, enfrentándose no solo al rechazo social, sino también a los mecanismos de control eclesiásticos.
Uno de los principales argumentos de Alfaro es que Fitero no se fundó en 1482, como se creía en la historiografía tradicional, sino que la villa ya existía como un pequeño asentamiento desde el siglo XIII, aspecto que modifica el pensamiento existente y abre la posibilidad sobre la transición de un pueblo medieval a otro moderno, ya que no fue hasta finales del siglo XV y principios del XVI cuando experimentó un importante crecimiento y transformación debido a la llegada masiva de exiliados, incluidos los conversos. Este proceso de expansión no solo alteró la demografía de la villa, sino que también consolidó su estructura social y administrativa.
Fitero experimentó una expansión en su territorio y población, con la construcción de viviendas, la creación de nuevas calles y barrios, y la organización de un concejo local que permitió la autogestión de los asuntos de la villa. Esta reorganización de la vida local fue fundamental para que Fitero alcanzara el estatus de villa en 1482. El monasterio jugó un papel clave en esta transformación, atrayendo a nuevas personas y organizando su crecimiento de acuerdo con las necesidades económicas y políticas de la época.
El autor también destaca que Fitero, al ser una población de frontera, estuvo involucrada en los conflictos de poder entre los reinos de Navarra y Castilla mediante la Inquisición. La llegada de los conversos y su integración en la sociedad de Fitero generó fricciones con los «cristianos viejos», quienes no solo desconfiaban de la religión de los nuevos habitantes, sino que también temían que sus orígenes judíos fueran una amenaza para el orden establecido. Alfaro subraya cómo estas tensiones afectaron la evolución de la villa, especialmente en un contexto de creciente control eclesiástico y la presión de la Inquisición.
La conexión de Fitero con los «últimos paraísos de Sefarad», término que alude a los territorios de la península Ibérica donde los judíos se refugiarían tras la expulsión, es central en la obra de Alfaro. Fitero se presenta como un último refugio para aquellos que huían de la persecución, lo que genera una reflexión más profunda sobre la memoria histórica y las huellas dejadas por los judíos en la región.
A modo de conclusión, esta obra presenta un estudio detallado y matizado sobre la historia de Fitero, que no solo pone en evidencia la importancia de la diáspora judía en la configuración de la villa, sino que también reinterpreta la historia de la villa en un contexto más amplio de las dinámicas sociales, religiosas y políticas de la época. Fitero, a lo largo de los siglos, pasó de ser un pequeño asentamiento medieval a convertirse en una villa moderna, marcada por las migraciones, las tensiones sociales y la integración de los exiliados judíos. La obra también subraya una idea, sumamente relevante, que es la importancia de reevaluar la historia de las comunidades judías y sus contribuciones en la formación de la sociedad navarra, recordando los complejos procesos de asimilación y convivencia que caracterizaron a las comunidades en los siglos posteriores a la expulsión. Este análisis académico, que emplea una metodología rigurosa y una abundante documentación histórica, permite un entendimiento más profundo de cómo Fitero se transformó en un microcosmos de las complejidades sociales de la península Ibérica durante la transición de la Edad Media a la Edad Moderna. La obra de Francisco José Alfaro Pérez no solo examina los cambios sociales y políticos derivados de este fenómeno, sino que también reinterpreta la historia de Fitero en un contexto más amplio de los procesos históricos y las tensiones interreligiosas y sociales de la época. En resumen, la obra de Alfaro ofrece una interpretación profunda de cómo los procesos de expulsión, migración y conversión configuraron la vida en Fitero y otros lugares de Navarra. Reevalúa la historia de las comunidades judías y su influencia en la formación de la sociedad local, mientras proporciona una reflexión sobre los complejos procesos de asimilación y convivencia entre los diferentes grupos religiosos y sociales de la época. Este análisis no solo ilumina la historia de Fitero, sino que también contribuye a un entendimiento más amplio de las tensiones sociales en la transición de la Edad Media a la Edad Moderna en la península Ibérica.