Alteridad
y rasgos de lo femenino en el personaje Mawa. Revista
Jungla (Editorial Zig-Zag, 1967-1972)
Alterity and Feminine Traits in the Character of Mawa:
Jungla Magazine (Zig-Zag Publishing, 1967-1972)
Paola Melina Rapimán
Risco
Universidad Andrés Bello
p.rapimanrisco@uandresbello.edu
https://orcid.org/0009-0003-5931-3722
Recibido: 23/01/2025
Aceptado: 18/04/2025
https://doi.org/10.30827/impossibilia.292024.32648
Resumen
El
presente artículo examina las construcciones de alteridad presentes en las
historietas de Mawa, personaje emblemático de la
editorial chilena Zig-Zag, con guiones de Juan
Marino. A partir del análisis del corpus publicado entre 1967 y 1972 en la revista
Jungla, se explora críticamente la representación de lo femenino en un
contexto narrativo tradicionalmente dominado por protagonistas masculinos. La
investigación revela cómo el personaje de Mawa
transgrede las convenciones de género al habitar y dominar el espacio
selvático, tradicionalmente concebido como territorio exclusivo para el
despliegue de atributos masculinos. Este estudio contribuye a la comprensión de
las dinámicas de género en la historieta latinoamericana del siglo XX,
destacando la significativa ruptura que representa Mawa
en el imaginario cultural chileno de la época y su aporte a la reconfiguración
de los roles femeninos en la narrativa gráfica.
Palabras
clave: Historieta chilena, Alteridad femenina, Juan Marino, Revista Jungla,
Representación amazónica, Narrativa selvática.
Abstract
This article examines the constructions of otherness
present in the comic strip Mawa, an emblematic character from the Chilean
publishing house Zig-Zag, with scripts by Juan Marino.
Based on an analysis of the corpus published between 1967 and 1972 in the
magazine Jungla, the author critically
explores the representation of femininity in a narrative context traditionally
dominated by male protagonists. The research reveals how the character of Mawa
transgresses gender conventions by inhabiting and dominating the jungle space,
traditionally conceived as an exclusive territory for the display of masculine
attributes. This study contributes to the understanding of gender dynamics in
20th-century Latin American comics, highlighting the significant rupture that
Mawa represents in the Chilean cultural imaginary of the time and her
contribution to the reconfiguration of female roles in graphic narrative.
Keywords: Chilean Comic, Female Otherness, Juan
Marino, Jungla Magazine, Amazonian Representation,
Jungle Narrative.
Introducción
El
personaje de Mawa, la enigmática sacerdotisa de la
Silla del Diablo, emerge a finales de la década de 1960 en las páginas de la
revista chilena Jungla como protagonista de una fascinante historieta de
aventuras. Esta creación, concebida por el talentoso guionista Juan Marino
(reconocido por obras emblemáticas como El Siniestro Dr. Mortis, El
Jinete Fantasma y Legión Blanca) y plasmada gráficamente por un
equipo de destacados dibujantes, entre los que sobresale el icónico Juan
Francisco Jara, representa uno de los aportes más significativos a la narrativa
gráfica latinoamericana de la época.
La publicación de Jungla atravesó distintas etapas
editoriales: inicialmente bajo el sello de editorial Zig-Zag,
posteriormente durante un breve período en la editorial Quimantú
y, finalmente, culminando su trayectoria en la Editorial Gabriela Mistral. Si
bien la narrativa mantiene como hilo conductor las aventuras de Mawa en el Matto Grosso y la
India, su profunda conexión con la naturaleza y sus complejas interacciones
tanto con comunidades indígenas como con forasteros, así como la estructura
episódica permiten abordar cada entrega como una historia autoconclusiva
ambientada en la exuberante selva amazónica.
Un elemento fundamental en la trama es la problematización
del concepto de “extranjero” (Fremdling en
alemán o foreigner en inglés), entendido no
solo como el sujeto proveniente de territorios ajenos, sino como aquel cuya
presencia encarna una alteridad radical frente a las comunidades originarias y
ecosistemas selváticos. Esta noción de extranjería trasciende lo meramente
geográfico para abarcar dimensiones culturales, éticas y ontológicas,
cuestionando las relaciones de poder que se establecen cuando el “otro” occidental
irrumpe en territorios considerados periféricos.
La narrativa entreteje magistralmente esta reflexión sobre
la extranjería con preocupaciones medioambientales adelantadas a su época,
explorando las dinámicas interpersonales entre personajes masculinos y,
especialmente, examinando cómo estos elementos configuran y son reconfigurados
por la presencia de una protagonista femenina tan misteriosa como
independiente: Mawa, cuya identidad desafía las
convenciones de género predominantes en la historieta latinoamericana de aquel
período.
Esta historieta se centra en un personaje femenino, una
mujer de pelo oscuro, cuyos orígenes se desconocen (la única pista que tenemos
es que ella está en posesión de un Kriss, un tipo de
cuchillo que proviene de la India) y que fue criada desde pequeña por un
sacerdote llamado Lolotó, guardián de la Silla del
Diablo, una montaña ubicada en medio de la selva. El Gran Lolotó
será el mentor de Mawa y ella se convertirá también
en cuidadora de este lugar lleno de misterios, espacio que está intrínsecamente
relacionado con la naturaleza y que aparece como un ente mágico que posee
agencia y es capaz de manifestarse por cuenta propia. La naturaleza posee un
lenguaje que Mawa puede leer y descifrar.
Mawa
aparece por primera vez en la revista Jungla a petición de la editora y
escritora Elisa Serrano (también conocida como Elisa Serrana) de la editorial Zig-Zag, quien contacta a Juan Marino para que escriba los
guiones del personaje para la revista Jungla. En el primer número de la
publicación aparecen dos historias sobre el Mato Grosso: una es la de Elundí, un chico mestizo hijo de padre caucásico y madre
indígena, que vive constantes aventuras en las que debe salvar a su comunidad
de los extranjeros. La otra es la historieta de Mawa
que, al principio, se presenta en las páginas finales a modo de complemento de
la historia de Elundí, que era el arco principal de
la publicación. A medida que avanzan los números de la revista, Mawa se va convirtiendo en un personaje cada vez más
popular y termina por desplazar a Elundí en
protagonismo. Así, el sello editorial decide darle más páginas y convertir a la
sacerdotisa de la Silla del Diablo en la historia protagonista, dejando las
historias de Elundí en un segundo plano con muchas
menos páginas, hasta que finalmente desaparece.
La revista Jungla se publicó primero entre 1967 y
1971 (números 1 al 102) en la editorial Zig-Zag, que
en 1971 pasó a llamarse Quimantú (números 103 – 166);
en 1973 se transformó en la Editorial Gabriela Mistral (números 167 – 205). Jungla
se publica allí hasta 1975 (Hasson, 2014). Este
cambio de casas editoriales coincide con los cambios político-sociales
sucedidos en el país, los que se manifiestan en las temáticas que se abordan en
las historias del personaje. En el último tiempo, en período de la dictadura,
los guiones son escritos por José Zamorano y ya no narran las aventuras de Mawa en el Mato Grosso si no su periplo en la India en la
que el personaje busca su origen. Al final de la saga, Mawa
desaparece en una especie de vórtice espaciotemporal y, simultáneamente, llega
a nuestro mundo un nuevo personaje que la reemplaza: Khanda,
una heroína rubia de tez blanca y ojos celestes, asociada al género de capa y
espada y a la fantasía heroica más que a la aventura con ribetes fantásticos de
Mawa.
Al revisitar la historieta de Mawa
desde el presente, surgen diversas dudas respecto del carácter emancipatorio de
la obra. El hecho de que la protagonista de la serie sea una mujer, no implica
necesariamente que esta sea una historieta adelantada en temas de
representación femenina. Aunque esto nunca fue declaradamente la intención de
Marino, existe cierta proyección vanguardista en la mirada del guionista
chileno hacia lo femenino. De todas maneras, encontraremos algunos de estos
guiones firmados por Eva Martinic, la esposa de Juan
Marino, lo que puede dar algunas pistas sobre el camino que toma el arco
argumental.
La relación que Juan Marino establece entre el mundo
mitológico-tribal-místico y su personaje femenino resulta particularmente
sugerente. Mawa transforma su labor como guardiana de
la selva amazónica en un acto espiritual, conectado tanto con la naturaleza
material como con lo sobrenatural. Mawa se perfila
como una heroína sabia y reflexiva, que cuestiona constantemente su propia
naturaleza y la de quienes la rodean. Es notable la tensión que existe entre Mawa y su entorno, así como la agencia que demuestra el
personaje sobre su cuerpo, su pensamiento y su mundo.
Los antecedentes de un personaje como Mawa
podemos encontrarlos prontamente en la primera mitad del siglo XX, momento en
que hubo un gran apogeo de la mitología de lo selvático en la historieta (como
Tarzán, por ejemplo), así como también en una cantidad innumerable de títulos
de amazonas, llamadas también Jungle Girls. Acá se encontrará una serie de nombres como
Sheena, reina de la Selva o Fanthoma, siendo una de
las más importantes y reconocidas el personaje Wonder Woman,
que en Chile y Latinoamérica conocemos como La Mujer Maravilla. En palabras de Terenci Moix (2007):
En los años cuarenta, Wonder Woman
y Mary Marvel no se atrevieron a llevar tan lejos su rebeldía contra la
hegemonía del macho en la historieta. Tanto la una como la otra tuvieron que
ser justificadas a través de poderes especiales tipo Superman, lo que
establecía de entrada, una premisa de irracionalismo: la emancipación de ambas
se establecía sobre unas bases de completa seguridad para el lector. (330-331)
Sin
embargo, Mary Marvel y Wonder Woman deben completar
un ritual para obtener sus superpoderes y ambas acompañan a otro superhéroe, de
este modo siguen supeditadas al sueño romántico del amor y el matrimonio.
El presente artículo examina la representación de lo
femenino en la historieta Jungla a través de tres ejes temáticos
fundamentales. Primero, exploraremos las definiciones y construcciones de lo
femenino desde perspectivas teóricas y culturales, contextualizándolas en el
marco histórico de mediados del siglo XX. Segundo, analizaremos la figura de Mawa como representación de una feminidad disidente,
vinculándola con el arquetipo histórico de la amazona. Finalmente, examinaremos
la conexión entre lo femenino, la magia y la naturaleza en la narrativa,
estudiando cómo se articula la dualidad entre el poder espiritual y la
autoridad temporal en el personaje de Mawa como
sacerdotisa.
La búsqueda de lo femenino:
definiciones y representaciones
La
historieta de Mawa opera predominantemente dentro de
un marco narrativo orientado hacia un público masculino, característica común
en el género de aventuras donde los protagonistas tradicionalmente son hombres.
Este fenómeno nos conduce a interrogar las categorías mismas de lo femenino y
lo masculino como construcciones culturales. Como señala De Lauretis:
Las concepciones culturales de lo masculino y lo femenino
como dos categorías complementarias, aunque mutuamente excluyentes en las que
los seres humanos están ubicados, constituye en cada cultura un sistema de
género, un sistema simbólico o sistema de significados que correlacionan el
sexo con contenidos culturales de acuerdo con valores sociales y jerarquías. (1989:
11)
Esta
oposición binaria establece que “el género construye una relación entre una
entidad y otras entidades que están constituidas previamente como una clase
[...]; el género asigna a una entidad, digamos a un individuo, una posición
dentro de una clase” (De Lauretis, 1989: 10).
Considerando el contexto de mediados del siglo XX, estas clasificaciones
determinaban roles sexo-genéricos específicos cuyo incumplimiento conllevaba
potenciales sanciones sociales.
Mawa
representa una notable excepción a los cánones tradicionales de feminidad al
transgredir conscientemente los roles de género establecidos. En su influyente
estudio La mística de la feminidad (1963), Betty Friedan
develó un patrón cultural profundamente arraigado donde “las mujeres [...] han
vivido toda su vida buscando la realización femenina; son mujeres cuya mayor
ambición son el matrimonio y los hijos” (Friedan,
2009: 63). Contrariamente a este paradigma limitante, el personaje de Mawa desafía abiertamente estos presupuestos al
configurarse como una protagonista que encuentra su realización en la aventura,
la autonomía y el dominio del espacio selvático, rechazando así las
expectativas sociales que confinaban a las mujeres al ámbito doméstico y
maternal. Esta subversión de los ideales femeninos hegemónicos posiciona a Mawa como un personaje revolucionario para su época, que
cuestiona implícitamente los fundamentos mismos de la “mística” identificada
por Friedan.
Esta ruptura se contrapone directamente a lo que Moix
denomina “la mística de la masculinidad” en la historieta:
La sociedad de la aventura, en el cómic de nuestra
posguerra, exige ante todo la masculinidad de sus miembros, y también que un
elemento maduro –de una generación ya formada– tenga como oponente inseparable
a un miembro de la nueva generación que, desde luego, estará provisto de los
mismos atributos que su antagonista: valor, inteligencia, musculatura, pureza
física y amor al aire libre. (2007: 179-180)
Paradójicamente,
Mawa navega esta tensión adoptando comportamientos
tradicionalmente codificados como masculinos para establecer su agencia y
autoridad. Esta estrategia adaptativa resulta en una compleja relación con lo
femenino, manifestada ocasionalmente en expresiones que reflejan cierto
distanciamiento de otras mujeres:
MAWA: “Entonces hombre blanco es un cobarde. No ayudó a sus
amigos contra los jíbaros. A Mawa no le gustan los
que se esconden como mujeres asustadas” (Marino, ep.
2: 13).
MAWA: “Si Usala tiene miedo, puede
volverse con las mujeres de su tribu” (Marino, ep. 12:
12).
Se
evidencia, a partir de los comentarios y actitudes de la protagonista de Jungla,
que su comprensión del mundo se estructura mediante una perspectiva
androcéntrica adoptada, lo que la lleva a posicionarse jerárquicamente por
encima de otras mujeres, estableciendo una mirada vertical en lugar de una
aproximación inclusiva. Esta pretendida superioridad se manifiesta tanto a
través de su racionalidad como sacerdotisa, como mediante su excepcional fuerza
física. Para comprender este fenómeno, resulta pertinente aplicar el concepto
de misoginia internalizada según lo desarrolla Varela:
El término misoginia está formado por la raíz griega “miseo”, que significa odiar, y “gyne”
cuya traducción sería mujer, y se refiere al odio, rechazo, aversión y
desprecio de los hombres hacia las mujeres y, en general, hacia todo lo
relacionado con lo femenino. Ese odio (sentimiento) ha tenido frecuentemente
una continuidad en opiniones o creencias negativas sobre las mujeres y lo
femenino y en conductas negativas hacia ellas. (2012: 36)
La
paradoja en el personaje de Mawa radica en que, al
intentar emanciparse de los roles tradicionalmente femeninos, no deconstruye la
jerarquía de género, sino que internaliza y reproduce los patrones de
valoración masculinos, participando así en una forma de misoginia internalizada
que deslegitima otras expresiones de feminidad que no se ajustan a su modelo de
excepcionalidad.
Sin embargo, en su interacción con personajes extranjeros
(principalmente hombres), Mawa enfrenta una constante
subestimación basada precisamente en su condición femenina. En el episodio 2, Kropf, un explorador extranjero, declara abiertamente sus
intenciones: “Hacerle el amor a Mawa, Maureira, ja,
ja, y de paso me apodero de los diamantes de las minas de los jíbaros” (Marino,
ep. 2: 7). Esta instrumentalización sexual y
económica ilustra cómo, a pesar de su poder, Mawa
continúa siendo percibida desde una mirada objetivante
que la reduce a su valor como conquista.
Un aspecto fascinante del personaje es su aparente
incapacidad para comprender —o deliberada negativa a aceptar— comentarios sobre
su atractivo físico. Cuando es adjetivada como “hermosa”, Mawa
responde con una afirmación de identidad autónoma: “Mawa
es Mawa. No hermosa” (Marino, ep.
2: 14). Esta respuesta puede interpretarse como un rechazo a la reducción de su
valor a atributos estéticos, reforzando la complejidad psicológica del
personaje.
Como señala Bethany Morris desde una perspectiva interdisciplinaria,
los medios de comunicación del siglo XX han perpetuado representaciones
binarias de lo femenino:
La proliferación de discursos en torno a lo que significa
ser una "mujer real", que parecen contradecirse entre sí, como la
dicotomía virgen/prostituta. Por ello, Lacan (1975) afirma que la mujer es
síntoma del hombre, lo que significa que las representaciones y articulaciones
culturales que definen lo que significa ser mujer se basan en la representación
fálica de la feminidad. (2020: 16)[1]
Esta
dicotomía se manifiesta claramente en la caracterización de Mawa
como figura materno-virginal. Las comunidades que la siguen se autodenominan “los
hijos de Mawa”, estableciendo una relación filial
simbólica que la eleva a un estatus cuasi-divino, reminiscente de arquetipos
como la virgen-madre.
Resulta significativo que, en sus escasos encuentros con
otras mujeres (generalmente asociadas a expedicionarios extranjeros), Mawa oscila entre la empatía y la extrañeza. Esta
ambivalencia se evidencia en su reconocimiento del valor de otras mujeres: “Habrá
peligro, mujer blanca, pero Mawa está contenta de
saber que mujer blanca es valiente” (Marino, ep. 4: 15). Igualmente reveladora es su perplejidad ante
convenciones sociales como la estructura patriarcal familiar, expresada en
diálogos como: “¿Por qué pides por tu padre y no por ti, mujer blanca?”
(Marino, ep. 25:. 9).
La representación visual de Mawa y
otros personajes femeninos en la narrativa gráfica merece consideración
específica. Como observa Rojas Flores, en las “historietas serias” como las de
aventuras, “es habitual que la apariencia física de las protagonistas resalte
el arquetipo de las estrellas de cine, resaltando el rostro y la silueta” (2016:
136). Esta estética responde a convenciones conservadoras del medio,
caracterizadas por lo que McCausland y Salgado (2019)
denominan “anatomías apolíneas enfundadas en vestimentas imposibles”,
estableciendo un ideal femenino físicamente irrealizable pero consistente con
las expectativas visuales de la época.
El personaje de Mawa opera dentro
de un complejo entramado de estereotipos de género, simultáneamente desafiando
y reforzando concepciones tradicionales de lo femenino. Su caracterización como
mujer casta, virginal y maternal, investida de autoridad sacerdotal, la
posiciona en un espacio liminal entre la transgresión y la conformidad con los
arquetipos femeninos de su tiempo.
Feminidad disidente: Mawa como amazona contemporánea
Mawa habita un espacio geográfico y simbólico
de frontera: “extraña y perdida obra de la naturaleza [...] buscada por hombres
de ciencia y aventureros ávidos de llenarse los bolsillos de oro y diamantes.
Sin embargo, aquella Silla del Diablo, donde han perdido la vida los que han
intentado develar su misterio, está custodiada por Mawa,
la misteriosa mujer de la selva” (Marino, ep. 1: 1).
Esta ubicación marginal no es casual, sino que conecta al personaje con una
larga tradición de figuras femeninas que habitan los límites de la
civilización.
La caracterización de Mawa como
amazona establece un vínculo directo con una figura arquetípica que trasciende
culturas y épocas. El término “amazona” evoca no solo a la región sudamericana,
sino a un linaje mitológico que se remonta a la antigüedad clásica y
posiblemente a culturas precedentes como la minoica. Las amazonas representan
mujeres que han elegido una existencia autónoma, alejadas del dominio
masculino. José Miguel Cortés señala sobre ellas que “no se unían sexualmente
más que con extranjeros a los que mataban después de haber sido fecundadas,
sólo educaban a sus hijas y mataban, mutilaban o cegaban a los varones” (Cortés:
46). Esta caracterización extrema evidencia el temor patriarcal hacia
comunidades femeninas independientes.
Esta tradición de mujeres que habitan espacios marginales
encuentra paralelos en otras figuras míticas como las bacantes,
seguidoras del dios Dionisio, cuyo comportamiento desafiante de las normas
sociales las situaba literalmente fuera de los límites de la ciudad. La
conexión entre feminidad disidente y espacialidad marginal continuó durante la
Edad Media, donde mujeres que vivían solas eran frecuentemente asociadas con la
brujería y expulsadas a los bosques, manifestando el rechazo social hacia
formas de vida femenina no sujetas al control masculino.
Al analizar la situación de Mawa,
observamos que ella habita una posición de marginalidad comparable a la de
otras amazonas, pero con una distinción crucial: a diferencia de las “mujeres
solas”, Mawa se encuentra estratégicamente bajo la
tutela masculina, inicialmente representada por su maestro, el gran Lolotó. Este personaje enigmático, cuya presencia se
manifiesta más a través de referencias y comentarios de terceros que por
apariciones directas, funciona como una figura simbólica que legitima la
excepcionalidad de Mawa dentro del espacio selvático.
Su presencia espectral opera como un respaldo inconsciente que señala que, aun
en este territorio apartado de la civilización, la protagonista no carece de
protección masculina.
Significativamente, tras la muerte de Lolotó,
la trayectoria narrativa de Mawa no la conduce hacia
una autonomía completa, sino que su búsqueda de orígenes se desarrolla junto a
otro acompañante masculino: Víctor Nagaland, quien se convierte en su compañero
durante el viaje hacia la India. Esta estructura recurrente revela una paradoja
fundamental en la caracterización del personaje: aunque Mawa
proyecta independencia y agencia en la toma de decisiones, la narrativa
sistemáticamente la sitúa bajo una custodia masculina que valida su presencia
en el espacio aventurero, reforzando sutilmente las jerarquías de género que
aparentemente transgrede.
En la tradición historietística mundial, el arquetipo
amazónico ha encontrado numerosas manifestaciones en personajes como Sheena
(Reina de la Selva) o Fantomah, frecuentemente
denominadas Jungle Girls.
Como señala Gonzalo Oyanedel (2018) en su estudio sobre la mujer en la
historieta de aventura:
Tiende a pensarse que la ficción aventurera estancó por
completo a las mujeres durante la primera mitad del siglo XX. Y aunque suele
convertirlas en tímidas subordinadas, el objeto a rescatar o bien conquistar
(infiriéndose una recompensa sexual para el héroe), Sheena, la Mujer Maravilla
o The Phantom Lady ganan
espacio para retratos femeninos más complejos e independientes, gozando de esa
popularidad que inquieta al sector más conservador. (60-61)
Un
episodio particularmente revelador en la construcción de Mawa
como amazona “excepcional”ocurre en el número 38 de
la revista, donde se enfrenta a una comunidad de amazonas rubias que esclavizan
a hombres de cabello claro. La resolución del conflicto resulta moralmente
ambigua: tras la liberación de los hombres, estos someten a las amazonas como esclavas,
situación que Mawa no cuestiona: “Yo soy portugués, Mawa, y fui capturado por estas hembras a causa de mi
cabello rojo. Tres años estuvimos esperando esta oportunidad. Gracias a ti, Mawa, somos libres y ellas trabajarán para nosotros”
(Marino, ep. 38: 20).
En este mismo capítulo, las amazonas encarnan una
representación física idealizada según cánones occidentales: mujeres blancas,
rubias y con siluetas que evocan a estrellas cinematográficas, pero cuya
belleza exterior contrasta con una naturaleza malévola interior. Resulta
significativo que el verdadero poder en esta comunidad no resida en estas
figuras estereotipadas, sino en tres mujeres ancianas de aspecto inquietante,
caracterizadas por su cabello largo, desgreñado y canoso, reminiscentes de
arpías mitológicas. Esta distribución del poder establece un contrapunto visual
donde Mawa, con su cabellera oscura, se configura
como antítesis cromática y moral de ambos grupos, simbolizando la justicia y la
rectitud frente a la duplicidad de las amazonas rubias y la siniestra
influencia de las ancianas. La pigmentación capilar trasciende así lo meramente
estético para convertirse en un código visual que demarca posiciones éticas
dentro de la narrativa.
Para la mirada del “otro” extranjero, la mera existencia de
una mujer con poder como Mawa resulta perturbadora,
casi monstruosa: “¿Mawa? ¿Quién es Mawa? He oído decir que en esta selva existe un demonio
llamado Mawa” (Marino, ep.
18: 12). Esta percepción refleja el profundo desconcierto que genera una figura
femenina investida de autoridad en un sistema cultural patriarcal.
La posición liminal de Mawa —entre
la marginalidad amazónica y la legitimación otorgada por figuras masculinas
protectoras— la sitúa en un espacio narrativo ambiguo que simultáneamente
desafía y reafirma estructuras tradicionales de género. Esta ambigüedad
constituye uno de los aspectos más fascinantes y complejos del personaje, cuya
caracterización oscila entre la transgresión y la conformidad con modelos
patriarcales.
Poder y márgenes: Mawa como sacerdotisa de la naturaleza
La
representación binaria masculino/femenino permea múltiples dimensiones del
conocimiento y la organización social. En el marco del capitalismo, esta
división se proyecta en la tensión entre naturaleza y progreso, donde lo
femenino queda asociado a lo emocional y orgánico. Como señala Donna Haraway:
El fin científico principal era una teoría biológica de
cooperación, basada en jerarquías de gestión. Había que gestionar la vida
orgánica, el instinto, el sexo. En la cima de la pirámide-organismo estaba la
mente, que permitía el altruismo racionalizador en un mundo competitivo, sin
amenazar la estructura básica de la dominación. (1991: 79)
Esta
jerarquización sitúa lo racional-masculino por encima de lo emocional-femenino,
estableciendo una estructura vertical que impide aproximaciones
interseccionales y refuerza relaciones de subordinación.
El personaje de Mawa opera dentro
de este sistema binario desde una posición excepcional. Su condición de
sacerdotisa la inviste de un poder sobrenatural que trasciende las limitaciones
impuestas a otras mujeres. No busca el matrimonio ni la maternidad biológica,
ubicándose así en el espectro opuesto al ideal femenino doméstico: es virgen,
poseedora de una sabiduría especial y una moral conservadora. Su ingenuidad en
asuntos románticos (evidenciada en su persistente recuerdo del extranjero que
la besó en el segundo episodio) refuerza su caracterización como figura santa,
cuya conexión profunda con la naturaleza la convierte en protectora de la selva
y sus habitantes. Esta asociación entre feminidad, sensibilidad y cuidado
medioambiental refleja lo que Nancy Santana advierte:
Se observa la propuesta del desarrollo sostenible y del
involucramiento de las mujeres como salvadoras del planeta, consideradas como
el sector social idóneo para curar las heridas del ambiente, olvidándose que
hasta ahora las mujeres han sido invisibilizadas, violentadas y explotadas al
igual que la naturaleza. (2006: 38)
Mawa encarna precisamente esta
conceptualización de lo femenino como intrínsecamente vinculado a lo natural:
aguerrida pero pura, descontaminada de la modernidad y el capitalismo,
protectora de ecosistemas y comunidades indígenas. Su virtud y poder se manifiestan
en habilidades sobrenaturales como la comunicación con animales, reminiscente
de figuras como San Francisco de Asís u Orfeo. Esta capacidad representa una
forma de conocimiento pre-capitalista, un desciframiento del lenguaje de la
naturaleza inaccesible para quienes habitan los centros de poder tecnológico y
científico.
La asociación entre feminidad y naturaleza tiene profundas
raíces históricas, manifestándose en tradiciones como las antiguas festividades
europeas de primavera donde, como señala Frazer (1996), la unión simbólica
entre un rey y una reina garantizaba la fertilidad de las cosechas (1996: 171).
Esta concepción binaria ha persistido históricamente, manifestándose en
prácticas como el confinamiento de mujeres durante la menstruación o el
embarazo, períodos en que su conexión con lo “natural” se intensifica.
Desde esta perspectiva, la mujer adquiere relevancia social
principalmente en función de su capacidad reproductiva. Quienes se encuentran
fuera de este paradigma —particularmente las mujeres mayores, descritas por el
sistema patriarcal como “viejas, feas, marchitas, inservibles”— ocupan el
último escalafón de la jerarquía social. Mawa, a
pesar de su longevidad implícita, es representada como una mujer joven y
físicamente atractiva, reforzando la asociación entre valor social, virtud y
belleza. Como señala Cortés:
El papel de la mujer en esas sociedades está construido para
que en cada una de las etapas de la vida se acomode a las necesidades del
hombre, primero como hija obediente, más tarde como esposa complaciente y,
finalmente, madre sacrificada. (1997, 44-45)
Un
ejemplo paradigmático de esta construcción en la cultura popular puede
encontrarse en la versión clásica de Disney de Blancanieves y los siete enanitos
(1937), donde la protagonista, virtuosa y bella, establece una comunicación
armónica con los animales del bosque, capacidad de la que carecen otros
personajes femeninos considerados “impuros”.
Mawa
debe cumplir con estrictos requisitos morales y espirituales para legitimar su
excepcional posición de poder. Los personajes masculinos extranjeros
frecuentemente cuestionan su autoridad, aunque también reconocen su carácter
extraordinario: “¿Inmemorial, comandante?”, “Sí, aunque le parezca inverosímil,
se dice que Mawa no ha tenido principio y... no se
sabe si tendrá fin” (Marino, ep. 4: 3). El narrador
mismo refuerza la asociación entre belleza física y poder espiritual: “Toos habló a los suyos y pronto los babuses
se entregaron a Mawa, que los dominaba con su
imponente belleza salvaje” (Marino, ep. 19: 14).
La relación de Mawa con la
naturaleza trasciende lo meramente contemplativo para manifestarse como un
verdadero dominio sobre elementos y criaturas. En un pasaje revelador, uno de
sus súbditos afirma: “Los yacarés temen a Mawa.
Ninguno de ellos se atreverá a acercársenos”. Cuando Mawa
responde: “Mawa no ha visto yacarés”, el hombre
reafirma categóricamente: “Temen a Mawa” (Marino, ep. 21: 8). Esta escena ilustra cómo su autoridad se
extiende incluso a aspectos inconscientes o invisibles del entorno natural.
Particularmente significativa resulta la autoconciencia de Mawa respecto a su excepcionalidad. A diferencia de otros
personajes femeninos de la historieta de aventuras, ella posee pleno
conocimiento de su poder y status cuasi-aristocrático,
manifestado en su porte, gestos y forma de expresarse. Esta nobleza intrínseca
queda evidenciada en autoafirmaciones como: “el oído de Mawa
es fino, su brazo largo y su corazón bondadoso” (Marino, ep.
17: 4).
La paradoja fundamental del personaje radica en que, pese a
su apariencia femenina, su comportamiento adopta códigos tradicionalmente
masculinos para ejercer poder efectivo. Esta masculinización estratégica debe,
sin embargo, equilibrarse con virtudes estereotípicamente femeninas: castidad
(a pesar de despertar deseo), comunicación con animales, armonía con la
naturaleza, imparcialidad, búsqueda de paz y liderazgo maternal sobre los
pueblos que protege. Esta compleja amalgama de características confirma la dificultad
de la narrativa para concebir el poder femenino fuera de los marcos
referenciales patriarcales, incluso cuando intenta subvertirlos.
Conclusiones
En
el marco de la cultura dual, binaria y heteropatriarcal, se establece una
dicotomía fundamental donde la intuición y la naturaleza quedan circunscritas
al ámbito de lo femenino, mientras que la racionalidad y el progreso se
consideran dominios exclusivamente masculinos. Esta división conceptual
determina que todo aquello que habite en la periferia del capital y del sistema
hegemónico sea categorizado como “minoría”, independientemente de su
representación numérica. Tal designación resulta paradójicamente apropiada no
por cuestiones demográficas, sino por la sistemática exclusión de estos grupos
de los procesos globales de toma de decisiones.
Las comunidades originarias del Mato Grosso, representadas
en la narrativa analizada, ejemplifican esta alteridad al situarse fuera del
pensamiento estructurado y masculinizado de la modernidad occidental,
posicionándose así en contraposición al arquetipo femenino orgánico. Esta
ubicación en los márgenes les permite establecer vínculos profundos y
significativos con la naturaleza y el universo emocional, precisamente por su
distanciamiento de las lógicas del progreso capitalista.
El personaje de Mawa representa
una figura liminal que desafía categorizaciones simplistas. Por una parte, su
condición de mujer la sitúa dentro del paradigma de la alteridad en relación
con el protagonismo tradicionalmente masculino de la historieta de aventuras.
Por otra, su posición de poder como sacerdotisa y guardiana la eleva por encima
de las limitaciones comúnmente impuestas a personajes femeninos. Esta
ambivalencia ontológica convierte a Mawa en un
fascinante objeto de estudio para comprender las tensiones en la representación
de género en la cultura popular latinoamericana de mediados del siglo XX.
La caracterización de Mawa como
mujer amazónica se desarrolla a través de una compleja negociación entre
transgresión y conformidad. Aunque habita espacios tradicionalmente codificados
como masculinos y ejerce una autoridad incuestionable, su poder queda
sistemáticamente legitimado por figuras masculinas tutelares como Lolotó y posteriormente Nagaland. Esta dependencia
estructural de la validación masculina revela las limitaciones del imaginario
de la época para concebir una autonomía femenina plena, incluso en un personaje
tan evidentemente excepcional como Mawa.
La conexión del personaje con lo natural y lo místico
refuerza estereotipos sobre la feminidad como inherentemente vinculada a lo
emocional, lo intuitivo y lo orgánico. Sin embargo, este aspecto de su
caracterización no se presenta como debilidad sino como fuente alternativa de
poder y conocimiento. La capacidad de Mawa para
comunicarse con animales, interpretar signos naturales y ejercer influencia
sobre elementos selváticos constituye un contrapoder frente a la racionalidad
tecnocientífica representada por los exploradores extranjeros.
Un hallazgo significativo de esta investigación es la
identificación de patrones de misoginia internalizada en el discurso del propio
personaje. Al adoptar y reproducir valoraciones negativas sobre otras mujeres, Mawa participa inadvertidamente en la perpetuación de
jerarquías de género, posicionándose como una “excepción” a la regla de
inferioridad femenina, en lugar de cuestionar la premisa misma de tal
inferioridad. Esta estrategia de excepcionalidad constituye una respuesta
adaptativa ante un sistema que no concibe el poder femenino como norma sino
como anomalía.
La transformación editorial de la revista Jungla,
coincidente con los cambios políticos en Chile, culminó con la sustitución de Mawa por Khanda, personaje
físicamente opuesto (rubia, de tez blanca y ojos celestes) y narrativamente
desplazado hacia géneros como la fantasía heroica. Esta transición merece
estudios específicos que analicen la posible correlación entre el contexto
sociopolítico de la dictadura chilena y los cambios en la representación
femenina en productos culturales de la época.
Esta investigación aspira a catalizar nuevos acercamientos
críticos que recuperen y reexaminen otras obras significativas de la historieta
chilena del siglo XX desde una perspectiva que comprenda lo femenino como una
forma de alteridad. Tal aproximación permitiría no solo una revaloración del
patrimonio gráfico nacional, sino también una comprensión más profunda de las
dinámicas de género que subyacen en las representaciones culturales
latinoamericanas del siglo pasado.
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[1] En el original: “The proliferation of discourses
surrounding what it means to be a ‘real woman’, which seemingly contradict one
another, such as the virgin/whore dichotomy. This is why Lacan (1975) claims
that woman is a symptom of man, meaning that cultural representations and
articulations identifying what it means to be a woman rely on phallic representation
of femininity”. T. del. A.