La ciencia ficción como herramienta para seguir narrando el trauma: Un estudio de Las chanchas (2014), de Félix Bruzzone, y Nación vacuna (2020), de Fernanda García Lao

Sci-fi as a tool to keep narrating trauma: A study on Las chanchas (2014), by Félix Bruzzone, and Nación vacuna (2020), by Fernanda García Lao

 

Matías Ezequiel Mondo

Universidad de Salamanca

 

mondomatiase@usal.es

https://orcid.org/0000-0003-3324-9040

Recibido: 15/01/2025

Aceptado: 30/10/2025

https://doi.org/10.30827/impossibilia.302025.32598

 

Resumen

En los últimos años del siglo xxi se ha notado un creciente interés por la ciencia ficción. El presente artículo pretende estudiar la relación posible entre este género, la historia y la (pos)memoria. Para ello se sirve, por un lado, de algunas apreciaciones teórico-literarias y, por otro, establece vínculos con algunas teorías de estudios culturales como las de Hirsch (2000). Posteriormente, se analizan en detalle dos novelas desde esta perspectiva. Primero, Las chanchas (2014), de Félix Bruzzone. En segundo lugar, Nación vacuna (2020), de Fernanda García Lao. Finalmente, se pretende demostrar cómo el pasado dictatorial de Argentina sigue siendo fuente de repensamientos para las nuevas generaciones de autores.

 

Palabras clave: Argentina, Ciencia ficción, Posmemoria, Narrativa latinoamericana.

 

Abstract

In recent years, there has been a growing interest in sci-fi. This article aims to study the possible relationship between this genre, history and (post)memory. To do so, it uses, on the one hand, some literary theoretical insights and, on the other hand, it establishes links with some theories of cultural studies such as those of Hirsch (2000). Subsequently, two novels are analyzed in detail from this perspective. First, Las chanchas (2014), by Félix Bruzzone. Secondly, Nación vacuna (2020), by Fernanda García Lao. Finally, the study aims to demonstrate how Argentina’s dictatorial past continues to be a source of “rethinking” for new generations of authors.

 

Keywords: Argentina, Sci-Fi, Postmemory, Latin American Fiction.

 

 

 

Introducción

En las últimas décadas del siglo xxi hemos asistido a una progresiva y creciente revalorización de la ciencia ficción escrita en español. En contra de la situación que divisaba Borges para su siglo en el prólogo a La invención de Morel, parece ser que cada vez son menos “infrecuentes” las obras de “imaginación razonada” (1998: 91).

Según Araceli Alemán, apoyándose en las investigaciones sobre el panorama argentino realizadas por Drucaroff (2007), Dellepiane (1989) y Pérez Gras (2020), se puede identificar “un corpus creciente de narrativa anticipatoria y especulativa argentina contemporánea con variantes distópicas, apocalípticas, posapocalípticas, ucrónicas y entre-cruzadas con el fantasy y el terror” (Alemán, 2022: 30). Por ello, resulta indispensable acercarse a las posibilidades presentadas en estas nuevas tendencias.

Para el presente artículo se pondrá el foco en dos muestras recientes de ciencia ficción[1] argentina: Las chanchas, de Félix Bruzzone (2014) y Nación vacuna, de Fernanda García Lao (2020). En cuanto a la adscripción genérica de las dos obras, nos encontramos ante una distopía, en el caso de Bruzzone, y ante una ucronía, en el caso de García Lao.[2] Más allá de ser novelas de actualidad, en ambas se puede destacar un innegable diálogo con la historia argentina, en especial, con el turbulento periodo de la dictadura (1976-1983). A partir de estas dos novelas, se intentarán rastrear las posibilidades que la ciencia ficción está aportando a los varios autores que siguen reflexionando y narrando nuevas formas de tramitar la herida aún abierta.

 

La ciencia ficción al servicio de la memoria

Desde sus inicios esta literatura se ha visto acompañada de una gran crítica social. No es baladí que algunas de las obras más reconocidas tengan grandes implicaciones históricas y políticas (piénsese, por ejemplo, en Un mundo feliz [1932] de Aldous Huxley, 1984 [1949] de George Orwell o Fahrenheit 451 [1953] de Ray Bradbury). Tampoco es coincidencia que todas estas obras sean distopías, subgénero que destaca “en la presentación ante su público de un mensaje con carga política y denuncia social” (Escandell-Montiel, 2023: 28).

La distancia ficcional que se crea entre la realidad intradiegética y la realidad extradiegética permite a los autores especular y reflexionar en torno a las múltiples preocupaciones que les pueda suscitar la situación de su contemporaneidad. Al respecto, señala Escandell-Montiel en un reciente artículo perteneciente al dossier “Literatura y ciencia ficción” que “hablar de futuros lejanos, de ucronías, y demás, es una excusa para hablar de lo más inmediato y contemporáneo” (2023: 28). En el mismo dossier, Ricardo Menéndez Salmón insiste: “La distopía no habla de los anhelos por mejorar el porvenir, sino de las ansiedades y terrores actuales. El matiz pesimista que invade lo distópico procede de esta pregnancia” (2023: 31). Por consiguiente, se puede observar con claridad el carácter crítico de las distopías y las ucronías respecto a su presente al manifestar un mundo diferente, alienante y desesperante donde las preocupaciones inmediatas se llevan al extremo. La capacidad alegórica de la ciencia ficción es una de las razones por las cuales se ha utilizado mayormente para ejercer tenaces críticas. Además, al incluir referencias a realidades alternativas ha sido aprovechada en más de una ocasión para escapar a la censura. Todas estas ideas se pueden ver encarnadas en la historieta de ciencia ficción El Eternauta (1957-1959), de Héctor Germán Oesterheld (guionista) y Francisco Solano López (dibujante), hito fundamental para la ficción especulativa de la Argentina. En El Eternauta 1969 y El Eternauta II se alegoriza la violencia política imaginando un futuro en el que una invasión alienígena destruye a la mayor parte de la población de la Tierra. Juan Salvo, protagonista del texto, se encarga de narrar los eventos y representar ese destino fatal para el planeta que puede ser leído como un engrandecimiento del desasosiego respirado por el autor en su momento. Con el tiempo, también se leyó la primera entrega de esta forma. Sin embargo, si se ha podido usar para criticar la inmediatez del contexto, surge espontáneo preguntarse: ¿podría la ciencia ficción ser un espacio propicio a la memoria?, ¿en qué coordenadas debería escribirse?, ¿bajo qué preceptos debería entenderse su búsqueda?

En un estudio sobre “2073”, de F. Bruzzone, y Soy un bravo piloto de la nueva China, de Ernesto Semán, Teresa Basile se ha acercado a esta problemática, efectuando una reflexión acerca de las posibilidades que otorga la ciencia ficción a la literatura de los hijos/as “por su capacidad para ir más allá de lo dado, de lo ‘real’” (Basile, 2020: 344) y permitir, entre otras cosas, el reencuentro con los padres desaparecidos.

Mientras el género puede tener un papel fundamental para que los hijos/as puedan tener ese reencuentro con sus padres, surge la duda de si puede servir para otro tipo de memoria generacional que abarque tanto a Bruzzone como a García Lao. Además, en ninguna de las dos obras se problematiza el papel de los padres desaparecidos, sino que se asedian otras cuestiones. En este sentido, un autor como Carlos Gamerro[3] llega a escribir en referencia a las Malvinas, presentes en varias de sus ficciones (a pesar de no haber vivido la guerra), que la “literatura puede ser inversamente autobiográfica: la historia de lo que no nos ocurrió, sino de lo que nos podría haber ocurrido” (citado por Blejmar, 2017: 204). Asimismo, Martín Kohan nos entrega una meditación en torno a dichos temas en su novela Dos veces junio (2002), y también lo hacen Patricia Ratto en Trasfondo (2012) o Federico Lorenz en Para un soldado desconocido (2022), entre muchos otros textos. Acorde a estos ejemplos, se puede advertir que la confrontación bélica tuvo gran calado en la sociedad argentina, y que, posteriormente, se manifiesta en las producciones literarias, aunque ninguno de estos autores haya experimentado el enfrentamiento.

Esta posición explicitada por Gamerro se puede relacionar estrechamente con Nación vacuna, donde se especula acerca de una guerra que la autora presenció estando fuera de la Argentina.[4] De la misma manera, se podría relacionar con una de las tantas lúcidas afirmaciones realizadas por Tzvetan Todorov en su célebre ensayo Los abusos de la memoria (2000). Al hablar de la memoria ejemplar frente a la literal, observa:

Si se hubiera inclinado por la memoria literal, Rousset habría pasado el resto de su vida sumergiéndose en su pasado, restañando sus propias heridas, y alimentando su resentimiento hacia quienes le habían infligido un dolor inolvidable. Al inclinarse por la memoria ejemplar, escogió utilizar la lección del pasado para actuar en el presente, dentro de una situación en la que él no es actor, y que no conoce más que por analogía o desde el exterior. (Todorov, 2000: 43)

 

Esta defensa de la “memoria ejemplar” podría enlazar con la búsqueda que se realiza desde la ciencia ficción acerca de cuestiones que involucran la memoria y la posmemoria, término fundamental para el estudio y la comprensión de estas obras en su contexto (Hirsch, 2012). Recordemos que, en este género, “[el] mundo alternativo sólo es tomado en cuenta desde su relación moral […]” (Moreno, 2014: 154), por lo que se estaría ejerciendo un proceso de abstracción y relación entre el mundo propuesto en la obra, intradiegético, y el mundo real del lector, extradiegético. Gracias a esto, la ciencia ficción “se convierte en el espacio privilegiado para resolver las inestabilidades identitarias que acechan a estos jóvenes” (Basile, 2020: 336).

En cuanto a la posmemoria, Marianne Hirsch se ha encargado de precisar el alcance señalando que:

 

Postmemory is a powerful and very particular form of memory precisely because its connection to its object or source is mediated not through recollection but through an imaginative investment and creation. […] Postmemory characterizes the experience of those who grow up dominated by narratives that preceded their birth, whose own belated stories are evacuated by the stories of the previous generation shaped by traumatic events that can be neither understood nor recreated. […] I believe it may usefully describe other second-generation memories of cultural or collective traumatic events and experiences. (Hirsch, 2012: 22)

 

Por consiguiente, el término posmemoria parece ser aplicable a los dos autores que nos competen, ya que, como se desprende de la cita, puede extenderse a otros grupos más allá del conformado por los hijos de los supervivientes del Holocausto. Además, la condición de segunda generación les permitiría tener una voz más crítica respecto a las generaciones que sufrieron en su propia piel la experiencia dictatorial (Logie, 2019: 280). Dicha observación podría, a su vez, ayudar a comprender el rápido anquilosamiento que tuvo la novela testimonial.[5] En ambas obras, el humor negro y la parodia, los modos oblicuos de expresión, operarán constantemente alejándolas de lo esperable (González Álvarez, 2020: 120). Finalmente, partiendo de estas bases teóricas se intentará establecer la relación que sostienen una y otra obra, con el pasado histórico y la (pos)memoria.

 

Secuestros y marchas. Acercamiento a Las chanchas

Félix Bruzzone, autor argentino e hijo de desaparecidos, salta al panorama literario con dos publicaciones muy cercanas temporal y temáticamente: 76 (2007), un libro de cuentos, y Los topos (2008), su novela más aclamada. En ambos textos, encontramos una reinterpretación de la experiencia de los HIJOS y sus consecuencias representadas a través de sus múltiples personajes. La mayor parte de la literatura crítica se focaliza en Los topos (González Álvarez, 2020), que, desde un primer momento, destacó entre las obras de los escritores noveles argentinos del siglo xxi. Posteriormente, el autor publica otros libros como Barrefondo (2010), Las chanchas (2014), Campo de Mayo (2019) y 307 consejos para escribir una novela (2023).

Para el análisis propuesto pondremos el acento en Las chanchas (2014).[6] En líneas generales, la trama presente en la novela se sintetizaría apuntando que, en una tarde en Marte, Andy se encuentra en su casa y escucha a dos chicas, Lara y Mara, gritando desde la calle. Se asoma y logra comprender que están pidiendo ayuda porque las intentaron secuestrar en una camioneta blanca. Después de esto, Andy las calma y las deja entrar a su casa. Al volver a entrar recuerda que su pareja, Romina, volverá en breve y decide hacer que las dos jóvenes se encierren en el “cuartito del fondo” (Bruzzone, 2014: 16) para que no se sospeche una posible infidelidad. En ese momento, se pone en acto el secuestro, quizás inocente, de las dos chicas. Por varios motivos, Andy comienza a posponer la liberación de las chicas y con la ayuda de Gordini, un tío suyo, mantendrá a las chicas secuestradas durante gran parte de la novela. Progresivamente, la situación de la desaparición de las dos chicas se volverá un asunto relevante para todo el barrio y Romina comenzará a militar y organizar periódicas marchas barriales buscando justicia y el retorno de las desaparecidas que, en realidad, se encuentran en su propio hogar.

En el caso de esta novela, se han planteado múltiples lecturas con respecto a su adscripción genérica. Por un lado, Lucía De Leone parece defender que Marte existe solo en la cabeza de Andy (De Leone, 2015). Por otro lado, Nicolás García defiende que Las chanchas es una novela de ciencia ficción y argumenta este hecho (García, 2021). Para este estudio, partiremos retomando parcialmente los lineamientos de Jordana Blejmar (2016; 2017). La investigadora asedia múltiples cuestiones: la construcción autoficcional; la animalización de los humanos y la humanización de los animales; y la evasión de referencias al pasado argentino. Haciendo un repaso por las varias obras de Bruzzone analiza consecuentemente cómo evoluciona el pacto ficcional establecido entre el autor y el lector. A raíz de esto, procede a explicar perspicazmente la manera en la que, dentro de la obra, se abandona el contexto autorreferencial que había marcado 76 y Los topos:

 

In Las chanchas there is no mention whatsoever of the dictatorship or even any reference to Argentina. Yet this is still a story of kidnappings, marches for Truth and Justice, victims, perpetrators, witnesses and abducted children. But these familiar topics [...], characters [...] and places [...] in Bruzzone’s literature are defamiliarized in this novel, allowing the readers to look at them with new eyes, as if for the first time. (Blejmar, 2016: 149-150)

 

En consecuencia, aunque se abandonen las referencias más claras al contexto extradiegético argentino, la atmósfera sigue siendo similar y se pueden rastrear varios ecos de dicho contexto y realidad. De la misma forma, el marco especulativo permite que los lectores puedan procesar estas cuestiones “with new eyes” (Blejmar, 2016: 150), rasgo fundamental para comprender las posibilidades que este tipo de literatura brinda a la hora de afrontar temáticas ya exploradas. La primera, quizás la más clara, de las similitudes rastreables es el de la desaparición de las chicas y la consecuente militancia política de Romina. El secuestro de Mara y Lara articula la trama de la novela, junto a sus consecuencias, entre las cuales hallamos las manifestaciones barriales, la preocupación creciente de Romina o la preparación de una serie de actos de magia y karaoke que llevarán a Andy, Gordini y las jóvenes a deambular y viajar sin un rumbo preciso más que la mera realización de estos eventos. Ese arranque genera un rápido desenvolvimiento de los hechos, que pasan a ser inesperados y caóticos; y de hecho, a lo largo de la novela, al igual que en Los topos, asistimos a una multiplicación y proliferación de la peripecia (González Álvarez, 2021: 151-152).

Dado que se han mencionado las actuaciones realizadas, es imprescindible destacar su importancia para aprehender el sentido total de la novela. Según Nicolás García, este acontecimiento es esencial para exponer otra de las cuestiones que se problematizan en esta distopía: la espectacularización y la influencia de los medios de comunicación masiva (2021). Para él, el viaje es uno de los momentos capitales que representa “[…] el cinismo de Andy y su abandono al imaginario de la cultura del entretenimiento.” (García, 2021: 116). De este modo, se empieza a intuir que, si bien se está abordando algo tan relacionado con el pasado reciente como los secuestros y las desapariciones, también, se están afrontando temáticas de llameante actualidad como el simulacro, la alienación y sus efectos.

Otro aspecto que señala un diálogo entre el pasado histórico y su relación con el presente podría ser el de la militancia política y las organizaciones de derechos humanos, pues permea parte de la novela, a la vez que muestra la realidad argentina de las últimas décadas. Ya en Los topos, uno de los personajes, también llamado Romina, milita activamente en la agrupación política HIJOS. En esta novela, en cambio, el personaje homónimo lidera las marchas barriales y se involucra lo máximo posible en la reaparición de las dos jóvenes. Esta continuación y coqueteo transficcional[7] en la evolución del personaje ya fue apuntada parcialmente con anterioridad por Lucía De Leone (2015). Más allá de que en ambas novelas milite, tampoco es baladí la elección del nombre para la marcha que organiza: “Escribe, arriba de todo: ‘Marcha de los palos de hockey’” (Bruzzone, 2014: 43). Dentro de la diégesis, se hace referencia a que las chicas desaparecidas son jugadoras de hockey, y que, por eso, se eligen los palos, pero no es difícil pensar en una relación extradiegética con las Marchas de los pañuelos blancos. Blejmar indica al respecto que la alusión parece clara y señala la relación existente entre la organización que Romina imagina como “‘Madres de los palos’” (Bruzzone, 2014: 46) con las Madres de Plaza de Mayo (Blejmar, 2017: 207-208).

Además, a pesar de hacerse eco de violencias pasadas, se ejerce, a la vez, una representación crítica de otras formas más recientes como la inseguridad urbana y algunos de sus eventos más recurrentes (por ejemplo, los secuestros). En consecuencia, puede notarse que se dialoga y se establece un vínculo entre la militancia política de HIJOS y los nuevos tipos de militancia, retomando así traumas inherentes al pasado histórico de la nación y actualizándolos; estos se trasladan, a su vez, a un plano contemporáneo que da cuenta de la importancia de los sistemas mediáticos y del rol que la fama puede desempeñar en la realidad.

Se puede observar, pues, que, con la representación de estas cuestiones en un contexto lejano, enmarcado en la ciencia ficción, se atacan las formas en las que se ha intentado hacer justicia y memoria. No se cuestiona solamente a las organizaciones, sino también a las víctimas por cómo actúan y responden. En la novela, Lara y Mara se interesan en las marchas solamente por la progresiva fama que están ganando. Por ello, se divisa un claro juicio al sistema y a la forma en la que se ha buscado rememorar y hacer memoria en las últimas décadas, a la vez que se resignifica la cuestión y se renueva tratando problemas estrictamente contemporáneos.

Junto a esto, es digno de mención cómo Blejmar nos demuestra, en los estudios susodichos, que no solo Las chanchas, sino sus varias “obras son, además, lúcidas reflexiones sobre cómo la figura de la víctima ha sido ‘secuestrada’ por diferentes políticas de la memoria, el estado, las narrativas familiares y culturales, hasta el punto de volverse muchas veces una figura casi paródica” (Blejmar, 2017: 217). Por lo que se puede observar que, a pesar de abandonar el contexto realista y presentar la acción en Marte, el autor sigue reflexionando acerca de traumas y cuestiones abordadas anteriormente en su obra. Sobre Las chanchas el mismo autor señala en una entrevista:

 

no iba a medirse con nada de lo anterior. Y extrañar las cosas desde el principio, decir ‘Es una tarde cualquiera en el planeta Marte’, pretendía un poco marcar esa distancia. […] La situación del secuestro de las chicas, inevitablemente, por más Marte que sea, […] trae a cuento los secuestros que hay en mis otras novelas. (Bruzzone en Caamaño, 2015, s.p.)

 

Vemos que la decisión de utilizar la ciencia ficción no distancia ni aleja al autor de su contexto. Es más, permite utilizar la especulación para observar desde otro ángulo, expandiendo así las posibilidades ficcionales. A esta apertura que dan los mundos posibles de la ciencia ficción, se debe añadir la cuestión autoficcional entendida como “un momento intratextual, de pliegue narrativo, en el que el yo irrumpe en el texto para generar un efecto […] reforzar retóricamente al proceso autofigurativo” (González-Álvarez, 2021: 19) que atraviesa la novela. Podríamos considerar que el libro se encuentra próximo a la denominada “autoficción no mimética” postulada por López-Pellisa: “para hacer referencia al hiperónimo que podría englobar todas las modalidades de los géneros autoficcionales no realistas” (López-Pellisa, 2021: 39). Este aspecto se haría patente y afectaría a la sección narrada por Andy quien comparte rasgos con otros personajes de Bruzzone como el narrador de Los topos y, por consecuencia, con el propio autor. Para reforzar este carácter autoficcional debemos ponderar los elementos que remiten a ese pasado dictatorial presentes en la novela como las marchas o los secuestros y el imaginario compartido con el resto de su obra.

En suma, en Las chanchas, Bruzzone aprovecha las estrategias de la ciencia ficción para poder hablar de los traumas pasados y, a la vez, resignificarlos y actualizarlos al contexto más inmediato. De esta forma, conseguiría romper con lo esperable, estableciendo, así, nuevas formas de dialogar con el pasado histórico del país, el trauma personal y el presente que habita.

 

Farsa y represión. El control en Nación vacuna

Fernanda García Lao, escritora argentina que reside en España desde el exilio de su familia en 1976 —cuando su padre, el periodista Ambrosio García Lao, se vio amenazado durante el periodo de la dictadura—, cultiva diversos géneros como el teatro, la novela, la poesía y el cuento. Entre sus publicaciones más destacadas se encuentran el espectáculo teatral-musical La amante de Baudelaire (2004-2007), galardonado con el Premio Cumbre de las Américas; el reciente volumen de cuentos Teoría del tacto (2023); y las novelas Sulfuro (2021) y Nación vacuna (2020), objeto esta última de nuestro estudio.

Aquí nos encontramos una realidad alternativa en la que Argentina tiene una organización completamente diferente. La Capital Federal está desplazada a Rawson, debido a la victoria de la Guerra de las Malvinas, llamadas las M en toda la novela. En esta sociedad, la mayoría de sus habitantes se alimentan con cápsulas hechas de carne de mujeres. Jacinto Cifuentes, protagonista y narrador de la obra, nos muestra desde dentro un sistema alienante en el que se selecciona a mujeres para inmunizarlas y posteriormente enviarlas a las islas M, donde algunos sobrevivientes del conflicto bélico las esperan para preñarlas y dar lugar a una sociedad ideal. Sin embargo, el final de la novela nos revela la farsa mantenida por el Estado y todos sus medios.

En su acercamiento, Araceli Alemán (2022) se aproxima a la novela desde la poética cognitiva y se centra sobre todo en la contigüidad semántica entre los elementos femeninos y lo animal, en este caso, lo vacuno. Si bien hace alguna que otra mención al trasfondo histórico, no es el foco del estudio, por lo que este queda relegado a un segundo plano. Pese a esto, expone un elemento clave de los regímenes totalitarios y que recorre todo el siglo XX: la violencia. En resumidas cuentas, a través de la asociación y la proyección de la vaca en la mujer, su metaforización y los procedimientos lingüísticos de la novela especulativa, se problematiza un tema de ardiente actualidad en el mundo extradiegético: la violencia contra las mujeres (Alemán, 2022). A este respecto, Alemán indica que “la derogación semántica presente en expresiones de animalización de la mujer es desarticulada y a la vez proyectada a un nuevo nivel de significación, desde donde puede desmontar las trampas del lenguaje cotidiano” (2022: 45). Así, vemos una forma de trasladar la violencia cotidiana al plano ficcional y, adicionalmente, una manera de expandir las significaciones que estos procesos pueden tener a través de la ficción especulativa. Aunque no del todo directo, ya se empieza a vislumbrar, en cierta forma, el ambiente alienante y opresivo típico de los totalitarismos: “El sacrificio de unos pocos bien vale el bienestar general” (García Lao, 2020: 16-17), “la Junta sugirió evitar las conversaciones y las prendas de color verde. Se quemaron gorras, viseras, cantimploras” (2020: 17) o “El Estado interfiere de más. No hay intimidad posible” (2020: 40). Del mismo modo, se entrelazan una vez más preocupaciones históricas, característica fundamental de las ucronías. Puede ser de gran utilidad aludir al artículo de Daniel Lumbreras Martínez en el que se detalla la ucronía como género propio y se propone una división en subgéneros. El elemento que las distingue del resto de manifestaciones es que “no solo reflejan el mundo real, sino que […] re-crean, un mundo muy similar al real, pero distinto por un cambio crucial en el pasado histórico” (Lumbreras, 2023: 28). En el caso de Nación vacuna, el punto de inicio de la especulación está estrechamente vinculado con la historia del país. Se parte de la presuposición de la victoria de la Guerra de Malvinas por la Argentina en 1982: “Desde que ganamos la guerra, todo se descompuso. La ciudad se llenó de funcionarios, el cielo parece otro. La Junta que asumió el poder se instaló acá, en Rawson” (García Lao, 2020: 10). O al menos esto se hace creer al lector en las primeras páginas. Durante el transcurso de la novela, se irá viendo cómo la Junta manipula constantemente la información que decide dar a la población: “Escribe: La Junta ha decidido abrir una inscripción pública. Hace una pausa. Nos mira. Se fingirá evaluar a las nuevas.” (2020: 53), “Mañana el periodismo oficial construirá una excusa” (2020: 100), pero la culminación de la farsa absoluta se revela en la última página de la novela, cuando Jacinto y otros personajes logran llegar a las M: “Los colores del enemigo ondean sobre el mástil. Perdimos” (García Lao, 2020: 140).

De esta forma, asistimos a una doble revelación. Por un lado, se desvela a los personajes que la nación había sufrido la derrota de la guerra y que la Junta había mantenido una farsa desde entonces. Por el otro, se devela esto al lector, puesto que sigue el relato desde la perspectiva subjetiva del narrador intradiegético Jacinto. Por eso, la novela no es una ucronía stricto sensu. En realidad, la nación pierde la guerra como ocurre en la realidad extradiegética, pero la manipulación de la Junta es tan grande que permea completamente la visión de la realidad que tiene el narrador, con una consecuente pervivencia de la mentira en la percepción del lector. Esta manipulación mediática es vinculante a la realidad argentina y se puede observar en el uso que hizo el dictador Jorge Rafael Videla del Mundial de Argentina, celebrado en 1978 (Flores Álvarez-Ossorio, 2014: 5). Un procedimiento similar se observa en la novela cuando la Junta promueve celebraciones:

 

Para compensar la escasez ideológica y la falta de recursos, la Junta abandona su impasividad y promueve el día de la Guerra Ganada. Reparten banderines y miniaturas de torpedo para recordar a los héroes. […] Traigan con vida a los héroes y recuperen la flota. La Junta dice tener otros propósitos. No sabemos cuáles. (García Lao, 2020: 30)

 

Asimismo, las consecuencias del estado de control total, la vigilancia absoluta y la manipulación de la (des)información se ven reflejadas en las reacciones de Jacinto, pues ve completamente anulada su individualidad y pasa a sentirse parte de un engranaje, una pieza más del plan de la Junta, totalmente enajenado de la realidad. Como consecuencia, se vuelve impasible y cínico frente a la realidad que debe soportar:

 

El mundo se revela a mi alrededor como una montaña asquerosa. Entonces, la creencia de no ser más que la pata de un ciempiés. Un miembro imbécil que ayuda al movimiento. No vuelvo a dormir, imposible, cerrar los ojos. Me ducho sin un gesto y tomo un café tibio, como yo. La pasión ya no sirve. (García Lao, 2020: 42)

 

Sin embargo, antes de visitar el Frigorífico, escena crucial en vista de que parece ser el momento en el que queda claro lo que sucede a las mujeres no seleccionadas para y por el plan, se percibe un cambio radical en la actitud del protagonista: “Me he pasado la vida esquivando el horror, ya es hora de enfrentarlo” (García Lao, 2020: 77). A pesar de todo, Jacinto y el resto de los contestatarios verán sus intentos frustrados. Como consecuencia se plasma una sensación constante de fracaso y de imposibilidad de cambio que se respira a lo largo del devenir de los eventos. El momento culmen de la frustración será el final donde a la derrota personal de Jacinto se le une la de la nación (en verdad las M pertenecen al enemigo).

A esta perspectiva se debe añadir lo que anotan Bueno y Rediver Guizzo: “A manipulação dos fatos que existe em Nación vacuna não tem como objetivo principal manipular a memória individual ou coletiva, mas sim garantir que a história argentina seja a história escolhida pela Junta Militar” (2020: 152). Siguiendo esta idea, podría observarse que la historia argentina se vuelve la historia seleccionada por la Junta Militar, lo mismo que ocurría en el caso argentino anteriormente citado. Por consiguiente, emerge indudablemente una preocupación y una reflexión consciente acerca del trauma dictatorial del país natal de la autora. A esto, se deben sumar las preocupaciones más recientes como la violencia de género, la mentira política y la manipulación de los medios oficiales o el patriotismo descontrolado de los oprimidos por el régimen.

Finalmente, se puede observar que la relación con el pasado es fundamental para el entendimiento de la novela.[8] Con todo, esta no se limita a reflexionar en torno a lo transcurrido, sino que expande su horizonte, aborda preocupaciones actuales y permite releer el trauma histórico de nuevas formas. A través de la ficción y la especulación, se hace patente que la posmemoria se realiza desde la creación y con una devoción imaginativa (Hirsch, 2012).

 

Conclusiones

A lo largo de este estudio se ha intentado comprobar el espacio que la ciencia ficción podía ofrecer a las segundas generaciones, hijos de la violencia de un estado dictatorial. A la vez, se ha realizado una aproximación a los vínculos que se pueden establecer entre el mundo intradiegético de estas dos muestras de ciencia ficción argentina y el mundo extradiegético, con la intención de vislumbrar las maneras en las que utilizan el pasado para poder procesar la violencia dictatorial. De la misma manera, se ha podido observar que, en ambos casos, el hecho de evocar el pasado de una nación no restringía las preocupaciones expuestas en las obras, pues en las dos coyunturas se asiste a un abordaje de temáticas y problemas del presente.

En conclusión, Las chanchas y Nación vacuna advierten sobre un futuro en el que prepondera la adulteración de la información ya sea a favor del bien personal, en el caso de Bruzzone, o a favor de un Estado fraudulento, que pretende ejercer el control sobre la población a través del falseamiento de la memoria nacional, en el caso de García Lao. Asimismo, tramitan la herida abierta por las conmociones de la violencia gracias a los mundos imaginados. No obstante, se arman de humor negro y parodia para poder traspasar los límites de la novela testimonial, aunque traten temas de hondo calado. Por tanto, eluden las formas de enunciación características de los textos más inmediatos a las convulsiones, a la par que renuncian a las narraciones miméticas; apostando por las facultades inherentes a la literatura no mimética, en este caso la ficción analítica y especulativa, que permite una lectura alegórica capaz de amalgamar los fantasmas recurrentes del ayer junto a las intranquilidades del hoy, con vistas a eludir un porvenir pesadillesco y alienante. Recordando la “memoria ejemplar” apuntada por Todorov (2000: 43), este tipo de prosa permitiría revisitar lo ocurrido para poder obrar en el presente sin caer en el sometimiento de este al pasado, como ocurre con la “memoria literal”. Así pues, a la hora de pensar en géneros que sean críticos respecto a su tiempo y la historia, cobran cada vez más fuerza las palabras de Martín Felipe Castagnet (1986), según las cuales: “la ciencia ficción es el nuevo realismo” (en Bruno, s.f.).

 

 

Referencias bibliográficas

 

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[1] En nuestro estudio, entenderemos la ciencia ficción como un género caracterizado por narrar hechos imposibles, pero no sobrenaturales, dado que dichos acontecimientos poseerían una explicación racional basada en la ciencia o la tecnología (López-Pellisa, 2018:11). Si bien “ficción especulativa” ha sido usado para definir al género (López-Pellisa, 2018:10), también se suele usar para englobar otros géneros como la fantasía o el terror, entre otros.

[2] La distopía es un subgénero de la ciencia ficción en el que se construye un mundo a partir de la reflexión sobre las problemáticas del presente. Entendemos la ucronía como un subgénero en el que se desarrolla un mundo alternativo a partir de un cambio en algún acontecimiento histórico.

[3] Carlos Gamerro (1962) es un escritor, traductor y crítico argentino. Su primera obra, también una ficción especulativa, Las islas (1998), es uno de los libros que tempranamente reflexionan acerca de la guerra. En esta novela, el simulacro y las varias representaciones de la guerra (videojuegos, maquetas, luchas en programas de televisión, recreaciones de la invasión en uno de los lagos de Palermo) cobran un papel fundamental (Kohan, 1999).

[4] García Lao hace referencia a ver la noticia en los periódicos franceses (Los Siete Locos, 2017, 9m55s).

[5] La novela testimonial es un género que intenta adherirse a la realidad y a la referencialidad directa de esta, con la voluntad de denunciar ciertos hechos vividos. Para un estudio detallado del género y de la literatura de la postdictadura, véanse Avelar (2000) y Ros (2012).

[6] Dada la cercanía temporal entre la publicación del artículo de Federico Cantoni (2024) y el envío del presente estudio, no nos fue posible incorporar su reflexión. No obstante, constatamos que aborda la misma obra de Bruzzone que aquí analizamos.

[7] Una continuidad se puede notar también en la portada de Las chanchas, puesto que se mantienen varios elementos de la portada de Los topos, aunque se cambian otros para acercarlo a la ciencia ficción (González Álvarez, 2020: 131).

[8] A pesar de no poder desarrollarse en detalle, cabría destacar la posible relación con el acervo literario argentino. La obra parece dialogar con “El matadero” (1871) de Esteban Echeverría desde los paratextos y algunos de los temas tratados como la cuestión de la carne, de las reses, lo abyecto, entre otros. Asimismo, podría pensarse otro paralelo si se traza una línea de conexión con el ensayo Argirópolis (1850) de Domingo Faustino Sarmiento.