<?xml version="1.0" ?>
<TEI xmlns="http://www.tei-c.org/ns/1.0">
  <teiHeader>
    <fileDesc>
      <titleStmt>
        <title type="main" xml:lang="es">EL POETA TUNECINO AL-MIṮQĀL Y SU PEREGRINA HISTORIA DE AMOR</title>
        <title type="sub" xml:lang="en">The Tunisian Poet al-Mithqal and his Strange Love History</title>
        <author>
          <persName>Ángel C. López López</persName>
          <idno type="ORCID">0000-0002-1007-6629</idno>
          <email>angelcarlos.lopez@uca.es</email>
          <affiliation>Universidad de Cádiz</affiliation>
        </author>
      </titleStmt>
      <publicationStmt>
        <publisher>Editorial</publisher>
        <date type="published" when="2026">2026</date>
        <availability>
          <licence>CC BY-NC</licence>
        </availability>
      </publicationStmt>
      <sourceDesc>
        <bibl>Documento original convertido de HTML</bibl>
      </sourceDesc>
    </fileDesc>
    <profileDesc>
      <langUsage>
        <language ident="es">Español</language>
        <language ident="ar">Árabe</language>
        <language ident="en">Inglés</language>
      </langUsage>
      <abstract>
        <p>Resumen del artículo [ver contenido completo en el documento]</p>
      </abstract>
    </profileDesc>
    <revisionDesc>
      <change when="2026-01-27">Conversión de HTML a TEI</change>
      <date type="received">11/02/2025</date>
      <date type="accepted">24/07/2025</date>
    </revisionDesc>
  </teiHeader>
  <text>
    <body>
      <div type="keywords" xml:lang="en">
        <p>Keywords: ‘Abd al-Wahhāb al-Mithqāl. Abū Isḥāq al-Ḥuṣrī. Ibn Rashīq al-Qayrawānī. Homoerotic Arab poetry. Relations between Christians and Muslims.</p>
        <p rend="justify">Cómo citar: LÓPEZ LÓPEZ, Ángel C. “El poeta tunecino al-Miṯqāl y su peregrina historia de amor”. Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos. Sección Árabe-Islam, 75 (2026), pp. 251-282. DOI: 10.30827/meaharabe.v75.32805</p>
        <p>Trahit sua quemque voluptas…</p>
        <p>quis enim modus adsit amori?</p>
        <p rend="justify">Introducción</p>
        <p rend="justify">En el Libro de la magia y la poesía del afamado visir e historiador granadino Lisān al-Dīn Ibn al-Jaṭīb (ob. 776/1374)[2], se recogen tres versos atribuidos a un poeta musulmán que “llora la muerte de un amigo suyo cristiano”, versos que siempre me llamaron la atención por su singularidad, y también porque, en un principio, pensé que podría tratarse de dos personajes andalusíes. Sin embargo, dicho poeta, llamado allí ‘Abd al-Wahhāb alMiqātī, no había sido identificado por el editor y traductor de la obra en el listado de autores que se incorpora al final de la traducción[3].</p>
        <p rend="justify">Deseoso de conocer algo más sobre la inusitada amistad entre este poeta musulmán y su desconocido amigo cristiano, que yo creía ser un mozárabe de al-Ándalus, me decidí a recabar toda la información posible para resolver el problema de la identificación de ambos personajes, y lo primero que hice fue remitirme a la citación en el texto árabe (pág. 40), donde pude comprobar que el traductor había corregido el nombre del poeta sin advertirlo, porque el apelativo al-Miṯ‘ālī, que es la grafía que se lee en el manuscrito, no parecía tener sentido. Sospeché, pues, que en esta palabra deturpada estaba el quid de la cuestión, y así, cuando llegó a mis manos la nueva edición de la obra hecha por los egipcios M. Kamāl Šabāna &amp; I. M. Ḥasan al-Ŷammāl, me dispuse a contrastar el dato, comprobando que, en esta nueva edición, se le llamaba ‘Abd al-Wahhāb al-Miṯqāl, aunque por lo que parecía los editores tampoco habían identificado en ella a nuestro personaje, porque, a diferencia de otros casos, el nombre del poeta aparecía sin ninguna anotación crítica[4].</p>
      </div>
      <div type="bibliography">
        <head>El problema no estaba resuelto, pero a partir de aquí se podía andar ya sobre terreno más seguro, y buscar referencias a este nombre, lo que no tardó en dar resultados, con lo que la propia investigación me fue llevando, sin proponérmelo, por derroteros inesperados, dándome ocasión de conocer una peregrina historia de amor entre dos jóvenes árabes, uno musulmán y otro cristiano, que vivieron a principios del siglo XI en la ya decadente ciudad de Alejandría, y que protagonizaron en ella un idilio amoroso que se prolongó más allá de la muerte, el cual aparece en las fuentes árabes esmaltado con un ramillete de poemas de calidad no desdeñable, de todo lo cual voy a dar cuenta en este artículo.</head>
        <p rend="justify">Algunos datos biográficos[5]</p>
        <p rend="justify">Para empezar hemos de decir que nuestro poeta se llamaba en realidad ‘Abd al-Wahhāb Ibn Muḥammad al-Azdī, aunque literariamente fue conocido por el sobrenombre de alMiṯqāl[6], y que casi todo lo que sabemos de él procede de una sola fuente, la obra titulada Muestra de los poetas de nuestro tiempo en Cairuán[7], de la que es autor el crítico literario tunecino Ibn Rašīq al-Qayrawānī (n. 390/1000; ob. 463/1071)[8], que fue contemporáneo suyo y tuvo oportunidad de tratarlo muy familiarmente. Pero este libro, en el que se le dedicó una biografía que incluía algunos fragmentos poéticos, no ha llegado hasta nosotros, y sólo lo conocemos por citas de otros autores, a partir de las cuales se ha realizado una edición facticia que es la que aquí manejamos[9].</p>
        <p rend="justify">Como decimos, nuestro autor debía de ser natural de lo que era entonces la gobernación de Ifrīqiya, sin que podamos precisar ni su ciudad natal, ni su origen familiar, ni otros pormenores de su vida. Pero, por su noble apellido, al-Azdī, sospechamos que podría pertenecer a una familia acomodada de antigua raigambre árabe, tal vez la misma que dio su apelativo al citado crítico Ibn Rašīq que, según él mismo dice en su autobiografía, era hijo de un esclavo bizantino (mamlūk rūmī) que trabajaba como orífice (ṣā’ig) en la ciudad de Muhammadía, para una importante familia de linaje Azdī, razón por la cual se calificaba a sí mismo como “esclavo y cliente de los Azdíes” (Mamlūk min mawālī l-Azd)[10].</p>
        <p rend="justify">En cuanto a la fecha de su nacimiento sólo podemos decir que nuestro autor no debía de ser todavía un hombre maduro cuando se escribió su biografía en el Unmūḏaŷ, pues en ella se habla sólo de sus lances de juventud, y si esta obra se compuso, según dicen los editores, antes del año 421/1030[11], podemos calcular que al-Miṯqāl habría nacido hacia el año 390/1000.</p>
        <p rend="justify">Teniendo en cuenta la familiaridad y benevolencia con que Ibn Rašīq trata a nuestro autor, como se verá a lo largo de este trabajo, y dado que ambos eran del mismo linaje y de una misma edad, no es descartable suponer, como ya hemos apuntado, que al-Miṯqāl fuera el hijo de la noble familia Azdí a cuyo servicio estuviera el padre de Ibn Rašīq, y que dicha familia los hubiera enviado, como amo y criado, a estudiar en pupilaje a las escuelas de Cairuán. Los dos andaban entonces por los dieciséis años. Si esta hipótesis se confirmara, cabría pensar que estuvieran dedicados a nuestro autor estos versos tan sentidos de Ibn Rašīq [metro wāfir, rima -āmī][12]:</p>
        <p>Quiero a mi hermano, aunque se aleje de mí,</p>
        <p>y aunque haga poco caso de lo que le digo.</p>
        <p>Pues veo en su cara un gesto de satisfacción,</p>
        <p>como el que se siente cuando se cata el vino.</p>
        <p>Que a veces se frunce el ceño sin sentir odio,</p>
        <p>y a veces el odio está oculto tras de la risa.</p>
        <p>El ambiente literario en la corte zirí de Cairuán[13]</p>
        <p rend="justify">Con los dos primeros gobernantes de la dinastía zirí, Buluggīn y al-Manṣūr, la corte de Cairuán seguía siendo oficialmente fatimí, por lo que la mayoría de los intelectuales, que eran, como el grueso de la población, de confesión malikí, desarrollaron su actividad al margen de las esferas del poder, como ocurrió con el médico Ibn al-Ŷazzār (ob. 979), autor del Zād al-musāfir[14], o el jurista Ibn Abī Zayd al-Qayrawānī (ob. 996), autor de la famosa Risāla[15]. Y esta situación no cambió durante el gobierno de Bādīs, que duró veinte años y estuvo marcado por las luchas contra sus parientes que le disputaron el poder, a saber: su tío abuelo Zāwī Ibn Zirí, que finalmente marchó a al-Andalus, como mercenario del ejército de Almanzor, y fundó allí el reino zirí de Granada; y su tío Ḥammād Ibn Buluggīn, que se independizó en Bujía, dando lugar a la dinastía ḥammādī[16]. Es por esto por lo que en su tiempo la corte no fue tampoco un lugar especialmente frecuentado por los intelectuales y literatos.</p>
        <p rend="justify">Le sucedió su hijo Abū Tamīm al-Mu‘izz (gob. 1016-1062)[17], que contaba sólo ocho años, por lo que durante seis años se hizo cargo de la regencia su poderosa tía Umm Mallāl, que ejercía como madre adoptiva del príncipe, y que se ocupó de que éste tuviera una buena educación, escogiendo como preceptor al Secretario de Cancillería, astrónomo y piadoso maestro Abū l-Ḥasan ‘Alī Ibn Abī Riŷāl al-Šaybānī (ob. c. 1038), bajo cuya influencia la corte comenzó a virar hacia el malikismo[18].</p>
        <p rend="justify">Al-Mu‘izz fue un gobernante instruido, que tenía una inteligencia brillante y una vasta cultura, de manera que manejaba con facilidad tanto la prosa como la poesía, y durante su reinado, que duró casi cincuenta años, fue protector de las ciencias y de las letras, y atrajo a la corte a muchos literatos y poetas, entre los que destacaron especialmente Ibn Šaraf e Ibn Rašīq. De él mismo se dice que fue autor de una obra titulada Manual de libreros y adminículo para los instruidos, que trata sobre el oficio de la escribanía[19].</p>
        <p rend="justify">En este tiempo, la ciudad de Cairuán, que había sido rival de la Córdoba omeya en el Mágreb hasta el año 969, cuando los fatimíes trasladaron su capital a El Cairo, continuó siendo la gran metrópoli del emirato zirí, ciudad alegre y bulliciosa en la que pululaba la vida y la actividad comercial. Allí estaban también las escuelas de los mejores maestros y la élite de la intelectualidad de todo el norte de África, a más de una centuria de poetas y hombres de letras que se movían en los aledaños del poder, de los cuales sólo nos ha quedado un ajado daguerrotipo en los textos que se han podido rescatar de la ya citada obra de Ibn Rašīq[20].</p>
        <p rend="justify">Pero el abandono del chiísmo por la corte zirí de Cairuán trajo consigo la ruptura con el califato fatimí del Cairo, lo que hizo que el califa al-Mustanṣir les enviara como castigo a las hordas de beduinos hilalíes, las cuales arrasaron la ciudad de Cairuán en el año 1057, lo que obligó a cambiar la capital del emirato a la ciudad de Mahdía en la costa.</p>
        <p rend="center">Cuadro genealógico de los gobernantes</p>
        <p rend="center">más significativos de la dinastía Zirí en Ifrīqiya y en Granada</p>
        <p rend="center">Manād al-Ṣinhāŷī</p>
        <p rend="center">↓</p>
        <p rend="center">Zīrī</p>
        <p rend="justify">____________________|________________________</p>
        <p rend="justify">↓                                        ↓                                             ↓</p>
        <p rend="justify">Abū l-Futūḥ Buluggīn           Zāwī                                    Maksen</p>
        <p rend="justify">(Cairuán, 972-984)       (Granada, 1013-1020)                        |</p>
        <p rend="justify">______________|_________                                                         |</p>
        <p rend="justify">↓                                             ↓                                                       ↓</p>
        <p rend="justify">Ḥammād                         al-Manṣūr                                        Ḥabbūs</p>
        <p rend="justify">(Bujía, 1015-1028)        (Cairuán, 984-996)                    (Granada, 1020-1038)</p>
        <p rend="justify">_________|________                                       |</p>
        <p rend="justify">↓                                 ↓                                     ↓</p>
        <p rend="justify">Umm Mallāl       Abū Manād Bādīs                         Bādīs</p>
        <p rend="justify">(Cairuán, 996-1016)     (Granada, 1038-1073)</p>
        <p rend="justify">↓                                     ↓</p>
        <p rend="justify">Abū Tamīm al-Mu‘izz                  Buluggīn</p>
        <p rend="justify">(Cairuán-Mahdiya, 1016-1062)               |</p>
        <p rend="justify">↓                                     ↓</p>
        <p rend="justify">Tamīm                             ‘Abdellāh</p>
        <p rend="justify">(Mahdiya, 1062-1108)     (Granada, 1073-1090)</p>
        <p rend="justify">Figura 1. Cuadro genealógico. Elaboración propia</p>
        <p>La cofradía de poetas libertinos de Cairuán</p>
        <p rend="justify">Desde el punto de vista literario nos interesa destacar aquí la existencia en esta ciudad de un círculo de poetas desenfadados, juerguistas y borrachines, que en su mayoría compartían una misma tendencia homosexual y que se trataban entre sí con el apelativo de “amigos” o “hermanos” (al-ujwān), denominación ésta que se encuentra ya en la tradición clásica latina (frater seu comes), y en concreto en el Satiricón de Petronio, donde se utiliza profusamente[21].</p>
        <p rend="justify">Esta misma acepción la podemos ver claramente en un dístico de Ibn Rašīq, en el que equipara la denominación de “hermanos” (ujwān) con la de “enamorados” (ahl al-hawà), utilizando la figura retórica de la dilogía (tawriya). Dice así [metro sarī‘, rima -anu][22]:</p>
        <p>¿Por qué los enamorados detestan al tomillo?</p>
        <p>¡Porque daña a sus hermanos y no les hace bien!</p>
        <p>Por ello, cuando hay tomillo, buscan sin duda</p>
        <p>su seguridad en un sitio donde no haya tomillo.</p>
        <p rend="justify">Y la misma idea la encontramos también en unos versos, que el literato Abū Isḥāq al-Ḥuṣrī[23] atribuía al poeta egipcio Manṣūr Ibn Ismā‘īl al-Tamīmī (ob. 918)[24], aunque en realidad eran del secretario y poeta iraquí Ibrāhīm al-Ṣūlī (ob. 857)[25]. Dichos versos, que no son más que una crítica contra el uso de llamar “hermanos” a los que en realidad eran rivales o enemigos, dicen así [metro muŷzū’ l-basīṭ, rima -āni][26]:</p>
        <p rend="justify">Dijo sobre los hermanos (al-ujwān):</p>
        <p rend="justify">Si alguien me dijera: ¡Busca amparo</p>
        <p rend="justify">contra las adversidades del tiempo!</p>
        <p rend="justify">No pediría ninguna otra seguridad</p>
        <p rend="justify">que estar a salvo de mis hermanos.</p>
        <p rend="justify">Y otra crítica, aún más enérgica de esta denominación de “hermanos”, la encontramos en otros versos del poeta Ibn Šaraf al-Qayrawānī en los que dice [metro kāmil, rima -āni]:</p>
        <p rend="justify">¡Qué son estas burlas de que usáis,</p>
        <p rend="justify">llamando hermanos a los traidores?</p>
        <p rend="justify">No es bueno para mí uno al que trato</p>
        <p rend="justify">como hermano, en Dios o en el diablo,</p>
        <p rend="justify">y que se aparta de mi afecto, tanto si</p>
        <p rend="justify">hace una sola cara, como si hace dos.</p>
        <p rend="justify">Y hemos de decir que esta misma acepción de esa palabra fue también conocida en al-Andalus, como vemos en un desvergonzado epigrama de un poeta oriental[27], que el cordobés al-Šaqundī (ob. 1231) espetó a unos amigos suyos que vinieron a verlo durante su convalecencia de una enfermedad. Dicho epigrama, que algunos de sus contemporáneos tomaron por obra del propio al-Šaqundī, dice así [metro maŷzū’ al-raŷaz, rima -di][28]:</p>
        <p rend="justify">He caído enfermo de una dolencia</p>
        <p rend="justify">que me ha dejado casi exhausto,</p>
        <p rend="justify">y hay algunos de los hermanos</p>
        <p rend="justify">que no he visto entre las visitas.</p>
        <p rend="justify">Por eso hoy les digo a todos ellos</p>
        <p rend="justify">lo de aquel hombre que repetía:</p>
        <p rend="justify">«¡Que los que vinieron a verme</p>
        <p rend="justify">vayan a joder a quienes no vinieron!»</p>
        <p rend="justify">Pero este grupo de poetas snobs, que pululaba en torno a los círculos de poder de la dinastía ṣinhāŷí, no sólo se caracterizaba por su alejamiento de los patrones sociales establecidos, sino también por su falta de rigor, desde el punto de vista literario, en el cumplimiento de las estrechas normas que rigen la poética árabe clásica, principalmente por el uso de versos acortados, sean los llamados mancos (maŷzū’) o bien los llamados tullidos (mujalla‘). Esto supone un interesante precedente un siglo anterior a la difusión en Túnez de la poética popular andalusí y de la música con que se cantaba, que según se dice fueron introducidas en la ciudad de Mahdía, la nueva capital del emirato, por el médico y poeta andalusí Umayya Ibn Abī l-Ṣalt de Denia (ob. 1134)[29].</p>
        <p rend="justify">El personaje más importante de este grupo es sin duda el ya citado literato y poeta Abū Isḥāq Ibrāhīm Ibn ‘Alī Ibn Tamīm al-Ḥuṣrī (ob. 1022), a quien Ibn Rašīq dedica la primera biografía del Unmūḏaŷ[30]. Este al-Ḥuṣrī se ganaba la vida como librero y copista, pues tenía una excelente caligrafía, y como vivía junto a la mezquita aljama, hizo de ella su casa y su biblioteca, de manera que allí se reunía con todos los que venían a visitarlo, principalmente los jóvenes estudiantes de Cairuán con los que trataba sobre todo cuestiones de gramática y de métrica, es decir, de temas relacionados con la poesía. Como poeta imitaba a Abū Tammām, de quien tomó muchas de sus imágenes. Así, a través de sus narraciones literarias y de la composición de poemas, se fue ganando el afecto de un numeroso grupo de poetas para los que se convirtió en su mentor y su guía. Murió en la ciudad de al-Manṣūriyya en el año 1023, siendo ya un hombre maduro[31].</p>
        <p rend="justify">Ibn Bassām nos ha transmitido una anécdota protagonizada por al-Ḥuṣrī en la que se retrata el ambiente de homoerotismo que reinaba en una de las escuelas (mašyaja) de Cairuán, a la que este literato acudía para departir con el maestro, un jeque cuyo nombre no conocemos, que también estaba completamente rendido ante la belleza de los jóvenes a los que comenzaba a apuntarles el bozo (al-mu‘aḏḏarūn), y que rivalizaba con al-Ḥuṣrī improvisando versos dedicados a estos muchachos. La anécdota en cuestión dice así[32]:</p>
        <p rend="justify">Contó Abū Ṣafwān al-‘Atikī estando en Sicilia: Abū Isḥāq al-Ḥuṣrī frecuentaba una escuela de Cairuán, cuyo maestro era un apasionado de los muchachos adolescentes. Este maestro es el que dijo sobre ellos [metro kāmil, rima –ūqā]:</p>
        <p rend="justify">¡Qué zagales! Es como si sembraran sus mejillas</p>
        <p rend="justify">negros cálamos de almizcle mojados en azafrán.</p>
        <p rend="justify">Como si hubieran juntado la violeta y la anémona,</p>
        <p rend="justify">y esparcido bajo el topacio perlas y cornalinas.</p>
        <p rend="justify">Son tales que, cuando uno los mira descuidado,</p>
        <p rend="justify">lo arrebata la pasión y lo arrastra hacia ellos.</p>
        <p rend="justify">A las lecciones de este maestro de escuela asistía un muchacho de una de las principales familias nobles de Cairuán, del cual él estaba prendado, y un día, mientras que el maestro y al-Ḥuṣrī se hallaban conversando, hete aquí que llegó el muchacho. [Entonces dijo al-Ḥusrī, metro kāmil, rima –āni]:</p>
        <p rend="justify">Tiene una figura perfecta, tal que pensé</p>
        <p rend="justify">que era la luna en el cielo a seis u ocho [grados].</p>
        <p rend="justify">Su claridad ciega la vista, como la luz</p>
        <p rend="justify">del mediodía en que los ojos no pueden ver.</p>
        <p rend="justify">El maestro le replicó: Amigo Ḥuṣrī, ¿qué dices de quien suspira perdidamente por ese talle y se siente arrebatado por esas mejillas?</p>
        <p rend="justify">Y al-Ḥuṣrī le respondió: Por Dios que el que adolece de ello se haya en el colmo del encanto, y su pasión por él es lo más perfecto de la cortesía, especialmente cuando el alcanfor de sus mejillas se mezcla con esos granos de almizcle, y la negrura de esa noche (= el almizcle) asalta a quienes están con él. Vive Dios que no puedo comparar lo negro [de su bozo] sobre su el blanco [de sus mejillas] más que con la blancura de la fe y la negrura de la increencia, y con la oscuridad de las tinieblas frente al brillo de la aurora.</p>
        <p rend="justify">Dijo [el maestro]: ¡Descríbelo, Ḥuṣrī!</p>
        <p rend="justify">Y él le respondió: Tú que dominas las finezas del discurso hasta lograr superar sus escollos, y vences sus dificultades hasta hacer resplandecer su brillo, eres más indicado para ello que yo.</p>
        <p rend="justify">Pero él insistió: ¡Descríbelo, y [también] yo aplicaré a ello mi inteligencia!</p>
        <p rend="justify">Ambos estuvieron callados durante una hora, al cabo de lo cual dijo al-Ḥuṣrī [metro muŷtaṯṯ, rima –dā][33]:</p>
        <p rend="justify">Cuando mi corazón vio el mechón de su aladar</p>
        <p rend="justify">en forma de ele, se sintió desfallecer; pues era</p>
        <p rend="justify">negro como el extravío, mas caía sobre una tez</p>
        <p rend="justify">blanquísima, como el camino que lleva al cielo.</p>
        <p rend="justify">Entonces el maestro le dijo: ¿Qué te parece [si te digo que con lo que has dicho] has entrado en mi pensamiento o has penetrado en mis costados y en mi pecho?</p>
        <p rend="justify">Y respondió [al-Ḥuṣrī]: ¡No [me digas]! Y ello ¿por qué?</p>
        <p rend="justify">Y dijo el maestro: Porque yo he compuesto estos versos [metro muŷtaṯṯ, rima –ār]:</p>
        <p rend="justify">El mechón de su aladar que brilla en forma de ele</p>
        <p rend="justify">ha conmovido mi corazón y lo ha dejado absorto:</p>
        <p rend="justify">Es negro como la noche [pero se ha dejado caer</p>
        <p rend="justify">sobre una mejilla] que es tan blanca como el día.</p>
        <p rend="center">*          *          *</p>
        <p rend="justify">Otro personaje importante de esta cuerda literaria fue el poeta ‘Umar Ibn Mu‘ammar al-Fārisī (980-1019), apodado “el Cálamo”, hombre educado y de buenos modales que no fue poeta prolífico, pero que tuvo amistad con al-Ḥuṣrī y fue panegirista del emir quien, por su buena letra, lo empleó en el servicio de correos (Dīwān al-barīd), aunque cometió algún error y fue destituido. Entonces marchó a Sicilia, pero volvió en el año 408/1017, siguiendo a un mancebo del que se había enamorado, y tras alcanzarlo vivió con él dos años, hasta que un día, en que ambos estaban bebidos, se originó una disputa entre ellos, y el mancebo lo apuñaló con una daga que tenía en la mano. Contaba casi cuarenta años, y ocurrió que mientras agonizaba todavía tuvo tiempo de componer estos versos de arrepentimiento [metro basīṭ, rima -ami]:</p>
        <p rend="justify">Mi corazón está en pecado y por ello corre mi sangre;</p>
        <p rend="justify">así que a nadie puedo culpar de mi muerte.</p>
        <p rend="justify">Mas no estoy apenado por mi alma, después que muera,</p>
        <p rend="justify">que el pesar que siento es de arrepentimiento.</p>
        <p rend="justify">Y cuando el mancebo fue interrogado y se le preguntó por qué lo había hecho, contestó: “Ha sido por designio divino, pues Dios lo ha permitido y lo ha aprobado, ya que era un pecador impenitente”[34].</p>
        <p rend="center">*          *          *</p>
        <p rend="justify">Contemporáneo de los anteriores es el poeta ‘Abd Allāh Ibn Ibrāhīm Ibn Muṯannà al-Ṭūsī, más conocido como Ibn al-Mu’addib (ob. 1023)[35], natural de Mahdía. Siendo joven viajó a Sicilia y fue apresado en el mar por piratas cristianos, pero fue liberado después, cuando se firmó la tregua entre el rey cristiano y el gobernador de esta isla, Abū l-Futūḥ Yūsuf Ibn ‘Abd Allāh, titulado Ṯiqat al-Dawla (gob. 988-998)[36], de quien luego fue panegirista. Sin embargo, el poeta no se sintió bien tratado por este príncipe y se dejó decir algunas impertinencias sobre él, lo que le supuso la persecución y el encarcelamiento, por lo que finalmente dejó Sicilia y se vino a Cairuán.</p>
        <p rend="justify">De su personalidad sólo podemos decir que fue un poeta famoso, aunque poco prolífico, y que era aficionado a la bebida y al amor de los efebos, a propósito de lo cual se cuanta una sabrosa anécdota. El caso fue que el cordobés ‘Abd Allāh Ibn Rašīq[37], que vivía en Cairuán y era amigo suyo, daba escuela a un hermoso joven, hijo de un comerciante de la ciudad, e Ibn al-Mu’addib se prendó de él. Pero ocurrió que Ibn Rašīq marchó a hacer la peregrinación, y el padre buscó un nuevo maestro para el joven, aunque tuvo que despedirlo antes de una semana porque el muchacho se quejaba de que el maestro lo solicitaba. Y así en varias ocasiones, hasta que el padre llamó como maestro a Ibn al-Mu’addib, que debía de tener sobre los cincuenta años, pero en este caso no había pasado ni una hora de estar sentados juntos en la mezquita cuando éste comenzó también a meterle mano. Y cuando el muchacho le refirió a su padre lo que pasaba, éste acabó por no creerlo y lo obligó a ir a la escuela, pensando que todo era argucias de mal estudiante.</p>
        <p rend="justify">Ibn al Mu’addib murió en el año 414/1023, a consecuencia de la caída de un caballo en una partida de caza, al parecer porque alguien había aflojado la cincha de su montura por instigación del padre de otro muchacho alumno suyo al que también solicitaba[38].</p>
        <p rend="center">*          *          *</p>
        <p rend="justify">Pero quizá el personaje más pintoresco de todo el grupo por su extravagancia fue Abū Bakr al-Warrāq al-Tamīmī, que murió en el año 420/1029[39]. Ibn Rašīq dice de él que era un poeta nato, que despreciaba el lenguaje complicado y lo evitaba, y que sentía especial inclinación por los versos del poeta sirio al-Ṣanawbarī (ob. 945), aunque componía sus poesías sin atender al metro ni a la rima. Entre ellas se cita este dístico del que varios autores nos dicen que no se ajusta a la métrica, aunque nosotros lo hemos medido como muŷtaṯṯ[40]:</p>
        <p rend="justify">Cuando mi corazón vio el mechón de su aladar</p>
        <p rend="justify">en forma de ele, se sintió desfallecer; pues era</p>
        <p rend="justify">negro como el extravío, más caía sobre una tez</p>
        <p rend="justify">blanquísima, como el camino que lleva al cielo.</p>
        <p rend="justify">El mismo Ibn Rašīq refiere también una interesante anécdota, que nos ilustra sobre su carácter y su modo de vida, que debía de ser el mismo de la mayoría de los poetas de aquel grupo. Dice así:</p>
        <p rend="justify">Un viernes fui a la mezquita aljama y lo encontré en un corro recitando letanías (raqā’iq) y admoniciones (mawā‘iẓ), y refiriendo las historias de los primeros predicadores del islam y de los que los siguieron, al tiempo que hacía muestras de compunción hasta el punto de saltársele las lágrimas. Mas sucedió que aquel mismo día, por la tarde, fui a su casa y lo encontré bebiendo, con un guitarrillo (ṭunbūr) en la mano y un bello joven sentado a su diestra. Y yo le dije: ¡Qué distintas son las dos situaciones en que te veo y quienes en ellas te acompañan! Y respondió: Es que aquélla era la casa de Dios, y ésta es la mía. Así que hago en cada una de ellas lo que conviene a su dueño. Con lo cual desistí de reprenderlo.</p>
        <p rend="center">*          *          *</p>
        <p rend="justify">A esta cofradía de poetas se unió al-Miṯqāl como discípulo o pupilo de uno de sus miembros más destacados, el vate satírico Muḥammad Ibn Ibrāhīm al-Tamīmī, más conocido por el sobrenombre de alKammūnī (el cominero)[41], del que nos dice Ibn Rašīq que “era un poeta de expresión elocuente, buen argumentador y hábil en la descripción, autor prolífico, que hacía gala de su retórica, y buen conocedor de los secretos del discurso, que cuando construía una imagen lo hacía magistralmente y que tuvo una relevante trayectoria en el género del vituperio (al-mu‘ātabāt)”[42].</p>
        <p rend="justify">Es pertinente recalcar también aquí la afición que al-Kammūnī tenía por los efebos, a propósito de lo cual refiere Ibn Rašīq una anécdota que incluye unos versos de este maestro donde aparece otra dilogía, en este caso un juego de palabras que contrapone dos vocablos, que son al mismo tiempo nombres propios y nombres comunes. La anécdota dice así[43]:</p>
        <p rend="justify">Había un muchacho del que el Kammūnī andaba enamorado y por él se peleó con un esclavo negro llamado Jalaf, pero el muchacho lo abandonó. Entonces, para consolarse, se unió a otro muchacho, pero también por éste se peleó con otro esclavo negro llamado Faraŷ. Y a propósito de ello compuso una famosa casida que se cantaba en Cairuán, con la cual se obsequiaban los hermanos unos a otros, y que comenzaba diciendo [metro basīṭ, rima -ŷi]:</p>
        <p rend="justify">¿En qué aflicción no he caído en este día?</p>
        <p rend="justify">¿Qué puerta de la angustia no he traspasado?</p>
        <p rend="justify">¡Mirad lo que me pasa y ved qué me sucede,</p>
        <p rend="justify">que por esta tiniebla no se anda con un candil!</p>
        <p rend="justify">No he gustado la perfidia más que de Jalaf[44],</p>
        <p rend="justify">ni me abruma otro pesar sino el de Faraŷ[45].</p>
        <p rend="justify">Es por eso que detesto la negrura del cabello,</p>
        <p rend="justify">y aborrezco a quienes tienen los ojos negros;</p>
        <p rend="justify">de ahí que prefiera el alcanfor de la vejez</p>
        <p rend="justify">antes que el fragante almizcle de la juventud.</p>
        <p rend="justify">En relación con el magisterio de al-Kammūnī se nos ha conservado un bonito dístico de al-Miṯqāl, que nos parece ser un ejercicio poético de los que solían proponer los maestros a sus alumnos en las clases de retórica, en este caso la descripción de unos hermosos muchachos mediante una dilogía que utiliza dos imágenes muy manidas en la poética árabe, a saber: el pudor como coraza defensiva del joven, y la mirada como espada con la que hiere de amor. Dice así [Apéndice nº I; metro maŷzū’ al-kāmil, rima -ūn][46]:</p>
        <p rend="justify">Por sus hermosos rostros son como lunas llenas,</p>
        <p rend="justify">y por sus talles se asemejan a ramas esbeltas.</p>
        <p rend="justify">Se protegen con el azaramiento que da el pudor,</p>
        <p rend="justify">pero a la vez atacan con la espada de sus ojos.</p>
        <p rend="justify">Y sobre este mismo tema tiene al-Miṯqāl un epigrama bastante procaz que parece divertimento escolar y que está dedicado a su maestro, lo que nos induce a pensar que pudo haber entre ambos una relación erótica. El poema es también una dilogía donde nuestro autor juega con el doble sentido, métrico y libertino, de las palabras. Dice así [Apéndice nº II; metro munsariḥ, rima -īlu][47]:</p>
        <p rend="justify">Tú que quieres aprender a escandir versos,</p>
        <p rend="justify">atiende bien a lo que te dice el Mizcalillo:</p>
        <p rend="justify">Me ataca por detrás un barbudo excitado,</p>
        <p rend="justify">y puede que su largura sea de una milla.</p>
        <figure n="1">
          <graphic url="figure1.png"/>
        </figure>
        <p rend="justify">Figura 2. Nave central de la sala de oración de la gran mezquita de Cairuán. © Jerzy Strzelecki. Licencia CC BY 3.0. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Salle_de_pri% C3%A8re_de_la_Grande_Mosqu%C3%A9e_de_Kairouan,_21_mars_2012.jpg.</p>
        <p rend="justify">Pero, dejando a un lado las groserías propias de la juventud, lo más importante de este poema es que nos da la clave del sobrenombre de nuestro poeta, alMiṯqāl[48], el cual está tomado de uno de los efebos (gulām) del gran poeta iraquí Ibn al-Rūmī (ob. 283/896)[49]. Dicho personaje, llamado Abū Ŷa‘far Muḥammad Ibn Ya‘qūb, pero más conocido por el apelativo de Miṯqāl al-Wāsiṭī, fue un versificador mordaz y obsceno, poco prolífico, que vivió en Bagdad en la segunda mitad del siglo IX, donde se hizo famoso por sus sátiras[50]. Según se cuenta, Ibn al-Rūmī había publicado algunos versos satíricos suyos a nombre de este al-Miṯqāl, y ocurrió que, a propósito de uno de estos poemas heterónimos de Ibn al-Rūmī, alguien lo criticó llamándolo Mizcalillo (al-Muṯayqīl), a lo que él respondió con este otro epigrama [metro jafīf, rima -īm][51]:</p>
        <p rend="justify">Has intentado humillarme llamándome Mizcalillo,</p>
        <p rend="justify">pero con ello no has hecho más que ensalzarme.</p>
        <p rend="justify">Como quien rebaja a un lucero para que se oculte,</p>
        <p rend="justify">y hace que se vea más cerca y que sea más brillante.</p>
        <p rend="justify">Vemos, pues, en este último texto que la denominación “Mizcalillo”, que se aplicaba al efebo de Ibn al-Rūmī, es la misma que usa nuestro poeta para referirse a sí mismo, haciendo de pasada un parangón literario entre su maestro al-Kammūnī y el poeta oriental Ibn al-Rūmī, lo cual halagaría sin duda la vanidad del maestro, que no estaba libre de petulancia, como se ve en esta anécdota que ocurrió tras la muerte de al-Ḥuṣrī, en que un tal ‘Āmir al-Jaṭṭāb dijo a al-Kammūnī:</p>
        <p rend="justify">— ¡Ay Abū ‘Abd Allāh! De todos los poetas no quedamos sino dos mosquitos, que somos tú y yo; así que apégate a mí y no me dejes.</p>
        <p rend="justify">A lo que él respondió:</p>
        <p rend="justify">— !Vive Dios que no hay tal, sino que son un elefante y un mosquito; y no quiero oír nada más![52]</p>
        <p rend="justify">Para terminar con al-Kammūnī diremos que este literato fue durante algún tiempo poeta áulico de al-Mu‘izz Ibn Bādīs, pero después marchó a Egipto con su discípulo al-Miṯqāl, aunque luego volvió a Cairuán donde murió en el año 435/1043[53]. Según refieren algunas fuentes, su poesía, que gozaba de buena fama, fue recopilada en un diván del que no sabemos que se haya conservado[54].</p>
        <p rend="center">*          *          *</p>
        <p rend="justify">Otro de estos “hermanos”, que tuvo especial relación con nuestro poeta, es Abū Luqmān al-Ṣaffār, el cual era un mestizo atezado, alto, flaco, feo y muy dado a la bebida, que murió en el año 415/1024 con algo más de 40 años. De él se refiere una anécdota que le ocurrió con nuestro autor y que dice así[55]:</p>
        <p rend="justify">Una vez estuvo bebiendo en la taberna todo el día y, al caer el sol, el cielo amenazaba lluvia. Abū Luqmān salió con una botella de vino en la mano para irse a su casa, pero se puso melancólico y envió a buscar a ‘Abd al-Wahhāb al-Miṯqāl. El mensajero lo encontró y volvió con él, conociendo ya el asunto. Mas, apenas llegó, Abū Luqmān se subió a sus hombros forcejeando como un niño, y al-Miṯqāl lo llevó hasta la puerta de su casa muerto de risa.</p>
        <p rend="justify">E Ibn Rašīq, que supo por al-Miṯqāl de lo ocurrido con al-Ṣaffār, escribió a propósito de ello un poema muy subido de tono, que no se atrevió a mostrárselo a Abū Luqmān, el cual comenzaba diciendo [metro sarī‘, rima -iŷu][56]:</p>
        <p rend="justify">Es Miṯqāl un poeta, o un camello removido,</p>
        <p rend="justify">sin nadie que lo arree ni le ponga aparejo,</p>
        <p rend="justify">al que montan sus hermanos para joderlo,</p>
        <p rend="justify">e incluso este forzudo cuando está salido.</p>
        <p rend="justify">Si no está en su naturaleza aquel famoso</p>
        <p rend="justify">Šaqdam[57], es por la distancia entre ambos.</p>
        <p rend="justify">Fue como si el que lo montó, al hacerlo,</p>
        <p rend="justify">hubiera ascendido a lo alto de los cielos.</p>
        <p rend="justify">Que, si Dios no lo ampara de tal subida,</p>
        <p rend="justify">no se habría detenido sin haberse roto.</p>
        <p rend="center">*          *          *</p>
        <p rend="justify">Pero, aparte de estos poetas que eran los más destacados del grupo, podemos citar a algunos otros de los que Ibn Rašīq daba referencia en su obra, entre los que hay varios que nos consta tuvieron relación directa con nuestro autor o con su maestro, como un literato llamado Ibrāhīm Ibn Gānim Ibn ‘Abdūn, más conocido como Abū Ismā‘īl al-Kātib, que fue poeta descriptivo y elegante, amante de la retórica, y que apenas hizo elogios ni sátiras de nadie. Viajó a Egipto, donde vivió algún tiempo, aunque después volvió a Cairuán para morir en el año 421/1030 con más de 60 años[58]. Y ‘Abd al-Malik al-Darkādū, poeta báquico y satírico, que no se preocupaba especialmente por la métrica ni por la rima[59]. Y Abū l-Ṭāhir al-Muṭarriz, poeta muy citado que era buen versificador y estaba muy interesado por la metáfora[60]. E Ibn Mījā’īl al-Qurašī, poeta poco dado a la metáfora que fue panegirista de los emires Ziríes y aficionado al amor de los efebos[61]. Y Abū l-Ḥasan al-Ṣarā’irī, poeta muy preocupado por hablar con corrección y por su aspecto exterior, pues vestía de forma extravagante y se dejó crecer los bigotes a la manera de los gobernantes Ṣinhāŷíes. Fue también aficionado al amor de los efebos, a los que dedicó algunos de sus poemas y murió en Egipto en el año 418/1027[62]. Y ‘Atīq Ibn Mufarriŷ al-‘Atiqī, poeta de gran locuacidad y de fácil improvisación, del que se sospechó que había metido fuego a la casa de un mancebo amante suyo[63]. Y ‘Abd al-Raḥmān Ibn Muḥammad al-Firāsī, poeta libertino y obsceno, de mala lengua y poco sociable que fue discípulo del citado al-Ṣarā’irī. Murió en Susa en el año 408/1017 al caer borracho de una terraza donde estaba bebiendo con al-‘Atiqī[64].</p>
        <p rend="justify">Pasión de amor en alejandría</p>
        <p rend="justify">Suponemos que nuestro autor viajó a Egipto acompañando a su maestro al-Kammūnī, y que ambos harían viaje por barco hasta Alejandría, donde se instalarían en un primer momento, pensando quizá en pasar más adelante al Cairo, la nueva metrópoli del califato fatimí, pues en este tiempo Alejandría era una ciudad habitada mayoritariamente por gentes cristianas, ya que en ella estaba la sede del patriarcado copto, que no se trasladó al Cairo hasta mediados del siglo XI[65].</p>
        <p rend="justify">En esta antigua ciudad eminentemente comercial y portuaria, en la que aún habría una importante presencia de la lengua y cultura griega, nuestro joven autor llevó una vida despreocupada, dedicado a la francachela con los amigos y a sus aficiones poéticas, y frecuentando los ambientes marginales, donde conoció a un hermoso joven cristiano llamado Salmān[66], que era copero (jammār) en una taberna, el cual desató en él una pasión amorosa tan intensa que no acabó sino con la muerte. A este joven cristiano, sombra fugaz en sus versos del que apenas sabemos nada, está dedicada, según nos dice Ibn Rašīq, la mayor parte de la poesía que nos ha llegado de él.</p>
        <p rend="justify">Y entre los primeros poemas que le dedicó debía de estar este dístico en que describe un lunar en la mejilla de aquel mancebico cristiano, tópico de la poesía árabe que aún recuerda los ejercicios escolares, pero que a pesar de ello resulta muy gracioso (malīḥ), tal como apostilla Ibn Rašīq, pues nos evoca la fuerza de la impresión que sufrió nuestro autor cuando vio por primera vez a su amado. Dice así [Apéndice nº III; metro sarī‘, rima -āḥah][67]:</p>
        <p rend="justify">Mira el lunar que tiene en la mejilla</p>
        <p rend="justify">aquel que hiere con sus ojos cuando mira.</p>
        <p rend="justify">Es tan bello que me parece una bolita</p>
        <p rend="justify">de almizcle puesta sobre una manzanica.</p>
        <p rend="justify">Y sucedió que aquella mirada lo fue atrapando poco a poco hasta que cayó completamente rendido a ella. Fue entonces, cuando nuestro joven poeta se sintió ya adolecido por la llaga del amor, cuando escribió estos versos [Apéndice nº IV; metro maŷzū’ al-ramal, rima -li][68]:</p>
        <p rend="justify">Estoy enfermo a causa de tus ojos,</p>
        <p rend="justify">que han lacerado mi corazón.</p>
        <p rend="justify">Pero satisfecho con todas tus cosas,</p>
        <p rend="justify">aunque tú no me hagas caso.</p>
        <p rend="justify">Pero finalmente el mancebico cristiano también le correspondió, y es el mismo poeta el que nos relata este proceso en otro bello poema en que compara el amor con el vino que le ofrece el copero y que él toma de su mano y lo bebe hasta embriagarse. Son tres versos que dicen así [Apéndice nº V; metro maŷzū’ al-kāmil, rima -yā][69]:</p>
        <p rend="justify">Vino a ofrecerme un trago de vino,</p>
        <p rend="justify">un vino dorado, purísimo y ardiente,</p>
        <p rend="justify">que burbujeando en la copa parecía</p>
        <p rend="justify">la luna llena orlada de las Pléyades.</p>
        <p rend="justify">Y yo lo bebí tomándolo de su mano,</p>
        <p rend="justify">y lo que quedó lo derramé sobre mí.</p>
        <figure n="2">
          <graphic url="figure2.png"/>
        </figure>
        <p rend="justify">Figura 3. Interior de la iglesia del Monasterio de San Sabas, situada en el centro de la zona vieja de Alejandría, la cual existía ya en el tiempo que nuestro poeta vivió en la ciudad. © D-Stanley. Licencia CC BY 2.0. https://ar.wikipedia.org/wiki/%D9%85%D9%84%D9% 81:Church_of_Saint_Sabbas.jpg.</p>
        <p rend="justify">Y a él le dedicó muchos poemas báquicos, poemas como éste en que, dejando aparte los convencionalismos de la poesía clásica, se muestra ya completamente cautivo de su pasión y se dirige a su amado llamándolo con el apelativo familiar de ‘azīr (garzón)[70], que es propio del árabe hablado en el Mágreb [Apéndice nº VI; metro maŷzū’ al-ramal, rima -ābī][71]:</p>
        <p rend="justify">Mi garzón hace la ronda con el vino</p>
        <p rend="justify">diciendo entre mis amigos:</p>
        <p rend="justify">Aquí está, tómalo, ¡muchachito mío!</p>
        <p rend="justify">Mas oye bien lo que te digo:</p>
        <p rend="justify">Este vino es mis mejillas y mi mirada,</p>
        <p rend="justify">y mi respiración y mi saliva.</p>
        <p rend="justify">Al-Miṯqāl no debía de tener entonces más de veinte años, pues en este poema se llama a sí mismo fatà, que aquí hemos traducido por “muchachito”. Pero a pesar de ello su afición a este mancebo cristiano lo hizo muy conocido en la ciudad, pues durante los tres años que lo frecuentó, pasaba la noche con él en la taberna (ḥāna), y durante todo este tiempo lo acompañaba, asimismo incluso a la iglesia los domingos y días de fiesta[72], con lo que nuestro joven poeta aprendió de memoria buena parte de los evangelios y de los oficios religiosos, así como muchas otras cosas de las tradiciones y costumbres de los cristianos.</p>
        <p rend="justify">Pero ocurrió que, en cierta ocasión, el mancebo cristiano pidió ayuda a nuestro poeta, y éste se excusó bonitamente, por lo cual decidió dejarlo sin que al-Miṯqāl tuviera manera de llegar a él, pues se decía que el cristiano había hecho solemne juramento de no hablarle en un mes. A ese momento parecen corresponder estos versos en los que nuestro autor describe una crisis su relación amorosa [Apéndice nº VII; metro maŷzū’ al-raŷaz, rima -al][73]:</p>
        <p rend="justify">Cuando el amor era pleno y perfecto,</p>
        <p rend="justify">y yo tenía mis ilusiones puestas en él,</p>
        <p rend="justify">él me dio la espalda y se apartó de mí:</p>
        <p rend="justify">¡Que así es la vida, y todo se cambia!</p>
        <p rend="justify">Ante esta situación nuestro poeta se desesperaba, y ahogaba su desazón escribiendo versos como éstos, en los que muestra su anhelo por la reconciliación [Apéndice nº VIII; metro basīṭ, rima –‘ā][74]:</p>
        <p rend="justify">Esta mañana, al filo de la aurora,</p>
        <p rend="justify">ha venido a visitarme la imagen</p>
        <p rend="justify">de quien amo y me ha dado de beber.</p>
        <p rend="justify">Me desayuné con amor, sabiendo</p>
        <p rend="justify">que el beso que me dio en sueños</p>
        <p rend="justify">avivaba mis ganas de estar con él.</p>
        <p rend="justify">Mas el tiempo pasaba y la reconciliación de los amantes no llegaba. Y es entonces, cuando la desesperación comienza a hacer mella en nuestro poeta, cuando escribe estos versos llenos de sentimientos intimistas, en los que establece una clara distinción entre la persona del amado y su imagen [Apéndice nº IX; metro wāfir, rima –bā][75]:</p>
        <p rend="justify">Tu imagen vino a visitarme sin yo esperarla,</p>
        <p rend="justify">que ella es más amable y bondadosa que tú.</p>
        <p rend="justify">Pues, viendo cómo prolongas tu alejamiento,</p>
        <p rend="justify">y que no dejas que tu amado se acerque a ti,</p>
        <p rend="justify">vino en mitad de la noche y me besó, jurando</p>
        <p rend="justify">a Dios que yo nunca he maltratado a mi amor.</p>
        <p rend="justify">Así dio vida a mi alma, que perece de pasión, y</p>
        <p rend="justify">a mi corazón, que no sana de dolor y de tristeza.</p>
        <p rend="justify">Pues tu imagen es más piadosa que tú, y tiernos,</p>
        <p rend="justify">más que los tuyos, son su corazón y sus abrazos.</p>
        <p rend="justify">Finalmente, nuestro joven poeta, perdida toda esperanza, y no encontrando otra salida a su desesperación, fue en busca de un alfajeme cirujano para que le sangrara una de las manos, y después fue a otro para que le sangrara la otra. Luego se fue a su casa, se encerró en su habitación y dejó correr la sangre de las dos sangrías. Y aunque estuvo al borde de la muerte, se salvó porque la gente de su casa se dio cuenta de lo que pasaba, al ver salir la sangre por debajo de la puerta.</p>
        <p rend="justify">El caso se divulgó rápidamente, y el mancebo cristiano tuvo noticia de lo que había ocurrido, y de cómo nuestro poeta lo acusaba de ser el causante de su muerte, por lo que, temiendo por su vida, optó por volver con él. Mas la desgracia quiso que, poco después de aquello, el mancebo cristiano enfermara de una grave dolencia que lo tuvo postrado en la cama durante algún tiempo y que lo dejó exhausto. Y nuestro joven poeta lo estuvo cuidando hasta que murió, aunque, según nos dice lamentándose, no pudo estar con él en el momento del último suspiro.</p>
        <p rend="justify">Después de aquello, al-Miṯqāl quedó sumido en el dolor, y lloró a su amado con abundantes lágrimas, en un llanto inconsolable, que algunos le censuraron desde un dogmatismo religioso que él no compartía, a lo que respondió con esta sentida endecha llena de pesadumbre [Apéndice nº X; metro ṭawīl, rima –bi][76]:</p>
        <p rend="justify">Era mi hermano en el amor, aunque no lo fuera en religión,</p>
        <p rend="justify">que a veces un hermano en el amor es como un familiar.</p>
        <p rend="justify">Me dicen: ¿Lloras hoy por quien no podrá estar contigo</p>
        <p rend="justify">el día de mañana? ¡No es sensata esta forma de obrar!</p>
        <p rend="justify">Y yo les respondo: Es ahora cuando debo hacer mi duelo</p>
        <p rend="justify">y llorar a voz en grito, y mostrar la medida de mi aflicción.</p>
        <p rend="justify">¿Cómo no voy a llorar hoy por el amado que he perdido,</p>
        <p rend="justify">aunque no vuelva a tener trato con él en la otra vida?</p>
        <p rend="justify">A ti, que me aconsejas, digo: ¡Detente, que no vas bien!</p>
        <p rend="justify">Y a ti, que me censuras: ¡Tate, que estás equivocado!</p>
        <p rend="justify">Sabed que Salmán se me ha muerto sin estar yo presente,</p>
        <p rend="justify">aunque cuidé de él todo el día por prescripción médica,</p>
        <p rend="justify">poniendo mi mano bajo su costado, tan querido para mí,</p>
        <p rend="justify">o bien bajo su mejilla, ya descolorida por la extenuación.</p>
        <p>Vuelta a Cairuán</p>
        <p rend="justify">No sabemos qué pasó exactamente después de este duro golpe que supuso la muerte del amado. Pero es probable que nuestro autor y su maestro viviesen algún tiempo en El Cairo y que finalmente decidieran volver a Cairuán, donde reanudarían sus antiguos lazos con la cofradía de marras. Fue entonces cuando al-Miṯqāl relató a Ibn Rašīq, convertido ya en autoridad literaria, los pormenores de su historia de amor en Alejandría, y él tomó nota de todo ello para incluirlo en la obra que estaba componiendo sobre los poetas de Cairuán, el Unmūḏaŷ.</p>
        <p rend="justify">En ella se ha conservado también el relato de una discusión literaria entre ambos, en la que Ibn Rašīq recita a al-Miṯqāl un verso de una casida suya, que decía así [metro jafīf, rima -āmā]:</p>
        <p rend="justify">Las Pléyades, que están frente a la luna llena,</p>
        <p rend="justify">parecen alargar la mano para coger la copa[77].</p>
        <p rend="justify">Esta imagen gustó a al-Miṯqāl, e Ibn Rašīq le insistió con otros dos versos de otra casida que decían [metro mujalla‘ al-basīṭ, y rima –rah]:</p>
        <p rend="justify">He visto a Marte, las Pléyades y Júpiter</p>
        <p rend="justify">todos tres a la vez y en conjunción,</p>
        <p rend="justify">como la palma de una mano que titubea</p>
        <p rend="justify">entre coger un jacinto o una perla.</p>
        <p rend="justify">Entonces nuestro autor, adolecido todavía por el recuerdo de su antigua pasión, tomó motivo de estos versos para escribir un hermoso poema en el que mezcla con gran maestría las dos ideas, a saber, las imágenes siderales sugeridas por los versos de Ibn Rašīq, lugar común en la poesía árabe, y el hondo dolor que todavía le aquejaba [Apéndice nº XI; metro mujalla‘ al-basīṭ, rima -āsī][78]:</p>
        <p rend="justify">Tú que escancias las copas, sirve a mis amigos,</p>
        <p rend="justify">y a mí consuélame, que yo te consolaré a ti.</p>
        <p rend="justify">Y mientras la noche se cierra en la oscuridad,</p>
        <p rend="justify">párate a mirar la perplejidad de las Pléyades</p>
        <p rend="justify">que están entre Marte, que es un feroz guerrero,</p>
        <p rend="justify">y el confortador y esplendente planeta Júpiter,</p>
        <p rend="justify">como la palma de una mano que se extendiera</p>
        <p rend="justify">para asir, no más, una manzana o una copa.</p>
        <p rend="justify">Y nada más sabemos de la vida de este poeta llamado ‘Abd al-Wahhāb al-Miṯqāl, pues como ya hemos dicho, no tenemos otras noticias suyas, salvo las que se incluyeron en el Unmūḏaŷ, que se concluyó en el año 421/1030. De manera que ni siquiera se ha conservado referencia a la fecha de su muerte, pues el único autor que da este dato es el cronista Ibn al-Gazzī, el cual la sitúa después del año 500/1107, lo que en principio parece erróneo, pues caso de aceptarlo habría que suponer que murió con más de cien años[79].</p>
        <p>Su fama como poeta</p>
        <p rend="justify">Al tratar de la fama literaria de nuestro biografiado, no tenemos más remedio que volver a la autorizada opinión del crítico Ibn Rašīq que, en la biografía que le dedicó, lo describe en pocas palabras de esta manera:</p>
        <p rend="justify">Poeta nato, de estilo poco recargado (qalīl al-takalluf) y rima fácil (sahl al-qāfiya), pero de lengua afilada para el vituperio. Fue un truhan (‘ayyār) licencioso (māŷin) que no hizo elogios de nadie.</p>
        <p rend="justify">Esta descripción cuadra perfectamente con lo que conocemos de su vida y con los pocos versos que se nos han conservado de él. No obstante, estos escuetos rasgos, que denotan un acusado individualismo y una más que evidente inadaptabilidad social, debieron de jugar en su contra, de manera que su vida y su obra, que nunca estuvo al servicio del poder, fueron silenciadas por los historiadores literarios, que casi siempre trabajan a sueldo de los poderosos, hasta el punto de que hoy no sabríamos nada de él si no fuera por la biografía que le dedicó su cofrade, paisano, y quizá deudo, Ibn Rašīq, y ello a pesar de que se le tenía por poeta ilustre (al-šā‘ir al-muŷīd)[80].</p>
        <p rend="justify">Sus versos, todos dentro de la estética modernista, estaban bien adaptados para el canto por estar escritos la mayoría de ellos en metros acortados, lo que propició que circularan bastante, sobre todo en los ambientes marginales y libertinos de Egipto, como sin duda ocurrió con aquel dístico que dedicó al lunar de la mejilla de su amado, el cual fue fundido después en un solo y magistral verso de los que emocionan y hacen vibrar (fī l-murqiṣ wa-l-muṭrib), según opinión de Ibn Sa‘īd al-Magribī que es quien nos lo ha conservado. Dice así [metro sarī‘, rima -āḥah][81]:</p>
        <p xml:lang="ar" rend="center rtl">كأنّما الشامةُ في خَـدِّه * حَـبّةُ مِسْكٍ فـوْقَ تُــفّاحةٍ</p>
        <p rend="justify">¡El lunar de su mejilla</p>
        <p rend="justify">es como grano de almizcle</p>
        <p rend="justify">sobre una manzanica!</p>
        <p rend="justify">A lo dicho podemos añadir también la opinión de un afamado crítico literario árabe moderno, el diplomático sirio Jayr al-Dīn al-Ziriklī, que lo define de esta manera: “Poeta satírico y libertino, aunque su poesía es delicada”[82].</p>
        <p rend="justify">Para terminar queremos apuntar un hecho que podría ser importante, y ello es que un historiador literario tardío (s. XVIII) afirma que la producción poética de ‘Abd al-Wahhāb al-Miṯqāl fue reunida en un diván[83], y aunque, hasta el momento, este texto no se ha encontrado, no descartamos que algún día pueda aparecer en alguna biblioteca de Egipto o de Estambul, si qua fata sinant.</p>
        <p rend="justify">Recapitulación</p>
        <p rend="justify">Para terminar, conviene que hagamos recapitulación de algunas ideas importantes que se han desarrollado en este trabajo, a fin de que podamos tener una visión en perspectiva de los personajes y de sus circunstancias, así como de su relevancia histórica y literaria en el panorama de la literatura árabe en general y de su relación con al-Andalus en particular.</p>
        <p rend="justify">Así constatamos en primer lugar que Cairuán tuvo un momento de esplendor literario en la primera mitad de siglo XI, que se truncó tras ser arrasada la ciudad por los hilalíes en el año 1057, por lo que no tuvo continuidad. Algunos restos dispersos de este naufragio llegaron a Sicilia y al-Andalus, como es el caso de los poetas Ibn Šaraf al-Qayrawānī[84] o Abū l-Ḥasan al-Ḥuṣrī[85].</p>
        <p rend="justify">Una parte muy significativa de este esplendor literario corresponde a esa cofradía de poetas desenfadados, juerguistas y borrachines, cuyo ideólogo fue el literato Abū Isḥāq al-Ḥuṣrī y de la que formaba parte también el crítico Ibn Rašīq al-Qayrawānī, que hizo de cronista de ella en su obra titulada Unmūḏaŷ.</p>
        <p rend="justify">Todos estos poetas compartían además una misma tendencia a la temática del homoerotismo, lo cual no era sólo una postura estética (similar a la de los alfaquíes que hacen poemas al vino sin haberlo probado nunca), sino también y fundamentalmente una práctica usual, muy extendida y aceptada socialmente[86].</p>
        <p rend="justify">Al-Miṯqāl constituye un caso particular por varias razones: Es un poeta que desdeña la poesía laudatoria, la cual era el medio de vida más usual para los poetas árabes, al menos hasta el siglo XI. Su poesía homoerótica, aunque dirigida a un cristiano, no es un mero remedo de los modelos literarios al uso (fundamentalmente Abū Nuwās), pues en ella no hay tabernas de monasterio, ni campanas, ni monjes, sino que ha sido capaz de superar el erotismo superficial, centrado en el mero goce de los sentidos, para llegar a una pasión basada en los sentimientos, y ello con una decisión y una vehemencia que lo llevó hasta el intento de suicidio. Todo esto hace de él un caso singular en la literatura árabe, que sin embargo lo acerca más a nuestra estética literaria del romanticismo.</p>
        <p rend="center">*        *        *</p>
        <p>APÉNDICE</p>
        <p>Texto árabe de los poemas de al-Miṯqāl[87]</p>
        <p rend="center">— I —</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">هُــمْ بِالـوُجــوهِ مِنَ البُـدو * رِ وَبِالـقُـدودِ مِنَ الغُصونِ</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">وَدُروعُـهُـمْ صِـبَغُ الـحَـيا * وَسُـيــوفُــهُــمْ لَـحْــظُ العُـيونِ</p>
        <p rend="center">— II —</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">يا طالِبَ الشِعْرِ بِالعَروضِ، ألا * فاسْـمَـعْ لِـمـا قـالَـهُ الـمُـثـيْـقـيـلُ</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">لِـحْـيـةُ مُـسْـتَـفْـعِـلِـنْ وَمُـفْـتَعِـلِــنْ * في أسَتي لوْ أنْ طولُـهـا مـيلُ</p>
        <p rend="center">— III —</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">اُنْظُرْ إلى الشامةِ في خَدِّ مَنْ * أجْـفانُـهُ بِاللَحْظِ جَـرّاحَهةْ كَـأنّـها مِـنْ حُسْنِـها إذْ بَــدَتْ * حَبّةُ مِسْكٍ فوْقَ تُــفّاحَهةْ</p>
        <p rend="center">— IV —</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">عِـلّتي مِنْ عِـلّةِ عــيْــنـيْــ * ــكَ وَمِنْ قَــلْـبي العَـليلِ</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">أنـا راضٍ مِـــنْ كَـــثـــيـــرٍ * مِنْــكَ بِالحَـــــظِّ الـقَــلـيـــلِ</p>
        <p rend="center">— V —</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">أهْــدى إليّ مُدامةً * صَفْـراءَ صافِــيةً حَـمِـــيّا</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">فَـكَـأنّـها وَحُــبابَـها * بَــدْرٌ تَـكَـلّـلَ بِـالـثُـرَيّــا</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">فَشَرِبْـتُها مِنْ كَــفِّه * وَصَبَـبْتُ فاضِلَها عَلَـيّا</p>
        <p rend="center">— VI —</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">طافَ بِالراحِ عَـزيـــــري * قائلاً بـيْـنَ صِحابي</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">هـاكَ خُـذْها، يا فَـتى الفِــتْـ * ــيانِ، واسْمَعْ مِنْ خِطابي</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">فَـهْيَ مِـنْ خَــدّي وَلَحْــظـي * وَنَـسيـمي وَرُضابـي</p>
        <p rend="center">— VII —</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">لَـمّا تَـناهى وَكَـــمَـــلْ * وَتَـــمّ لي فيه الأمَـلْ</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">أعْرَضَ واسْتَـبْـدَلَ بي * كَــذلِــكَ الــدُنْـــيا دُوَلْ[88]</p>
        <p rend="center">— VIII —</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">قَدْ زارَني طيْفُ مَنْ أهْوى فَعَلّـلَـني * عِـنْدَ الصَـباحِ، وَخيْـطُ الفَـجْـرِ قَـدْ طَــلَعا</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">فَـطِـرْتُ شـوْقــًا لِعِـلْمي أنْ قُـبْـلَـتَـهُ * في النـوْمِ تُـحْـدِثُ لي في وَصْلِـه طَـمَعا</p>
        <p rend="center">— IX —</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">خَـيـالُكَ زائـري مِنْ غـيْـرِ وَعْــدٍ * وَأكْــثَــرُ مِنْـكَ بي بِــرًّا وَحُــبّا</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">فَــلَمّا أنْ رآكَ أطَلْتَ بُــعْــــدي * وَلَمْ تَمْنَحْ مُحِبَّـكَ مِنْكَ قُرْبا</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">سَــرى وَهْــنــًا فَـقَــبّـلَني وَآلـى * يَـميــنَ اللهِ لا عَـذّبْـــتُ صَـبّا</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">فَأحْـيا مُهْـجـةً تـلِـفَـتْ غَــرامـًا * وَقَـلْـبًا لَـمْ يُــفِـــقْ دَنَـــفًا وَكُــرْبا</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">فَكانَ الطيْفُ أرْأفَ مِنْكَ نَـفْسًا * وَألْـيَـنَ مِنْــكَ أعْـطــافًا وَقَــلْــبا</p>
        <p rend="center">— X —</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">أخــي بِـــوِدادٍ، لا أخـــي بـِــدِيــانــةٍ * وَرُبّ أخٍ في الــوُدِّ مِـــثْـــــلُ نَــســيـــبٍ</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">وَقالوا: أتَبْكي اليوْمَ مَنْ لَسْتَ صاحِبًا * غـــدًا؟ إنّ هـذا فِــعْـــلُ غـــيْـــرِ لَـبـيــبٍ</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">فَـقُـلْتُ لَهُـمْ: هـذا أوانُ تَــلَــهُّــــفـي * وَشِـــدّةِ إعْــوالـي وَفَـــــــــرْطِ كُــــروبـــي</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">وَما لِيَ لا أبْكي حَبـيـبـًا فَــقَــدْتُـــــهُ * إذا خـابَ مِنْـهُ في المَـعادِ نَصيــبـي</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">فَــيـا ناصِحي، مهــلاً! فَـلَـسْـتَ بِـمُـرْشِــدٍ * وَيا لائمي، أقْـصِرْ! فَغيْـرُ مُصيـبٍ</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">وَسَـلْـمـانُ أوْدى حـيْــثُ لا أنا حـاضِـرٌ * أُعَـلِّــلُـه يــوْمــًا بِــوَصْـفِ طَـبـيـــبٍ</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">وَأجْــعَــلُ كَفّـي تَــحْــتَ جَـنْـبٍ مُـــكَـــرّمٍ * عَــلَـيّ وَخَـدٍّ بِالــنُـحـول خَـضـيـــبٍ</p>
        <p rend="center">— XI —</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">يا ساقِيَ الكأْسِ، سَقِّ صَحْـبي * وَواسِــني، إنّــني أُواســي</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">وَانْــظُــرْ إلـى حـيْـرةِ الثُــرَيّــا * واللـيْـلُ قَـدْ سُدّ بِانْدِماسِ</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">ما بـيــْـنَ بَـهْــرامِها المُلاحــي * وَبيْنَ بِرْجيسِها المُواسي</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">كَــــأنّــها راحــــةٌ أشـــارَتْ * لِأخْــــــذِ تُــــفّــــاحــةٍ وَكــــأْسِ</p>
        <p rend="center">*          *          *          *</p>
        <p rend="center">*          *          *</p>
        <p rend="center">*          *</p>
        <p rend="center">*</p>
        <p rend="justify">Fuentes utilizadas en este trabajo</p>
        <p rend="justify">AL-‘AMĪDĪ, Abū Sa‘d Muḥammad Ibn Aḥmad (ob. 433/1042). Al-Ibāna ‘an sariqāt al-Mutanabbī. Ed. Ibrāhīm al-Dasūqī al-Bisāṭī. El Cairo: Dār al-Ma‘ārif, 1961.</p>
        <p rend="justify">AL-BĀJARZĪ, ‘Alī b. al-Ḥasan (ob. 467/1074). Dumyat al-qaṣr wa-‘uṣrat ahl al-‘aṣr. Ed. Muḥammad al-Tawanŷī. Damasco: Dār al-Fikr al-‘Arabī, 1971.</p>
        <p rend="justify">AL-ḤUṢRĪ AL-QAYRAWĀNĪ (ob. ant. 1100). Zahr al-ādāb wa-ṯamr al-albāb. Ed. ‘Alī Muḥammad Baŷawī. s.l.: Dār Iḥā’ al-Kutub al-‘Arabiyya, 1372/1953.</p>
        <p rend="justify">AL-ḤUṢRĪ AL-QAYRAWĀNĪ. Nūr al-ṭarf wa-nawr al-ẓarf. Ed. Līna ‘Abd al-Quḏūs Abū Ṣāliḥ. Beirut: Mu’assat al-Risāla, 1996.</p>
        <p rend="justify">IBN ‘ABD AL-BARR AL-QURṬUBĪ (ob. 463/1070). Bahŷat al-maŷālis wa-uns al-muŷālis. Ed. Muḥammad Mursī l-Jawlī. Beirut: Dār al-Kutub al-‘Ilmiyya, 1981.</p>
        <p rend="justify">IBN ABĪ ‘AWN, Abū Isḥāq (ob. 322/933). Kitāb al-tašbīhāt. Ed. Muḥammad ‘Abd al-Mu‘īd Jān. Cambridge: Universidad de Cambridge-Leiden, 1950.</p>
        <p rend="justify">IBN ABĪ DĪNĀR AL-QAYRAWĀNĪ (ob. 1690). Al-Mu’nis fī ajbār Ifrīqiya wa-Tūnis. Ed. Muḥammad Šammām. Túnez: al-Maktaba al-‘Atīqa, 1967.</p>
        <p rend="justify">IBN BASSĀM AL-ŠANTARĪNĪ (ob. 542/1147). Al-Ḏajīra fī maḥāsin ahl al-Ŷazīra. Ed. Iḥsān ‘Abbās. Beirut: Dār al-Ṯaqāfa, 1417/1997.</p>
        <p rend="justify">IBN AL-GAZZĪ, Abū l-Ma‘ālī (ob. 1167/1753). Dīwān al-Islām. Ed. Sayyid Kasrawī Ḥasan. Beirut: Dār al-Kutub al-‘Ilmiyya, 1411/1990.</p>
        <p rend="justify">IBN JALLIKĀN (ob. 681/1282): Ibn Khallikan’s Biographical Dictionary. Translated from the Arabic by Bn MacGuckin de Slane. París: The Oriental Translation Fund of Great Britain and Ireland, 1843.</p>
        <p rend="justify">IBN AL-JAṬĪB, Lisān al-Dīn (ob. 776/1374). Kitāb al-Siḥr wa-l-ši‘r. Ed. y trad. esp. J. M. Continente Ferrer. Libro de la magia y de la poesía. Madrid: Instituto Hispano Arabe de Cultura, 1981.</p>
        <p rend="justify">IBN AL-JAṬĪB, Lisān al-Dīn. al-Siḥr wa-l-ši‘r. Ed. Muḥammad Kamāl Šabāna &amp; Ibrāhīm Muḥammad Ḥasan al-Ŷammāl. El Cairo: Dār al-Faḍīla, 1999.</p>
        <p rend="justify">IBN AL-JAṬĪB, Lisān al-Dīn. Kitāb A‘māl al-a‘lām. Parte 3ª, Historia medieval del Norte de África y Sicilia. Trad. Rafaela Castrillo. Madrid: IHAC, 1983.</p>
        <p rend="justify">IBN MANẒŪR, Ŷamāl al-Dīn (ob. 711/1312): Kitāb Niṯār al-azhār fī l-layl wa-l-nahār. Costantinopla: Maṭba‘at al-Ŷawā’ib, 1298/1881.</p>
        <p rend="justify">IBN RAŠĪQ AL-QAYRAWĀNĪ (ob. 463/1071). Unmūḏaŷ al-zamān fī šu‘arā’ al-Qayrawān. Ed. facticia de M. al-‘Arūsī l-Maṭwī &amp; Bašīr al-Bakkūš. Túnez: al-Dār al-Tūnisīya li-l-Našr, 1406/1986; y Beirut: Dār al-Garb al-Islāmī, 1411/19912.</p>
        <p rend="justify">IBN RAŠĪQ AL-QAYRAWĀNĪ. Dīwān Ibn Rašīq al-Qayrawānī. Ed. ‘Abd al-Raḥmān Bāgī. Beirut: Dār al-Ṯaqāfa, 1409/1949.</p>
        <p rend="justify">IBN SA‘ĪD AL-MAGRIBĪ (ob. 673/1274). Al-Murqiṣāt wa-l-muṭribāt. Beirut: Dār al-Faqīh li-l-Našr wa-l-Tawzī‘, 1973.</p>
        <p rend="justify">AL-IṢFAHĀNĪ, Abū l-Faraŷ (356/966). Kitāb al-agānī. Ed. Iḥsān cAbbās &amp; al. Beirut: Dār Ṣādir, 1429/20083.</p>
        <p rend="justify">AL-MAQQARĪ (ob. 1041/1631). Nafḥ al-ṭīb. Ed. Iḥsān ‘Abbās. Beirut: Dār Ṣādir, 1968.</p>
        <p rend="justify">AL-MARZUBĀNĪ, Muḥammad Ibn ‘Imrān (ob. 384/994). Mu‘ŷam al-šu‘arā’. Ed. Fārūq Aslīm, Beirut: Dār Ṣādir, 1425/2005.</p>
        <p rend="justify">AL-MAS‘ŪDĪ (ob. 346/957). Murūŷ al-ḏahab wa-ma‘ādin al-ŷawhar. Beirut: Maṭābi‘ Dār al-Andalus, 1385/1966.</p>
        <p rend="justify">AL-QIFṬĪ (ob. 646/1248). Al-Muḥammadūn min al-šu‘arā’ wa-aš‘āru-hum. Ed. Riyāḍ ‘Abd al-Ḥamīd Murād. Beirut: Dār Ibn Kaṯīr, 1408/1988.</p>
        <p rend="justify">AL-ṢAFADĪ, Ṣalāḥ al-Dīn (ob. 764/1363). Kašf al-ḥāl fī waṣf al-jāl. Ed. Sihām Ṣallān, Damasco: Dār Sa‘d al-Dīn, 1999.</p>
        <p rend="justify">AL-ṢAFADĪ, Ṣalāḥ al-Dīn. Al-Wāfī bi-l-wafayāt. Ed. Aḥmad al-Arnā’ūṭ &amp; Turkī Muṣṭafà. Beirut: Dār Iḥyā’ al-Turāṯ al-‘Arabī, 1420/2000.</p>
        <p rend="justify">AL-ŠARĪŠĪ, Abū l-‘Abbās (ob. 619/1222). Šarḥ Maqāmāt al-Ḥarīrī. Ed. Ibrāhīm Šams al-Dīn. Beirut, Dār al-Kutub al-‘Ilmiyya, 1971.</p>
        <p rend="justify">AL-ṢŪLĪ, Ibrāhīm Ibn ʻAbbās (ob. 243=857). Šiʻr al-kātib al-šāʻir al-maṭbūʻ Ibrāhīm Ibn al-ʻAbbās al-Ṣūlī. Ed. ʻAbd al-ʻAzīz al-Maymanī. Aligra (La India): s.e., 1937.</p>
        <p rend="justify">AL-ṮA‘ĀLABĪ, Abū Manṣūr (ob. 429/1037). Taḥsīn al-qabīḥ wa-taqbīḥ al-ḥasan. Ed. Šākir al-‘Āšūr. Beirut-Bagdad: Wizārat al-Awqāf, 1401/1981.</p>
        <p rend="justify">AL-ṮA‘ĀLABĪ, Abū Manṣūr. Yatīmat al-dahr. Ed. Mufīd Muḥammad Qumayḥa. Beirut: Dār al-Kutub al-‘Ilmiyya, 1403/1983.</p>
        <p rend="justify">AL-ŶURŶĀNĪ, ‘Abd al-Qāhir (ob. 471/1078). Asrār al-balāga. Ed. ‘Abd al-Ḥamīd Hindāwī. Beirut: Dār al-Kutub al-‘Ilmiyya, 1422/2001.</p>
        <p rend="justify">AL-YŪSĪ, al-Ḥasan (ob. 1102/1691). Zahr al-akam fī l-amṯāl wa-l-ḥikam. Ed. Muḥammad Ḥaŷŷī &amp; Muḥammad al-Ajḍar. Casablanca: Dār al-Ṯaqāfa, 1401/1981.</p>
      </div>
      <div type="bibliography">
        <head>Bibliografía</head>
        <p rend="justify">‘Arīḍa, Kāmil M. M. Ibn Rašīq al-Qayrawānī, al-šā‘ir al-balīg. Beirut: Dār al-Kutub al-‘Ilmiyya, 1993.</p>
        <p rend="justify">Atiya, Aziz S. (ed.). The Coptic Encyclopaedia. Nueva York: Macmillam Publishing Company, 1991.</p>
        <p rend="justify">Būlnawār, Būdīsa. Al-Jiṭāb al-ši‘rī l-magribī min jilāl kitāb Unmūḏaŷ al-zamān fī šu‘arā’ al-Qayrawān, dirāsa uslūbīya. Mémoire de Magistère presentada en la Universidad de Batna (Argelia) 1430/2009, online</p>
        <p rend="justify">&lt;https://www.quranicthought.com/ar/books/%D8%A7%D9%84%D8%AE%D8%B7%D8%A7%D8%A8-%D8%A7%D9%84%D8%B4%D8%B9%D8%B1%D9%8A-%D8%A7%D9%84%D9%85%D8%BA%D8%B1%D8%A8%D9%8A-%D9%85%D9%86-%D8%AE%D9%84%D8%A7%D9%84-%D9%83%D8%AA%D8%A7%D8%A8-%D8%A3%D9%86%D9%85/ &gt;</p>
        <p rend="justify">Comes, Mercé. “Ibn Abī l-Ṣalt al-Dānī, Umayya”. En Jorge LIROLA DELGADO (ed.). Biblioteca de al-Andalus. Almería: Fundación Ibn Tufayl, 2012, vol. I, nº 238, pp. 722-728.</p>
        <p rend="justify">Corriente, Federico. Diccionario de arabismos y voces afines en iberorromance. Madrid: Gredos, 1999.</p>
        <p rend="justify">Damaj, Ahmad. “Al-Ḥuṣrī, Abū l-Ḥasan”. En Jorge LIROLA DELGADO (ed.). Biblioteca de al-Andalus. Almería: Fundación Ibn Tufayl, 2012, vol. I, nº 163, pp. 464-466.</p>
        <p rend="justify">DOZY, Reinhart. Supplément aux dictionnaires arabes. Leiden, Brill, 1881.</p>
        <p rend="justify">Herdt, Andreas. “Al-Ḥuṣrī, Abū Isḥāq”. Encyclopaedia of Islam Three Online. https://doi.org/10.1163/1573-3912_ei3_COM_30605 &gt;</p>
        <p rend="justify">Herdt, Andreas. “Al-Ḥuṣrī l-Ḍarīr”. Encyclopaedia of Islam Three Online. https://referenceworks.brill.com/display/entries/EI3O/COM-27258.xml?rskey /cmQPqt&amp;result/1</p>
        <p rend="justify">Idris, Hady Roger. La Berbérie orientale sous les Zirides. Xe-XIIe siècles. París: Adrien-Maisonneuve 1962.</p>
        <p rend="justify">al-Isdāwī. Ši‘r Manṣūr al-faqīh, dirāsa taḥlīlīya. Zagazig (Egipto): s. ed., 1417/1996.</p>
        <p rend="justify">Kazimirski, Albin de Biberstein. Dictionaire arabe-français. París: Maisonneuve 1860.</p>
        <p rend="justify">Labib, Subhi Y. “Christodoulus, sixty-sixth patriarch of the See of Saint Mark (1047-1077)”. Apud Aziz S. Atiya (ed.). The Coptic Encyclopaedia. Nueva York: Macmillam Publishing Company, 1991, vol. II, pp. 544-547.</p>
        <p rend="justify">Lirola Delgado, Pilar. “Ibn Šaraf al-Qayrawānī”. En Jorge LIROLA DELGADO (ed.). Biblioteca de al-Andalus. Almería: Fundación Ibn Tufayl, 2007, vol. 5, nº 1120, pp. 247-255.</p>
        <p rend="justify">López y López, Ángel C. “Al-Šaqundī, Abū l-Walīd”. En Jorge LIROLA DELGADO (ed.). Biblioteca de al-Andalus. Almería: Fundación Ibn Tufayl, 2012, vol. VII, nº 1701, p. 296.</p>
        <p rend="justify">AL-MU‘IZZ IBN BĀDĪS. ‘Umdat al-kuṭṭāb wa-‘uddat ḏawī l-albāb. Ed. Ŷayb Māyil al-Harawī. Irán: Maŷma‘ al-Buḥūṯ al-Islāmiyya, 1409/1988.</p>
        <p rend="justify">MURANYI, Miklos. “Ibn Abī Zayd al-Qayrawānī”. Encyclopaedia of Islam Three Online. http://dx.doi.org/10.1163/1573-3912_ei3_COM_30680.</p>
        <p rend="justify">Petronius with an English translation by Michael Heseltine. Londres: Ed. W. Heinemann, 1913.</p>
        <p rend="justify">Petronius. Satiricón. Trad. Pedro Rodríguez Santidrián, Madrid: Alianza Editorial, 1993.</p>
        <p rend="justify">Ribera y Tarragó, Julián. La música árabe y su influencia en la española. Ed. E. García Gómez. Madrid: Ed. Mayo de Oro, 19852.</p>
        <p rend="justify">SAMSÓ, Julio. “Ibn Abī l-Rijāl, ʿAlī”. Encyclopaedia of Islam Three Online. https://doi.org/10.1163/1573-3912_ei3_COM_30672.</p>
        <p rend="justify">al-Suli, Muhammad Ibn Yahya. Noticias y anécdotas de Abu Tammam. Trad. Jaime Sánchez Ratia. Madrid: Editorial Verbum, 2022.</p>
        <p rend="justify">Véglison Elías de Molins, Josefina. “Aspectos de la crítica literaria en Ibn Rašīq al-Qayrawānī”. Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos. Sección Árabe Islam, 60 (2011), pp. 297-308.</p>
        <p rend="justify">Velázquez Basanta, Fernando. “Ibn Rašīq, ‘Abd Allāh”. En Jorge LIROLA DELGADO (ed.). Biblioteca de al-Andalus. Almería: Fundación Ibn Tufayl, 2006, vol. IV, nº 982, pp. 445-446.</p>
        <p rend="justify">al-Ziriklī. Al-A‘lām qāmūs tarāŷīn li-ašhar al-riŷāl wa-l-nisā’ min al-‘arab wa-l-musta‘rabīn wa-l-mustašriqīn. Beirut: Dār al-‘Ilm li-l-Malāyīn, 19867.</p>
        <p>[1]* Por una feliz coincidencia, este artículo se concluyó el día 25 de abril de 2019 en que se celebra la festividad del glorioso evangelista San Marcos, discípulo de San Pedro y patrón de la Iglesia de Alejandría. Sin embargo, algunas circunstancias adversas han hecho que el mismo haya quedado inédito hasta ahora, lo que al mismo tiempo ha permitido su revisión.</p>
        <p>Antes de comenzar, quiero dar públicamente las gracias a mi buen amigo, el Prof. Andreas Herdt, de la Universidad de Münster, que ha trabajado sobre los dos literatos cairuaníes Abū Isḥāq y Abū Ḥasan al-Ḥuṣrī, tío y sobrino, el cual tuvo la amabilidad de leer este trabajo y hacerme valiosas sugerencias sobre la edición y traducción de los textos.</p>
        <p rend="justify">Antes de comenzar, quiero dar públicamente las gracias a mi buen amigo, el Prof. Andreas Herdt, de la Universidad de Münster, que ha trabajado sobre los dos literatos cairuaníes Abū Isḥāq y Abū Ḥasan al-Ḥuṣrī, tío y sobrino, el cual tuvo la amabilidad de leer este trabajo y hacerme valiosas sugerencias sobre la edición y traducción de los textos.</p>
        <p>[2]. Ibn al-Jaṭīb. Kitāb al-Siḥr wa-l-ši‘r, nº 121, ed. p. 40 y trad. p. 65. Los tres versos que aquí se editan y traducen son los primeros de la elegía nº X del Apéndice de este artículo.</p>
        <p>[3]. Idem, p. 179.</p>
        <p>[4]. Ibn al-Jaṭīb. Kitāb al-Siḥr wa-l-ši‘r, p. 90.</p>
        <p>[5]. Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, p. 790, nota 106.</p>
        <p>[6]. Sin embargo, varios autores, tanto orientales como occidentales, que desconocen el origen de este nombre, de lo que trataremos infra, se refieren a él como «al-Mitqālī». Entre estos está el sirio al-Ṣafadī. Kašf al-ḥāl, p. 12, que lo llama «al-Miṯqālī l-Gazzī», de lo cual se podría deducir que nuestro autor era natural de Gaza, aunque parece más probable que esta denominación, que aparece sólo en esta fuente, sea una confusión con su apellido al-Azdī.</p>
        <p>[7]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān. En este artículo citamos siempre por la 2ª edición.</p>
        <p>[8]. Sobre este importante crítico literario vid. Véglison. “Aspectos de la crítica literaria”, pp. 297-308.</p>
      </div>
      <div type="bibliography">
        <head>[9]. Las referencias a nuestro autor en la 2ª ed. del Unmūḏaŷ, citada supra, están en el nº 49, pp. 191-195 y en las pp. 348-349. Pero advertimos que, a las fuentes utilizadas por el editor, que se citan en la nota preliminar, deben añadirse las siguientes: Ibn Manẓūr. Kitāb Niṯār al-azhār, p. 113; al-Ṣafadī. Kašf al-ḥāl, p. 12; al-Yūsī. Zahr al-akam, p. 281.</head>
        <p>[10]. La antigua ciudad de Muhammadía, fundada por los fatimíes en su campaña contra los beréberes del año 924, corresponde a la actual Masila, a medio camino entre Constantina y Argel, y a más de 600 kilómetros de Cairuán; vid. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 100, p. 350: ‘Arīḍa. Ibn Rašīq al-Qayrawānī, pp. 13-15.</p>
        <p>[11]. Ibídem, p. 20.</p>
        <p>[12]. Ibn Rašīq. Dīwān, nº 158, pp. 171-172.</p>
        <p>[13]. Sobre este tema vid. Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, pp. 775-802.</p>
        <p>[14]. De esta obra hay una edición crítica y traducción española realizada por Wayiha Kadem Altuma, que se presentó como tesis doctoral en la Universidad de Granada en 1985, la cual no parece haber sido publicada.</p>
        <p>[15]. Sobre él vid. Muranyi. “Ibn Abī Zayd al-Qayrawānī”.</p>
        <p>[16]. Sobre él vid. Ibn Abī Dīnār. Al-Mu’nis fī ajbār Ifrīqiyā wa-Tūnis, pp. 79-81; Ibn al-Jaṭīb. Kitāb A‘māl al-a‘lām, parte 3ª, pp. 51-52.</p>
        <p>[17]. Sobre él vid. Ibn Abī Dīnār. Al-Mu’nis fī ajbār Ifrīqiyā wa-Tūnis, pp. 81-85; Ibn al-Jaṭīb. Kitāb A‘māl al-a‘lām, parte 3ª, pp. 52-53.</p>
        <p>[18]. Sobre él vid. Samsó. “Ibn Abī l-Rijāl, ‘Alī”.</p>
        <p>[19]. Al-Mu‘izz Ibn Bādīs. ‘Umdat al-kuṭṭāb wa-‘uddat ḏawī l-albāb.</p>
        <p>[20]. Un estudio sobre el florecer poético en Cairuán en este tiempo puede verse en Būlnawār. Al-Jiṭāb al-ši‘rī l-magribī.</p>
        <p>[21]. Vid. Petronius, nº 9, pp. 12-13, y Petronius. Satiricón, passim, praesertim capítulos 8 y 9.</p>
        <p>[22]. Ibn Rašīq. Dīwān, nº 191, p. 198. Para comprender la ambivalencia de estos versos, téngase en cuenta que la palabra nammām significa tanto “tomillo” (Thymus vulgaris L.), como “chismoso” y “delator”; vid. Dozy. Supplément aux dictionnaires arabes, vol. II, p. 732b.</p>
        <p>[23]. Al-Ḥuṣrī. Zahr al-ādāb, vol. II, p. 827; y lo mismo dice Ibn Bassām. Ḏajīra, vol. II-2, p. 613, que copia de él.</p>
        <p>[24]. Sobre él vid. al-Isdāwī. Ši‘r Manṣūr al-faqīh, dirāsa taḥlīlīya.</p>
        <p>[25]. Este literato fue sobrino del poeta al-‘Abbās Ibn al-Aḥnaf (ob. 809) y tío-abuelo del también poeta y experto ajedrecista Abū Bakr al-Ṣūlī (ob. 946), sobre el cual vid. Ibn Jallikān. Ibn Khallikan’s Biographical Dictionary, vol. II, pp. 22-26r; al-Suli. Noticias y anécdotas de Abu Tammam, pp. 28-45.</p>
        <p>[26]. Estos versos están efectivamente recogidos en el Dīwān de Abū Isḥāq al-Ṣūlī, nº 142, p. 52, y su autoría viene confirmada por algunos de los más destacados cronistas literarios de Oriente, como al-Mas‘ūdī. Murūŷ al-ḏahab, vol. IV, pp. 25-26; al-Iṣfahānī. Kitāb al-Agānī, vol. X, p. 56; al-Ṯa‘ālabī. Taḥsīn al-qabīḥ, p. 105; así como por el cordobés Ibn ‘Abd al-Barr. Bahŷat al-maŷālis, vol. I, pp. 718-719. No obstante lo cual, han sido incluidos también en el Dīwān de Ibn Rašīq, p. 215, como si fueran obra suya. Esto podría explicarse por la forma en que se introduce la cita de al-Šarīšī. Šarḥ Maqāmāt al-Ḥarīrī, donde se dice:</p>
        <p xml:lang="ar" rend="rtl">« وقال منصور بن إسماعيل التميمي الفقيه : قال ابن رشيق »</p>
        <p xml:lang="ar" rend="justify rtl">« وقال منصور بن إسماعيل التميمي الفقيه : قال ابن رشيق »</p>
        <p>En buena lógica este texto se interpretaría como que el alfaquí egipcio Manṣūr Ibn Ismā‘īl al-Tamīmī, refiere una cita de Ibn Rašīq, pero ello no es posible por razón de cronología. Así que la interpretación correcta ha de ser así: “Dijo el alfaquí Manṣūr Ibn Ismā‘īl al-Tamīmī, según refiere Ibn Rašīq”; vid. al-Šarīšī. Šarḥ Maqāmāt al-Ḥarīrī, vol. II, p. 52.</p>
        <p rend="justify">En buena lógica este texto se interpretaría como que el alfaquí egipcio Manṣūr Ibn Ismā‘īl al-Tamīmī, refiere una cita de Ibn Rašīq, pero ello no es posible por razón de cronología. Así que la interpretación correcta ha de ser así: “Dijo el alfaquí Manṣūr Ibn Ismā‘īl al-Tamīmī, según refiere Ibn Rašīq”; vid. al-Šarīšī. Šarḥ Maqāmāt al-Ḥarīrī, vol. II, p. 52.</p>
        <p>[27]. Se trata del poeta satírico Abū l-Ḥasan ‘Alī Ibn al-Ḥasan al-Laḥḥām al-Ḥarrānī, que vivió en el siglo XI y desarrolló su actividad literaria en las ciudades de Bukhara, Nishapur y Bagdad, donde finalmente murió; vid. al-Ṯa‘ālabī. Yatīmat al-dahr, vol. IV, nº 31, p. 116-132, que recoge un buen número de sus poemas.</p>
        <p>[28]. Así aparece v. gr. en al-Maqqarī. Nafḥ al-ṭīb, vol. III, p. 224; vid. también López y López. “Al-Šaqundī, Abū l-Walīd”, nº 1701, p. 296. Para paliar en parte la procacidad del texto, he cambiado la traducción del último verso, que allí era más descarada.</p>
        <p>[29]. Ribera. La música árabe, pp. 132-133; Comes. “Ibn Abī l-Ṣalt al-Dānī, Umayya”, nº 238, pp. 722-728.</p>
        <p>[30]. Vid. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 1, pp. 45-49.</p>
        <p>[31]. Sobre él vid. Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, pp. 780-781, 795; Herdt. “Al-Ḥuṣrī, Abū Isḥāq”. No hay que confundir a este personaje con el también poeta Abū l-Ḥasan ‘Alī Ibn ‘Abd al-Gānī l-Ḥuṣrī (1029-1095), sobrino suyo por parte de madre (aunque en alguna fuente se dice que era primo materno, lo cual es menos probable por razón de cronología), que vivió en al-Andalus y es autor de la famosa casida que comienza (يا ليل الصبّ), la cual se ha popularizado en la voz de la cantante libanesa Fayruz. Sobre él vid. Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, p. 792 nota 130; Herdt. “Al-Ḥuṣrī l-Ḍarīr”.</p>
        <p>[32]. Ibn Bassām. Ḏajīra, vol. IV-2, pp. 595-597. Esta anécdota debe de estar rehecha por el relator al-‘Atikī con recuerdos inconexos, pues según refiere el mismo al-Ḥuṣrī, en su obra Nūr al-ṭarf, p. 8, el autor de estos versos es al-Šarīf al-‘Uqaylī, un poeta egipcio del que no hay noticia de que haya vivido en Cairuán.</p>
        <p>[33]. Según se verá después, estos versos se atribuyen también al poeta Abū Bakr al-Warrāq al-Tamīmī.</p>
        <p>[34]. Sobre este poeta vid. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 67, pp. 121, 203 y 247-248.</p>
        <p>[35]. Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, pp. 789 (nota 102).</p>
        <p>[36]. Sobre él vid. Ibn al-Jaṭīb. Kitāb A‘māl al-a‘lām, parte 3ª, p. 90.</p>
        <p>[37]. Sobre él vid. Velázquez Basanta. “Ibn Rašīq, ‘Abd Allāh”, vol. IV, nº 982, pp. 445-446.</p>
        <p>[38]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 35, pp. 146-148 y 349.</p>
        <p>[39]. Idem, nº 53, pp. 204-207, 335-336 y 347; Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, p. 790 nota 108; Būlnawār. Al-Jiṭāb al-ši‘rī l-magribī, pp. 95-96.</p>
        <p>[40]. Vid. supra la anécdota del famoso poeta Abū Isḥāq al-Ḥuṣrī (ob. 453/1061), citada por Ibn Bassām, donde se incluyen estos mismos versos.</p>
        <p>[41]. Sobre él vid. Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, p. 785 nota 75.</p>
        <p>[42]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 73, pp. 266-269.</p>
        <p>[43]. Idem, p. 268.</p>
        <p>[44]. El poeta contrapone la palabra julf, que es “falsa promesa”, con el nombre propio Jalaf.</p>
        <p>[45]. Y aquí contrapone el adjetivo furŷ, que significa “indiscreto”, con el nombre propio Faraŷ.</p>
        <p>[46]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, p. 193.</p>
        <p>[47]. Idem, pp. 194-195.</p>
        <p>[48]. La palabra miṯqāl ha dado en español los arabismos mizcal y metical, sobre lo cual vid. Corriente. Diccionario de arabismos, p. 390.</p>
        <p>[49]. Sobre él vid. Ibn Jallikān. Ibn Khallikan’s Biographical Dictionary, vol. II, pp. 297-301.</p>
        <p>[50]. Sobre este otro Miṯqāl, vid. al-Ṣafadī. Al-Wāfī bi-l-wafayāt, nº 2296, vol. V, p. 145; al-‘Amīdī. Al-Ibāna ‘an sariqāt al-Mutanabbī, p. 191. Pero adviértase que algunos editores han confundido a nuestro poeta con el vate iraquí, así v. gr. al-Marzubānī. Mu‘ŷam al-šu‘arā’, nº 880, pp. 467-468; al-Bājarzī. Dumyat al-qaṣr, vol. II, pp. 1208-1209. Véase otra referencia a él en al-Suli. Noticias y anécdotas de Abū Tammām, pp. 203-204.</p>
        <p>[51]. Ibn Abī ‘Awn. Kitāb al-tašbīhāt, p. 347; al-Ŷurŷānī. Asrār al-balāga, p. 114.</p>
        <p>[52]. Se le cita en la biografía de al-Ṣaffār, de quien hablaremos infra; vid. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, p. 347.</p>
        <p>[53]. Así parece por la inscripción de su lauda sepulcral que se ha conservado, según refiere el editor del Unmūḏaŷ al-zamān de Ibn Rašīq, p. 269.</p>
        <p>[54]. “Su poesía, que es buena y de buen estilo literario, en su mayoría de temática laudatoria, está recogida en un diván”; vid. al-Qifṭī. Al-Muḥammadūn min al-šu‘arā’, p. 158, nº 80.</p>
        <p>[55]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 99, pp. 447-349.</p>
        <p>[56]. Estos cinco versos, que están en el Unmūḏaŷ, p. 349, no han sido recogidos por el recopilador y editor del Dīwān de Ibn Rašīq.</p>
        <p>[57]. Nombre de un camello famoso de Nu‘mān Ibn al-Munḏir, último rey Lajmí de Hira; vid. Kazimirski. Dictionaire arabe-français, vol. I, pp. 1205-1206.</p>
        <p>[58]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 2, pp. 49-52 y 347.</p>
        <p>[59]. Idem, nº 46, pp. 180-183 y 347.</p>
        <p>[60]. Idem, nº 9, pp. 75-76; Dīwān, p. 165.</p>
        <p>[61]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 83, pp. 301-302; Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, p. 788 nota 94.</p>
        <p>[62]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 79, pp. 285-288, 121 y 203.</p>
        <p>[63]. Idem, nº 54, pp. 208-211 y 121; Ibn Bassām. Ḏajīra, vol. IV-2, p. 595.</p>
        <p>[64]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 28, pp. 121-124, 121; Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, p. 778, nota 41.</p>
        <p>[65]. Ocurrió en el patriarcado del papa Cristódulos, 66º sucesor de San Marcos, conocido también por el nombre árabe de ‘Abd al-Masīḥ, que rigió la iglesia de Alejandría durante treinta años (1047-1077). Sobre él vid. Labib. “Christodoulus, sixty-sixth patriarch of the See of Saint Mark (1047-1077)”, vol. II, pp. 544-547.</p>
        <p>[66]. Sólo se le cita por su nombre de pila en el poema nº X del Apéndice.</p>
        <p>[67]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, p. 192.</p>
        <p>[68]. Idem, p. 193.</p>
        <p>[69]. Idem, p. 194.</p>
        <p>[70]. Dozy. Supplément aux dictionnaires arabes, vol. II, p. 124b, donde se documentan otras formas de esta palabra, pero no ésta.</p>
        <p>[71]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, p. 194.</p>
        <p>[72]. La Enciclopedia Copta cita hasta 41 iglesias en Alejandría, sin contar otras muchas que fueron destruidas en diferentes épocas; vid. Atiya (ed.). The Coptic Encyclopaedia, vol. I, pp. 92-95.</p>
        <p>[73]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, p. 193.</p>
        <p>[74]. Ibidem.</p>
        <p>[75]. Idem, p. 192.</p>
        <p>[76]. Idem, p. 195.</p>
        <p>[77]. Como ya se ha visto, es usual en la poesía árabe comparar a las Pléyades, conocidas popularmente como las Cabrillas, con la palma de la mano, en razón a que en esta constelación se pueden ver a simple vista cinco estrellas.</p>
        <p>[78]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, p. 194.</p>
        <p>[79]. Ibn al-Gazzī. Dīwān al-Islām, vol. IV, p. 155, nº 1873.</p>
        <p>[80]. Ibidem.</p>
        <p>[81]. Ibn Sa‘īd al-Magribī. Al-Murqiṣāt wa-l-muṭribāt, p. 82.</p>
        <p>[82]. Al-Ziriklī. Al-A‘lām, vol. IV, p. 185.</p>
        <p>[83]. Así lo dice Ibn al-Gazzī. Dīwān al-Islām, vol. IV, nº 1873, p. 155, que lo llama erróneamente ‘Abd al-Raḥmān.</p>
        <p>[84]. Lirola Delgado. “Ibn Šaraf al-Qayrawānī”, vol. 5, nº 1120, pp. 247-255.</p>
        <p>[85]. Damaj. “Al-Ḥuṣrī, Abū l-Ḥasan”, vol. I, nº 163, pp. 464-466.</p>
        <p>[86]. Después de lo visto en este artículo, no puedo estar de acuerdo con la afirmación que hace Būdīsa Būlnawār, en su ya citada Mémoire de Magistère, p. 108, donde dice que la mayoría de estos poetas se limitaban a seguir una tradición literaria.</p>
        <p>[87]. Los textos están tomados de la edición del Unmudaŷ que manejamos, aunque han sido vocalizados y clasificados según el orden en que se citan.</p>
        <p>[88]. En este verso se incluye un conocido refrán que dice “el mundo es cambiante” (الدنيا دول), al cual se alude también en el 2º verso de la famosa elegía por las ciudades de al-Andalus de Abū l-Baqā’ de Ronda; vid. al-Maqqarī. Nafḥ al-ṭīb</p>
      </div>
    </body>
    <back>
      <div type="notes">
        <note n="">[1]* Por una feliz coincidencia, este artículo se concluyó el día 25 de abril de 2019 en que se celebra la festividad del glorioso evangelista San Marcos, discípulo de San Pedro y patrón de la Iglesia de Alejandría. Sin embargo, algunas circunstancias adversas han hecho que el mismo haya quedado inédito hasta ahora, lo que al mismo tiempo ha permitido su revisión.Antes de comenzar, quiero dar públicamente las gracias a mi buen amigo, el Prof. Andreas Herdt, de la Universidad de Münster, que ha trabajado sobre los dos literatos cairuaníes Abū Isḥāq y Abū Ḥasan al-Ḥuṣrī, tío y sobrino, el cual tuvo la amabilidad de leer este trabajo y hacerme valiosas sugerencias sobre la edición y traducción de los textos.[2]. Ibn al-Jaṭīb. Kitāb al-Siḥr wa-l-ši‘r, nº 121, ed. p. 40 y trad. p. 65. Los tres versos que aquí se editan y traducen son los primeros de la elegía nº X del Apéndice de este artículo.[3]. Idem, p. 179.[4]. Ibn al-Jaṭīb. Kitāb al-Siḥr wa-l-ši‘r, p. 90.[5]. Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, p. 790, nota 106.[6]. Sin embargo, varios autores, tanto orientales como occidentales, que desconocen el origen de este nombre, de lo que trataremos infra, se refieren a él como «al-Mitqālī». Entre estos está el sirio al-Ṣafadī. Kašf al-ḥāl, p. 12, que lo llama «al-Miṯqālī l-Gazzī», de lo cual se podría deducir que nuestro autor era natural de Gaza, aunque parece más probable que esta denominación, que aparece sólo en esta fuente, sea una confusión con su apellido al-Azdī.[7]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān. En este artículo citamos siempre por la 2ª edición.[8]. Sobre este importante crítico literario vid. Véglison. “Aspectos de la crítica literaria”, pp. 297-308.[9]. Las referencias a nuestro autor en la 2ª ed. del Unmūḏaŷ, citada supra, están en el nº 49, pp. 191-195 y en las pp. 348-349. Pero advertimos que, a las fuentes utilizadas por el editor, que se citan en la nota preliminar, deben añadirse las siguientes: Ibn Manẓūr. Kitāb Niṯār al-azhār, p. 113; al-Ṣafadī. Kašf al-ḥāl, p. 12; al-Yūsī. Zahr al-akam, p. 281.[10]. La antigua ciudad de Muhammadía, fundada por los fatimíes en su campaña contra los beréberes del año 924, corresponde a la actual Masila, a medio camino entre Constantina y Argel, y a más de 600 kilómetros de Cairuán; vid. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 100, p. 350: ‘Arīḍa. Ibn Rašīq al-Qayrawānī, pp. 13-15.[11]. Ibídem, p. 20.[12]. Ibn Rašīq. Dīwān, nº 158, pp. 171-172. [13]. Sobre este tema vid. Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, pp. 775-802.[14]. De esta obra hay una edición crítica y traducción española realizada por Wayiha Kadem Altuma, que se presentó como tesis doctoral en la Universidad de Granada en 1985, la cual no parece haber sido publicada.[15]. Sobre él vid. Muranyi. “Ibn Abī Zayd al-Qayrawānī”.[16]. Sobre él vid. Ibn Abī Dīnār. Al-Mu’nis fī ajbār Ifrīqiyā wa-Tūnis, pp. 79-81; Ibn al-Jaṭīb. Kitāb A‘māl al-a‘lām, parte 3ª, pp. 51-52.[17]. Sobre él vid. Ibn Abī Dīnār. Al-Mu’nis fī ajbār Ifrīqiyā wa-Tūnis, pp. 81-85; Ibn al-Jaṭīb. Kitāb A‘māl al-a‘lām, parte 3ª, pp. 52-53.[18]. Sobre él vid. Samsó. “Ibn Abī l-Rijāl, ‘Alī”.[19]. Al-Mu‘izz Ibn Bādīs. ‘Umdat al-kuṭṭāb wa-‘uddat ḏawī l-albāb.[20]. Un estudio sobre el florecer poético en Cairuán en este tiempo puede verse en Būlnawār. Al-Jiṭāb al-ši‘rī l-magribī.[21]. Vid. Petronius, nº 9, pp. 12-13, y Petronius. Satiricón, passim, praesertim capítulos 8 y 9.[22]. Ibn Rašīq. Dīwān, nº 191, p. 198. Para comprender la ambivalencia de estos versos, téngase en cuenta que la palabra nammām significa tanto “tomillo” (Thymus vulgaris L.), como “chismoso” y “delator”; vid. Dozy. Supplément aux dictionnaires arabes, vol. II, p. 732b.[23]. Al-Ḥuṣrī. Zahr al-ādāb, vol. II, p. 827; y lo mismo dice Ibn Bassām. Ḏajīra, vol. II-2, p. 613, que copia de él.[24]. Sobre él vid. al-Isdāwī. Ši‘r Manṣūr al-faqīh, dirāsa taḥlīlīya. [25]. Este literato fue sobrino del poeta al-‘Abbās Ibn al-Aḥnaf (ob. 809) y tío-abuelo del también poeta y experto ajedrecista Abū Bakr al-Ṣūlī (ob. 946), sobre el cual vid. Ibn Jallikān. Ibn Khallikan’s Biographical Dictionary, vol. II, pp. 22-26r; al-Suli. Noticias y anécdotas de Abu Tammam, pp. 28-45.[26]. Estos versos están efectivamente recogidos en el Dīwān de Abū Isḥāq al-Ṣūlī, nº 142, p. 52, y su autoría viene confirmada por algunos de los más destacados cronistas literarios de Oriente, como al-Mas‘ūdī. Murūŷ al-ḏahab, vol. IV, pp. 25-26; al-Iṣfahānī. Kitāb al-Agānī, vol. X, p. 56; al-Ṯa‘ālabī. Taḥsīn al-qabīḥ, p. 105; así como por el cordobés Ibn ‘Abd al-Barr. Bahŷat al-maŷālis, vol. I, pp. 718-719. No obstante lo cual, han sido incluidos también en el Dīwān de Ibn Rašīq, p. 215, como si fueran obra suya. Esto podría explicarse por la forma en que se introduce la cita de al-Šarīšī. Šarḥ Maqāmāt al-Ḥarīrī, donde se dice: « وقال منصور بن إسماعيل التميمي الفقيه : قال ابن رشيق »En buena lógica este texto se interpretaría como que el alfaquí egipcio Manṣūr Ibn Ismā‘īl al-Tamīmī, refiere una cita de Ibn Rašīq, pero ello no es posible por razón de cronología. Así que la interpretación correcta ha de ser así: “Dijo el alfaquí Manṣūr Ibn Ismā‘īl al-Tamīmī, según refiere Ibn Rašīq”; vid. al-Šarīšī. Šarḥ Maqāmāt al-Ḥarīrī, vol. II, p. 52.[27]. Se trata del poeta satírico Abū l-Ḥasan ‘Alī Ibn al-Ḥasan al-Laḥḥām al-Ḥarrānī, que vivió en el siglo XI y desarrolló su actividad literaria en las ciudades de Bukhara, Nishapur y Bagdad, donde finalmente murió; vid. al-Ṯa‘ālabī. Yatīmat al-dahr, vol. IV, nº 31, p. 116-132, que recoge un buen número de sus poemas.[28]. Así aparece v. gr. en al-Maqqarī. Nafḥ al-ṭīb, vol. III, p. 224; vid. también López y López. “Al-Šaqundī, Abū l-Walīd”, nº 1701, p. 296. Para paliar en parte la procacidad del texto, he cambiado la traducción del último verso, que allí era más descarada.[29]. Ribera. La música árabe, pp. 132-133; Comes. “Ibn Abī l-Ṣalt al-Dānī, Umayya”, nº 238, pp. 722-728.[30]. Vid. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 1, pp. 45-49.[31]. Sobre él vid. Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, pp. 780-781, 795; Herdt. “Al-Ḥuṣrī, Abū Isḥāq”. No hay que confundir a este personaje con el también poeta Abū l-Ḥasan ‘Alī Ibn ‘Abd al-Gānī l-Ḥuṣrī (1029-1095), sobrino suyo por parte de madre (aunque en alguna fuente se dice que era primo materno, lo cual es menos probable por razón de cronología), que vivió en al-Andalus y es autor de la famosa casida que comienza (يا ليل الصبّ), la cual se ha popularizado en la voz de la cantante libanesa Fayruz. Sobre él vid. Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, p. 792 nota 130; Herdt. “Al-Ḥuṣrī l-Ḍarīr”.[32]. Ibn Bassām. Ḏajīra, vol. IV-2, pp. 595-597. Esta anécdota debe de estar rehecha por el relator al-‘Atikī con recuerdos inconexos, pues según refiere el mismo al-Ḥuṣrī, en su obra Nūr al-ṭarf, p. 8, el autor de estos versos es al-Šarīf al-‘Uqaylī, un poeta egipcio del que no hay noticia de que haya vivido en Cairuán.[33]. Según se verá después, estos versos se atribuyen también al poeta Abū Bakr al-Warrāq al-Tamīmī.[34]. Sobre este poeta vid. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 67, pp. 121, 203 y 247-248.[35]. Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, pp. 789 (nota 102).[36]. Sobre él vid. Ibn al-Jaṭīb. Kitāb A‘māl al-a‘lām, parte 3ª, p. 90.[37]. Sobre él vid. Velázquez Basanta. “Ibn Rašīq, ‘Abd Allāh”, vol. IV, nº 982, pp. 445-446.[38]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 35, pp. 146-148 y 349. [39]. Idem, nº 53, pp. 204-207, 335-336 y 347; Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, p. 790 nota 108; Būlnawār. Al-Jiṭāb al-ši‘rī l-magribī, pp. 95-96. [40]. Vid. supra la anécdota del famoso poeta Abū Isḥāq al-Ḥuṣrī (ob. 453/1061), citada por Ibn Bassām, donde se incluyen estos mismos versos. [41]. Sobre él vid. Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, p. 785 nota 75.[42]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 73, pp. 266-269.[43]. Idem, p. 268.[44]. El poeta contrapone la palabra julf, que es “falsa promesa”, con el nombre propio Jalaf.[45]. Y aquí contrapone el adjetivo furŷ, que significa “indiscreto”, con el nombre propio Faraŷ.[46]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, p. 193.[47]. Idem, pp. 194-195.[48]. La palabra miṯqāl ha dado en español los arabismos mizcal y metical, sobre lo cual vid. Corriente. Diccionario de arabismos, p. 390.[49]. Sobre él vid. Ibn Jallikān. Ibn Khallikan’s Biographical Dictionary, vol. II, pp. 297-301.[50]. Sobre este otro Miṯqāl, vid. al-Ṣafadī. Al-Wāfī bi-l-wafayāt, nº 2296, vol. V, p. 145; al-‘Amīdī. Al-Ibāna ‘an sariqāt al-Mutanabbī, p. 191. Pero adviértase que algunos editores han confundido a nuestro poeta con el vate iraquí, así v. gr. al-Marzubānī. Mu‘ŷam al-šu‘arā’, nº 880, pp. 467-468; al-Bājarzī. Dumyat al-qaṣr, vol. II, pp. 1208-1209. Véase otra referencia a él en al-Suli. Noticias y anécdotas de Abū Tammām, pp. 203-204.[51]. Ibn Abī ‘Awn. Kitāb al-tašbīhāt, p. 347; al-Ŷurŷānī. Asrār al-balāga, p. 114.[52]. Se le cita en la biografía de al-Ṣaffār, de quien hablaremos infra; vid. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, p. 347.[53]. Así parece por la inscripción de su lauda sepulcral que se ha conservado, según refiere el editor del Unmūḏaŷ al-zamān de Ibn Rašīq, p. 269. [54]. “Su poesía, que es buena y de buen estilo literario, en su mayoría de temática laudatoria, está recogida en un diván”; vid. al-Qifṭī. Al-Muḥammadūn min al-šu‘arā’, p. 158, nº 80. [55]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 99, pp. 447-349.[56]. Estos cinco versos, que están en el Unmūḏaŷ, p. 349, no han sido recogidos por el recopilador y editor del Dīwān de Ibn Rašīq.[57]. Nombre de un camello famoso de Nu‘mān Ibn al-Munḏir, último rey Lajmí de Hira; vid. Kazimirski. Dictionaire arabe-français, vol. I, pp. 1205-1206.[58]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 2, pp. 49-52 y 347. [59]. Idem, nº 46, pp. 180-183 y 347. [60]. Idem, nº 9, pp. 75-76; Dīwān, p. 165. [61]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 83, pp. 301-302; Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, p. 788 nota 94.[62]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 79, pp. 285-288, 121 y 203.[63]. Idem, nº 54, pp. 208-211 y 121; Ibn Bassām. Ḏajīra, vol. IV-2, p. 595.[64]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 28, pp. 121-124, 121; Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, p. 778, nota 41.[65]. Ocurrió en el patriarcado del papa Cristódulos, 66º sucesor de San Marcos, conocido también por el nombre árabe de ‘Abd al-Masīḥ, que rigió la iglesia de Alejandría durante treinta años (1047-1077). Sobre él vid. Labib. “Christodoulus, sixty-sixth patriarch of the See of Saint Mark (1047-1077)”, vol. II, pp. 544-547.[66]. Sólo se le cita por su nombre de pila en el poema nº X del Apéndice.[67]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, p. 192. [68]. Idem, p. 193. [69]. Idem, p. 194. [70]. Dozy. Supplément aux dictionnaires arabes, vol. II, p. 124b, donde se documentan otras formas de esta palabra, pero no ésta. [71]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, p. 194. [72]. La Enciclopedia Copta cita hasta 41 iglesias en Alejandría, sin contar otras muchas que fueron destruidas en diferentes épocas; vid. Atiya (ed.). The Coptic Encyclopaedia, vol. I, pp. 92-95.[73]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, p. 193. [74]. Ibidem. [75]. Idem, p. 192. [76]. Idem, p. 195. [77]. Como ya se ha visto, es usual en la poesía árabe comparar a las Pléyades, conocidas popularmente como las Cabrillas, con la palma de la mano, en razón a que en esta constelación se pueden ver a simple vista cinco estrellas. [78]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, p. 194. [79]. Ibn al-Gazzī. Dīwān al-Islām, vol. IV, p. 155, nº 1873.[80]. Ibidem.[81]. Ibn Sa‘īd al-Magribī. Al-Murqiṣāt wa-l-muṭribāt, p. 82.[82]. Al-Ziriklī. Al-A‘lām, vol. IV, p. 185.[83]. Así lo dice Ibn al-Gazzī. Dīwān al-Islām, vol. IV, nº 1873, p. 155, que lo llama erróneamente ‘Abd al-Raḥmān.[84]. Lirola Delgado. “Ibn Šaraf al-Qayrawānī”, vol. 5, nº 1120, pp. 247-255.[85]. Damaj. “Al-Ḥuṣrī, Abū l-Ḥasan”, vol. I, nº 163, pp. 464-466.[86]. Después de lo visto en este artículo, no puedo estar de acuerdo con la afirmación que hace Būdīsa Būlnawār, en su ya citada Mémoire de Magistère, p. 108, donde dice que la mayoría de estos poetas se limitaban a seguir una tradición literaria.[87]. Los textos están tomados de la edición del Unmudaŷ que manejamos, aunque han sido vocalizados y clasificados según el orden en que se citan.[88]. En este verso se incluye un conocido refrán que dice “el mundo es cambiante” (الدنيا دول), al cual se alude también en el 2º verso de la famosa elegía por las ciudades de al-Andalus de Abū l-Baqā’ de Ronda; vid. al-Maqqarī. Nafḥ al-ṭīb</note>
        <note n="1">[1]* Por una feliz coincidencia, este artículo se concluyó el día 25 de abril de 2019 en que se celebra la festividad del glorioso evangelista San Marcos, discípulo de San Pedro y patrón de la Iglesia de Alejandría. Sin embargo, algunas circunstancias adversas han hecho que el mismo haya quedado inédito hasta ahora, lo que al mismo tiempo ha permitido su revisión.Antes de comenzar, quiero dar públicamente las gracias a mi buen amigo, el Prof. Andreas Herdt, de la Universidad de Münster, que ha trabajado sobre los dos literatos cairuaníes Abū Isḥāq y Abū Ḥasan al-Ḥuṣrī, tío y sobrino, el cual tuvo la amabilidad de leer este trabajo y hacerme valiosas sugerencias sobre la edición y traducción de los textos.</note>
        <note n="2">[2]. Ibn al-Jaṭīb. Kitāb al-Siḥr wa-l-ši‘r, nº 121, ed. p. 40 y trad. p. 65. Los tres versos que aquí se editan y traducen son los primeros de la elegía nº X del Apéndice de este artículo.</note>
        <note n="3">[3]. Idem, p. 179.</note>
        <note n="4">[4]. Ibn al-Jaṭīb. Kitāb al-Siḥr wa-l-ši‘r, p. 90.</note>
        <note n="5">[5]. Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, p. 790, nota 106.</note>
        <note n="6">[6]. Sin embargo, varios autores, tanto orientales como occidentales, que desconocen el origen de este nombre, de lo que trataremos infra, se refieren a él como «al-Mitqālī». Entre estos está el sirio al-Ṣafadī. Kašf al-ḥāl, p. 12, que lo llama «al-Miṯqālī l-Gazzī», de lo cual se podría deducir que nuestro autor era natural de Gaza, aunque parece más probable que esta denominación, que aparece sólo en esta fuente, sea una confusión con su apellido al-Azdī.</note>
        <note n="7">[7]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān. En este artículo citamos siempre por la 2ª edición.</note>
        <note n="8">[8]. Sobre este importante crítico literario vid. Véglison. “Aspectos de la crítica literaria”, pp. 297-308.</note>
        <note n="9">[9]. Las referencias a nuestro autor en la 2ª ed. del Unmūḏaŷ, citada supra, están en el nº 49, pp. 191-195 y en las pp. 348-349. Pero advertimos que, a las fuentes utilizadas por el editor, que se citan en la nota preliminar, deben añadirse las siguientes: Ibn Manẓūr. Kitāb Niṯār al-azhār, p. 113; al-Ṣafadī. Kašf al-ḥāl, p. 12; al-Yūsī. Zahr al-akam, p. 281.</note>
        <note n="10">[10]. La antigua ciudad de Muhammadía, fundada por los fatimíes en su campaña contra los beréberes del año 924, corresponde a la actual Masila, a medio camino entre Constantina y Argel, y a más de 600 kilómetros de Cairuán; vid. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 100, p. 350: ‘Arīḍa. Ibn Rašīq al-Qayrawānī, pp. 13-15.</note>
        <note n="11">[11]. Ibídem, p. 20.</note>
        <note n="12">[12]. Ibn Rašīq. Dīwān, nº 158, pp. 171-172.</note>
        <note n="13">[13]. Sobre este tema vid. Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, pp. 775-802.</note>
        <note n="14">[14]. De esta obra hay una edición crítica y traducción española realizada por Wayiha Kadem Altuma, que se presentó como tesis doctoral en la Universidad de Granada en 1985, la cual no parece haber sido publicada.</note>
        <note n="15">[15]. Sobre él vid. Muranyi. “Ibn Abī Zayd al-Qayrawānī”.</note>
        <note n="16">[16]. Sobre él vid. Ibn Abī Dīnār. Al-Mu’nis fī ajbār Ifrīqiyā wa-Tūnis, pp. 79-81; Ibn al-Jaṭīb. Kitāb A‘māl al-a‘lām, parte 3ª, pp. 51-52.</note>
        <note n="17">[17]. Sobre él vid. Ibn Abī Dīnār. Al-Mu’nis fī ajbār Ifrīqiyā wa-Tūnis, pp. 81-85; Ibn al-Jaṭīb. Kitāb A‘māl al-a‘lām, parte 3ª, pp. 52-53.</note>
        <note n="18">[18]. Sobre él vid. Samsó. “Ibn Abī l-Rijāl, ‘Alī”.</note>
        <note n="19">[19]. Al-Mu‘izz Ibn Bādīs. ‘Umdat al-kuṭṭāb wa-‘uddat ḏawī l-albāb.</note>
        <note n="20">[20]. Un estudio sobre el florecer poético en Cairuán en este tiempo puede verse en Būlnawār. Al-Jiṭāb al-ši‘rī l-magribī.</note>
        <note n="21">[21]. Vid. Petronius, nº 9, pp. 12-13, y Petronius. Satiricón, passim, praesertim capítulos 8 y 9.</note>
        <note n="22">[22]. Ibn Rašīq. Dīwān, nº 191, p. 198. Para comprender la ambivalencia de estos versos, téngase en cuenta que la palabra nammām significa tanto “tomillo” (Thymus vulgaris L.), como “chismoso” y “delator”; vid. Dozy. Supplément aux dictionnaires arabes, vol. II, p. 732b.</note>
        <note n="23">[23]. Al-Ḥuṣrī. Zahr al-ādāb, vol. II, p. 827; y lo mismo dice Ibn Bassām. Ḏajīra, vol. II-2, p. 613, que copia de él.</note>
        <note n="24">[24]. Sobre él vid. al-Isdāwī. Ši‘r Manṣūr al-faqīh, dirāsa taḥlīlīya.</note>
        <note n="25">[25]. Este literato fue sobrino del poeta al-‘Abbās Ibn al-Aḥnaf (ob. 809) y tío-abuelo del también poeta y experto ajedrecista Abū Bakr al-Ṣūlī (ob. 946), sobre el cual vid. Ibn Jallikān. Ibn Khallikan’s Biographical Dictionary, vol. II, pp. 22-26r; al-Suli. Noticias y anécdotas de Abu Tammam, pp. 28-45.</note>
        <note n="26">[26]. Estos versos están efectivamente recogidos en el Dīwān de Abū Isḥāq al-Ṣūlī, nº 142, p. 52, y su autoría viene confirmada por algunos de los más destacados cronistas literarios de Oriente, como al-Mas‘ūdī. Murūŷ al-ḏahab, vol. IV, pp. 25-26; al-Iṣfahānī. Kitāb al-Agānī, vol. X, p. 56; al-Ṯa‘ālabī. Taḥsīn al-qabīḥ, p. 105; así como por el cordobés Ibn ‘Abd al-Barr. Bahŷat al-maŷālis, vol. I, pp. 718-719. No obstante lo cual, han sido incluidos también en el Dīwān de Ibn Rašīq, p. 215, como si fueran obra suya. Esto podría explicarse por la forma en que se introduce la cita de al-Šarīšī. Šarḥ Maqāmāt al-Ḥarīrī, donde se dice: « وقال منصور بن إسماعيل التميمي الفقيه : قال ابن رشيق »En buena lógica este texto se interpretaría como que el alfaquí egipcio Manṣūr Ibn Ismā‘īl al-Tamīmī, refiere una cita de Ibn Rašīq, pero ello no es posible por razón de cronología. Así que la interpretación correcta ha de ser así: “Dijo el alfaquí Manṣūr Ibn Ismā‘īl al-Tamīmī, según refiere Ibn Rašīq”; vid. al-Šarīšī. Šarḥ Maqāmāt al-Ḥarīrī, vol. II, p. 52.</note>
        <note n="27">[27]. Se trata del poeta satírico Abū l-Ḥasan ‘Alī Ibn al-Ḥasan al-Laḥḥām al-Ḥarrānī, que vivió en el siglo XI y desarrolló su actividad literaria en las ciudades de Bukhara, Nishapur y Bagdad, donde finalmente murió; vid. al-Ṯa‘ālabī. Yatīmat al-dahr, vol. IV, nº 31, p. 116-132, que recoge un buen número de sus poemas.</note>
        <note n="28">[28]. Así aparece v. gr. en al-Maqqarī. Nafḥ al-ṭīb, vol. III, p. 224; vid. también López y López. “Al-Šaqundī, Abū l-Walīd”, nº 1701, p. 296. Para paliar en parte la procacidad del texto, he cambiado la traducción del último verso, que allí era más descarada.</note>
        <note n="29">[29]. Ribera. La música árabe, pp. 132-133; Comes. “Ibn Abī l-Ṣalt al-Dānī, Umayya”, nº 238, pp. 722-728.</note>
        <note n="30">[30]. Vid. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 1, pp. 45-49.</note>
        <note n="31">[31]. Sobre él vid. Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, pp. 780-781, 795; Herdt. “Al-Ḥuṣrī, Abū Isḥāq”. No hay que confundir a este personaje con el también poeta Abū l-Ḥasan ‘Alī Ibn ‘Abd al-Gānī l-Ḥuṣrī (1029-1095), sobrino suyo por parte de madre (aunque en alguna fuente se dice que era primo materno, lo cual es menos probable por razón de cronología), que vivió en al-Andalus y es autor de la famosa casida que comienza (يا ليل الصبّ), la cual se ha popularizado en la voz de la cantante libanesa Fayruz. Sobre él vid. Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, p. 792 nota 130; Herdt. “Al-Ḥuṣrī l-Ḍarīr”.</note>
        <note n="32">[32]. Ibn Bassām. Ḏajīra, vol. IV-2, pp. 595-597. Esta anécdota debe de estar rehecha por el relator al-‘Atikī con recuerdos inconexos, pues según refiere el mismo al-Ḥuṣrī, en su obra Nūr al-ṭarf, p. 8, el autor de estos versos es al-Šarīf al-‘Uqaylī, un poeta egipcio del que no hay noticia de que haya vivido en Cairuán.</note>
        <note n="33">[33]. Según se verá después, estos versos se atribuyen también al poeta Abū Bakr al-Warrāq al-Tamīmī.</note>
        <note n="34">[34]. Sobre este poeta vid. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 67, pp. 121, 203 y 247-248.</note>
        <note n="35">[35]. Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, pp. 789 (nota 102).</note>
        <note n="36">[36]. Sobre él vid. Ibn al-Jaṭīb. Kitāb A‘māl al-a‘lām, parte 3ª, p. 90.</note>
        <note n="37">[37]. Sobre él vid. Velázquez Basanta. “Ibn Rašīq, ‘Abd Allāh”, vol. IV, nº 982, pp. 445-446.</note>
        <note n="38">[38]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 35, pp. 146-148 y 349.</note>
        <note n="39">[39]. Idem, nº 53, pp. 204-207, 335-336 y 347; Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, p. 790 nota 108; Būlnawār. Al-Jiṭāb al-ši‘rī l-magribī, pp. 95-96.</note>
        <note n="40">[40]. Vid. supra la anécdota del famoso poeta Abū Isḥāq al-Ḥuṣrī (ob. 453/1061), citada por Ibn Bassām, donde se incluyen estos mismos versos.</note>
        <note n="41">[41]. Sobre él vid. Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, p. 785 nota 75.</note>
        <note n="42">[42]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 73, pp. 266-269.</note>
        <note n="43">[43]. Idem, p. 268.</note>
        <note n="44">[44]. El poeta contrapone la palabra julf, que es “falsa promesa”, con el nombre propio Jalaf.</note>
        <note n="45">[45]. Y aquí contrapone el adjetivo furŷ, que significa “indiscreto”, con el nombre propio Faraŷ.</note>
        <note n="46">[46]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, p. 193.</note>
        <note n="47">[47]. Idem, pp. 194-195.</note>
        <note n="48">[48]. La palabra miṯqāl ha dado en español los arabismos mizcal y metical, sobre lo cual vid. Corriente. Diccionario de arabismos, p. 390.</note>
        <note n="49">[49]. Sobre él vid. Ibn Jallikān. Ibn Khallikan’s Biographical Dictionary, vol. II, pp. 297-301.</note>
        <note n="50">[50]. Sobre este otro Miṯqāl, vid. al-Ṣafadī. Al-Wāfī bi-l-wafayāt, nº 2296, vol. V, p. 145; al-‘Amīdī. Al-Ibāna ‘an sariqāt al-Mutanabbī, p. 191. Pero adviértase que algunos editores han confundido a nuestro poeta con el vate iraquí, así v. gr. al-Marzubānī. Mu‘ŷam al-šu‘arā’, nº 880, pp. 467-468; al-Bājarzī. Dumyat al-qaṣr, vol. II, pp. 1208-1209. Véase otra referencia a él en al-Suli. Noticias y anécdotas de Abū Tammām, pp. 203-204.</note>
        <note n="51">[51]. Ibn Abī ‘Awn. Kitāb al-tašbīhāt, p. 347; al-Ŷurŷānī. Asrār al-balāga, p. 114.</note>
        <note n="52">[52]. Se le cita en la biografía de al-Ṣaffār, de quien hablaremos infra; vid. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, p. 347.</note>
        <note n="53">[53]. Así parece por la inscripción de su lauda sepulcral que se ha conservado, según refiere el editor del Unmūḏaŷ al-zamān de Ibn Rašīq, p. 269.</note>
        <note n="54">[54]. “Su poesía, que es buena y de buen estilo literario, en su mayoría de temática laudatoria, está recogida en un diván”; vid. al-Qifṭī. Al-Muḥammadūn min al-šu‘arā’, p. 158, nº 80.</note>
        <note n="55">[55]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 99, pp. 447-349.</note>
        <note n="56">[56]. Estos cinco versos, que están en el Unmūḏaŷ, p. 349, no han sido recogidos por el recopilador y editor del Dīwān de Ibn Rašīq.</note>
        <note n="57">[57]. Nombre de un camello famoso de Nu‘mān Ibn al-Munḏir, último rey Lajmí de Hira; vid. Kazimirski. Dictionaire arabe-français, vol. I, pp. 1205-1206.</note>
        <note n="58">[58]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 2, pp. 49-52 y 347.</note>
        <note n="59">[59]. Idem, nº 46, pp. 180-183 y 347.</note>
        <note n="60">[60]. Idem, nº 9, pp. 75-76; Dīwān, p. 165.</note>
        <note n="61">[61]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 83, pp. 301-302; Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, p. 788 nota 94.</note>
        <note n="62">[62]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 79, pp. 285-288, 121 y 203.</note>
        <note n="63">[63]. Idem, nº 54, pp. 208-211 y 121; Ibn Bassām. Ḏajīra, vol. IV-2, p. 595.</note>
        <note n="64">[64]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, nº 28, pp. 121-124, 121; Idris. La Berbérie orientale sous les Zirides, vol. II, p. 778, nota 41.</note>
        <note n="65">[65]. Ocurrió en el patriarcado del papa Cristódulos, 66º sucesor de San Marcos, conocido también por el nombre árabe de ‘Abd al-Masīḥ, que rigió la iglesia de Alejandría durante treinta años (1047-1077). Sobre él vid. Labib. “Christodoulus, sixty-sixth patriarch of the See of Saint Mark (1047-1077)”, vol. II, pp. 544-547.</note>
        <note n="66">[66]. Sólo se le cita por su nombre de pila en el poema nº X del Apéndice.</note>
        <note n="67">[67]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, p. 192.</note>
        <note n="68">[68]. Idem, p. 193.</note>
        <note n="69">[69]. Idem, p. 194.</note>
        <note n="70">[70]. Dozy. Supplément aux dictionnaires arabes, vol. II, p. 124b, donde se documentan otras formas de esta palabra, pero no ésta.</note>
        <note n="71">[71]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, p. 194.</note>
        <note n="72">[72]. La Enciclopedia Copta cita hasta 41 iglesias en Alejandría, sin contar otras muchas que fueron destruidas en diferentes épocas; vid. Atiya (ed.). The Coptic Encyclopaedia, vol. I, pp. 92-95.</note>
        <note n="73">[73]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, p. 193.</note>
        <note n="74">[74]. Ibidem.</note>
        <note n="75">[75]. Idem, p. 192.</note>
        <note n="76">[76]. Idem, p. 195.</note>
        <note n="77">[77]. Como ya se ha visto, es usual en la poesía árabe comparar a las Pléyades, conocidas popularmente como las Cabrillas, con la palma de la mano, en razón a que en esta constelación se pueden ver a simple vista cinco estrellas.</note>
        <note n="78">[78]. Ibn Rašīq. Unmūḏaŷ al-zamān, p. 194.</note>
        <note n="79">[79]. Ibn al-Gazzī. Dīwān al-Islām, vol. IV, p. 155, nº 1873.</note>
        <note n="80">[80]. Ibidem.</note>
        <note n="81">[81]. Ibn Sa‘īd al-Magribī. Al-Murqiṣāt wa-l-muṭribāt, p. 82.</note>
        <note n="82">[82]. Al-Ziriklī. Al-A‘lām, vol. IV, p. 185.</note>
        <note n="83">[83]. Así lo dice Ibn al-Gazzī. Dīwān al-Islām, vol. IV, nº 1873, p. 155, que lo llama erróneamente ‘Abd al-Raḥmān.</note>
        <note n="84">[84]. Lirola Delgado. “Ibn Šaraf al-Qayrawānī”, vol. 5, nº 1120, pp. 247-255.</note>
        <note n="85">[85]. Damaj. “Al-Ḥuṣrī, Abū l-Ḥasan”, vol. I, nº 163, pp. 464-466.</note>
        <note n="86">[86]. Después de lo visto en este artículo, no puedo estar de acuerdo con la afirmación que hace Būdīsa Būlnawār, en su ya citada Mémoire de Magistère, p. 108, donde dice que la mayoría de estos poetas se limitaban a seguir una tradición literaria.</note>
        <note n="87">[87]. Los textos están tomados de la edición del Unmudaŷ que manejamos, aunque han sido vocalizados y clasificados según el orden en que se citan.</note>
        <note n="88">[88]. En este verso se incluye un conocido refrán que dice “el mundo es cambiante” (الدنيا دول), al cual se alude también en el 2º verso de la famosa elegía por las ciudades de al-Andalus de Abū l-Baqā’ de Ronda; vid. al-Maqqarī. Nafḥ al-ṭīb</note>
      </div>
    </back>
  </text>
</TEI>
