La ciencia ficción como herramienta
para seguir narrando el trauma: Un estudio de Las chanchas (2014), de Félix Bruzzone, y Nación vacuna (2020), de Fernanda García Lao
Sci-fi as a
tool to keep narrating trauma: A study on Las chanchas (2014), by Félix Bruzzone, and Nación
vacuna (2020), by Fernanda García Lao
Matías
Ezequiel Mondo
Universidad de
Salamanca
https://orcid.org/0000-0003-3324-9040
Recibido: 15/01/2025
Aceptado: 30/10/2025
https://doi.org/10.30827/impossibilia.302025.32598
Resumen
En los últimos años del siglo xxi se ha notado un creciente interés
por la ciencia ficción. El presente artículo pretende estudiar la relación
posible entre este género, la historia y la (pos)memoria. Para ello se sirve,
por un lado, de algunas apreciaciones teórico-literarias y, por otro, establece
vínculos con algunas teorías de estudios culturales como las de Hirsch (2000).
Posteriormente, se analizan en detalle dos novelas desde esta perspectiva.
Primero, Las chanchas (2014), de
Félix Bruzzone. En segundo lugar, Nación
vacuna (2020), de Fernanda García Lao. Finalmente, se pretende demostrar
cómo el pasado dictatorial de Argentina sigue siendo fuente de repensamientos
para las nuevas generaciones de autores.
Palabras clave: Argentina, Ciencia
ficción, Posmemoria, Narrativa latinoamericana.
Abstract
In recent
years, there has been a growing interest in sci-fi. This article aims to study
the possible relationship between this genre, history and (post)memory. To do
so, it uses, on the one hand, some literary theoretical insights and, on the
other hand, it establishes links with some theories of cultural studies such as
those of Hirsch (2000). Subsequently, two novels are analyzed in detail from
this perspective. First, Las chanchas
(2014), by Félix Bruzzone. Secondly, Nación
vacuna (2020), by Fernanda García Lao. Finally, the study aims to
demonstrate how Argentina’s dictatorial past continues to be a source of “rethinking”
for new generations of authors.
Keywords:
Argentina, Sci-Fi, Postmemory, Latin American Fiction.
Introducción
En las últimas décadas del siglo
xxi hemos asistido a una
progresiva y creciente revalorización de la ciencia ficción escrita en español.
En contra de la situación que divisaba Borges para su siglo en el prólogo a La invención de Morel, parece ser que
cada vez son menos “infrecuentes” las obras de “imaginación razonada” (1998:
91).
Según
Araceli Alemán, apoyándose en las investigaciones sobre el panorama argentino
realizadas por Drucaroff (2007), Dellepiane (1989) y Pérez Gras (2020), se
puede identificar “un corpus creciente de narrativa anticipatoria y
especulativa argentina contemporánea con variantes distópicas, apocalípticas,
posapocalípticas, ucrónicas y entre-cruzadas con el fantasy y el terror” (Alemán, 2022: 30). Por ello, resulta indispensable acercarse
a las posibilidades presentadas en estas nuevas tendencias.
Para el
presente artículo se pondrá el foco en dos muestras recientes de ciencia
ficción[1]
argentina: Las chanchas, de Félix
Bruzzone (2014) y Nación vacuna, de
Fernanda García Lao (2020). En cuanto a la adscripción genérica de las dos
obras, nos encontramos ante una distopía, en el caso de Bruzzone, y ante una
ucronía, en el caso de García Lao.[2]
Más allá de ser novelas de actualidad, en ambas se puede destacar un innegable
diálogo con la historia argentina, en especial, con el turbulento periodo de la
dictadura (1976-1983). A partir de estas dos novelas, se intentarán rastrear
las posibilidades que la ciencia ficción está aportando a los varios autores
que siguen reflexionando y narrando nuevas formas de tramitar la herida aún
abierta.
La ciencia ficción al servicio de la
memoria
Desde sus inicios esta
literatura se ha visto acompañada de una gran crítica social. No es baladí que
algunas de las obras más reconocidas tengan grandes implicaciones históricas y
políticas (piénsese, por ejemplo, en Un
mundo feliz [1932] de Aldous Huxley, 1984 [1949] de George Orwell o Fahrenheit 451 [1953] de Ray Bradbury).
Tampoco es coincidencia que todas estas obras sean distopías, subgénero que
destaca “en la presentación ante su público de un mensaje con carga política y
denuncia social” (Escandell-Montiel, 2023: 28).
La distancia
ficcional que se crea entre la realidad intradiegética y la realidad
extradiegética permite a los autores especular y reflexionar en torno a las
múltiples preocupaciones que les pueda suscitar la situación de su
contemporaneidad. Al respecto, señala Escandell-Montiel en un reciente artículo
perteneciente al dossier “Literatura
y ciencia ficción” que “hablar de futuros lejanos, de ucronías, y demás, es una
excusa para hablar de lo más inmediato y contemporáneo” (2023: 28). En el mismo
dossier, Ricardo Menéndez Salmón
insiste: “La distopía no habla de los anhelos por mejorar el porvenir, sino de
las ansiedades y terrores actuales. El matiz pesimista que invade lo distópico
procede de esta pregnancia” (2023: 31). Por consiguiente, se puede observar con
claridad el carácter crítico de las distopías y las ucronías respecto a su
presente al manifestar un mundo diferente, alienante y desesperante donde las
preocupaciones inmediatas se llevan al extremo. La capacidad alegórica de la
ciencia ficción es una de las razones por las cuales se ha utilizado mayormente
para ejercer tenaces críticas. Además, al incluir referencias a realidades
alternativas ha sido aprovechada en más de una ocasión para escapar a la
censura. Todas estas ideas se pueden ver encarnadas en la historieta de ciencia
ficción El Eternauta (1957-1959), de
Héctor Germán Oesterheld (guionista) y Francisco Solano López (dibujante), hito
fundamental para la ficción especulativa de la Argentina. En El Eternauta 1969 y El Eternauta II se alegoriza la violencia política imaginando un
futuro en el que una invasión alienígena destruye a la mayor parte de la
población de la Tierra. Juan Salvo, protagonista del texto, se encarga de
narrar los eventos y representar ese destino fatal para el planeta que puede
ser leído como un engrandecimiento del desasosiego respirado por el autor en su
momento. Con el tiempo, también se leyó la primera entrega de esta forma. Sin
embargo, si se ha podido usar para criticar la inmediatez del contexto, surge
espontáneo preguntarse: ¿podría la ciencia ficción ser un espacio propicio a la
memoria?, ¿en qué coordenadas debería escribirse
En un estudio
sobre “2073”, de F. Bruzzone, y Soy un
bravo piloto de la nueva China, de Ernesto Semán, Teresa Basile se ha
acercado a esta problemática, efectuando una reflexión acerca de las
posibilidades que otorga la ciencia ficción a la literatura de los hijos/as
“por su capacidad para ir más allá de lo dado, de lo ‘real’” (Basile, 2020:
344) y permitir, entre otras cosas, el reencuentro con los padres
desaparecidos.
Mientras el
género puede tener un papel fundamental para que los hijos/as puedan tener ese
reencuentro con sus padres, surge la duda de si puede servir para otro tipo de
memoria generacional que abarque tanto a Bruzzone como a García Lao. Además, en
ninguna de las dos obras se problematiza el papel de los padres desaparecidos,
sino que se asedian otras cuestiones. En este sentido, un autor como Carlos
Gamerro[3]
llega a escribir en referencia a las Malvinas,
presentes en varias de sus ficciones (a pesar de no haber vivido la guerra),
que la “literatura puede ser inversamente autobiográfica: la historia de lo que
no nos ocurrió, sino de lo que nos podría haber ocurrido” (citado por Blejmar,
2017: 204). Asimismo, Martín Kohan nos entrega una meditación en torno a dichos
temas en su novela Dos veces junio
(2002), y también lo hacen Patricia Ratto en Trasfondo (2012) o Federico Lorenz en Para un soldado desconocido (2022), entre muchos otros textos.
Acorde a estos ejemplos, se puede advertir que la confrontación bélica tuvo
gran calado en la sociedad argentina, y que, posteriormente, se manifiesta en
las producciones literarias, aunque ninguno de estos autores haya experimentado
el enfrentamiento.
Esta posición
explicitada por Gamerro se puede relacionar estrechamente con Nación vacuna, donde se especula acerca de una guerra que la autora presenció
estando fuera de la Argentina.[4]
De la misma manera, se podría relacionar con una de las tantas lúcidas
afirmaciones realizadas por Tzvetan Todorov en su célebre ensayo Los abusos de la memoria (2000). Al
hablar de la memoria ejemplar frente a la literal, observa:
Si se hubiera
inclinado por la memoria literal, Rousset habría pasado el resto de su vida
sumergiéndose en su pasado, restañando sus propias heridas, y alimentando su
resentimiento hacia quienes le habían infligido un dolor inolvidable. Al
inclinarse por la memoria ejemplar, escogió utilizar la lección del pasado para
actuar en el presente, dentro de una situación en la que él no es actor, y que
no conoce más que por analogía o desde el exterior. (Todorov, 2000: 43)
Esta defensa de la “memoria
ejemplar” podría enlazar con la búsqueda que se realiza desde la ciencia
ficción acerca de cuestiones que involucran la memoria y la posmemoria, término fundamental para el
estudio y la comprensión de estas obras en su contexto (Hirsch, 2012).
Recordemos que, en este género, “[el] mundo alternativo sólo es tomado en
cuenta desde su relación moral […]” (Moreno, 2014: 154), por lo que se estaría ejerciendo
un proceso de abstracción y relación entre el mundo propuesto en la obra, intradiegético,
y el mundo real del lector, extradiegético. Gracias a esto, la ciencia ficción
“se convierte en el espacio privilegiado para resolver las inestabilidades
identitarias que acechan a estos jóvenes” (Basile, 2020: 336).
En cuanto a
la posmemoria, Marianne Hirsch se ha
encargado de precisar el alcance señalando que:
Postmemory is a powerful and very particular form of memory precisely
because its connection to its object or source is mediated not through
recollection but through an imaginative investment and creation. […] Postmemory
characterizes the experience of those who grow up dominated by narratives that
preceded their birth, whose own belated stories are evacuated by the stories of
the previous generation shaped by traumatic events that can be neither
understood nor recreated. […] I believe it may usefully describe other
second-generation memories of cultural or collective traumatic events and
experiences. (Hirsch, 2012: 22)
Por consiguiente, el término posmemoria parece ser aplicable a los
dos autores que nos competen, ya que, como se desprende de la cita, puede
extenderse a otros grupos más allá del conformado por los hijos de los
supervivientes del Holocausto. Además, la condición de segunda generación les
permitiría tener una voz más crítica respecto a las generaciones que sufrieron
en su propia piel la experiencia dictatorial (Logie, 2019: 280). Dicha
observación podría, a su vez, ayudar a comprender el rápido anquilosamiento que
tuvo la novela testimonial.[5]
En ambas obras, el humor negro y la parodia, los modos oblicuos de expresión,
operarán constantemente alejándolas de lo esperable (González Álvarez, 2020:
120). Finalmente, partiendo de estas bases teóricas se intentará establecer la
relación que sostienen una y otra obra, con el pasado histórico y la
(pos)memoria.
Secuestros y marchas. Acercamiento a Las chanchas
Félix Bruzzone, autor argentino
e hijo de desaparecidos, salta al panorama literario con dos publicaciones muy
cercanas temporal y temáticamente: 76
(2007), un libro de cuentos, y Los topos
(2008), su novela más aclamada. En ambos textos, encontramos una
reinterpretación de la experiencia de los HIJOS y sus consecuencias
representadas a través de sus múltiples personajes. La mayor parte de la
literatura crítica se focaliza en Los
topos (González Álvarez, 2020), que, desde un primer momento, destacó entre
las obras de los escritores noveles argentinos del siglo xxi. Posteriormente, el autor publica
otros libros como Barrefondo (2010), Las chanchas (2014), Campo de Mayo (2019) y 307 consejos para escribir una novela
(2023).
Para el
análisis propuesto pondremos el acento en Las
chanchas (2014).[6]
En líneas generales, la trama presente en la novela se sintetizaría apuntando
que, en una tarde en Marte, Andy se encuentra en su casa y escucha a dos
chicas, Lara y Mara, gritando desde la calle. Se asoma y logra comprender que
están pidiendo ayuda porque las intentaron secuestrar en una camioneta blanca.
Después de esto, Andy las calma y las deja entrar a su casa. Al volver a entrar
recuerda que su pareja, Romina, volverá en breve y decide hacer que las dos
jóvenes se encierren en el “cuartito del fondo” (Bruzzone, 2014: 16) para que
no se sospeche una posible infidelidad. En ese momento, se pone en acto el
secuestro, quizás inocente, de las dos chicas. Por varios motivos, Andy
comienza a posponer la liberación de las chicas y con la ayuda de Gordini, un
tío suyo, mantendrá a las chicas secuestradas durante gran parte de la novela.
Progresivamente, la situación de la desaparición de las dos chicas se volverá
un asunto relevante para todo el barrio y Romina comenzará a militar y
organizar periódicas marchas barriales buscando justicia y el retorno de las
desaparecidas que, en realidad, se encuentran en su propio hogar.
En el caso de
esta novela, se han planteado múltiples lecturas con respecto a su adscripción
genérica. Por un lado, Lucía De Leone parece defender que Marte existe solo en
la cabeza de Andy (De Leone, 2015). Por otro lado, Nicolás García defiende que Las chanchas es una novela de ciencia
ficción y argumenta este hecho (García, 2021). Para este estudio, partiremos
retomando parcialmente los lineamientos de Jordana
Blejmar (2016; 2017). La
investigadora asedia múltiples cuestiones: la construcción autoficcional; la
animalización de los humanos y la humanización de los animales; y la evasión de
referencias al pasado argentino. Haciendo un repaso por las varias obras de
Bruzzone analiza consecuentemente cómo evoluciona el pacto ficcional
establecido entre el autor y el lector. A raíz de esto, procede a explicar
perspicazmente la manera en la que, dentro de la obra, se abandona el contexto
autorreferencial que había marcado 76 y
Los topos:
In Las chanchas there is no
mention whatsoever of the dictatorship or even any reference to Argentina. Yet
this is still a story of kidnappings, marches for Truth and Justice, victims,
perpetrators, witnesses and abducted children. But these familiar topics [...],
characters [...] and places [...] in Bruzzone’s literature are defamiliarized
in this novel, allowing the readers to look at them with new eyes, as if for
the first time. (Blejmar, 2016: 149-150)
En consecuencia, aunque se
abandonen las referencias más claras al contexto extradiegético argentino, la
atmósfera sigue siendo similar y se pueden rastrear varios ecos de dicho
contexto y realidad. De la misma forma, el marco especulativo permite que los
lectores puedan procesar estas cuestiones “with new eyes” (Blejmar, 2016: 150),
rasgo fundamental para comprender las posibilidades que este tipo de literatura
brinda a la hora de afrontar temáticas ya exploradas. La primera, quizás la más
clara, de las similitudes rastreables es el de la desaparición de las chicas y
la consecuente militancia política de Romina. El secuestro de Mara y Lara
articula la trama de la novela, junto a sus consecuencias, entre las cuales
hallamos las manifestaciones barriales, la preocupación creciente de Romina o
la preparación de una serie de actos de magia y karaoke que llevarán a Andy,
Gordini y las jóvenes a deambular y viajar sin un rumbo preciso más que la mera
realización de estos eventos. Ese arranque genera un rápido desenvolvimiento de
los hechos, que pasan a ser inesperados y caóticos; y de hecho, a lo largo de
la novela, al igual que en Los topos,
asistimos a una multiplicación y proliferación de la peripecia (González
Álvarez, 2021: 151-152).
Dado que se
han mencionado las actuaciones realizadas, es imprescindible destacar su
importancia para aprehender el sentido total de la novela. Según Nicolás
García, este acontecimiento es esencial para exponer otra de las cuestiones que
se problematizan en esta distopía: la espectacularización y la influencia de
los medios de comunicación masiva (2021). Para él, el viaje es uno de los
momentos capitales que representa “[…] el cinismo de Andy y su abandono al
imaginario de la cultura del entretenimiento.” (García, 2021: 116). De este
modo, se empieza a intuir que, si bien se está abordando algo tan relacionado
con el pasado reciente como los secuestros y las desapariciones, también, se
están afrontando temáticas de llameante actualidad como el simulacro, la
alienación y sus efectos.
Otro aspecto
que señala un diálogo entre el pasado histórico y su relación con el presente
podría ser el de la militancia política y las organizaciones de derechos
humanos, pues permea parte de la novela, a la vez que muestra la realidad
argentina de las últimas décadas. Ya en Los
topos, uno de los personajes, también llamado Romina, milita activamente en
la agrupación política HIJOS. En esta novela, en cambio, el personaje homónimo
lidera las marchas barriales y se involucra lo máximo posible en la reaparición
de las dos jóvenes. Esta continuación y coqueteo transficcional[7]
en la evolución del personaje ya fue apuntada parcialmente con anterioridad por
Lucía De Leone (2015). Más allá de que en ambas novelas milite, tampoco es
baladí la elección del nombre para la marcha que organiza: “Escribe, arriba de
todo: ‘Marcha de los palos de hockey’” (Bruzzone, 2014: 43). Dentro de la
diégesis, se hace referencia a que las chicas desaparecidas son jugadoras de
hockey, y que, por eso, se eligen los palos, pero no es difícil pensar en una
relación extradiegética con las Marchas de los pañuelos blancos. Blejmar indica
al respecto que la alusión parece clara y señala la relación existente entre la
organización que Romina imagina como “‘Madres de los palos’” (Bruzzone, 2014:
46) con las Madres de Plaza de Mayo (Blejmar, 2017: 207-208).
Además, a
pesar de hacerse eco de violencias pasadas, se ejerce, a la vez, una
representación crítica de otras formas más recientes como la inseguridad urbana
y algunos de sus eventos más recurrentes (por ejemplo, los secuestros). En
consecuencia, puede notarse que se dialoga y se establece un vínculo entre la
militancia política de HIJOS y los nuevos tipos de militancia, retomando así
traumas inherentes al pasado histórico de la nación y actualizándolos; estos se
trasladan, a su vez, a un plano contemporáneo que da cuenta de la importancia
de los sistemas mediáticos y del rol que la fama puede desempeñar en la
realidad.
Se puede
observar, pues, que, con la representación de estas cuestiones en un contexto
lejano, enmarcado en la ciencia ficción, se atacan las formas en las que se ha
intentado hacer justicia y memoria. No se cuestiona solamente a las
organizaciones, sino también a las víctimas por cómo actúan y responden. En la
novela, Lara y Mara se interesan en las marchas solamente por la progresiva
fama que están ganando. Por ello, se divisa un claro juicio al sistema y a la
forma en la que se ha buscado rememorar y hacer memoria en las últimas décadas,
a la vez que se resignifica la cuestión y se renueva tratando problemas
estrictamente contemporáneos.
Junto a esto,
es digno de mención cómo Blejmar nos demuestra, en los estudios susodichos, que
no solo Las chanchas, sino sus varias
“obras son, además, lúcidas reflexiones sobre cómo la figura de la víctima ha
sido ‘secuestrada’ por diferentes políticas de la memoria, el estado, las
narrativas familiares y culturales, hasta el punto de volverse muchas veces una
figura casi paródica” (Blejmar, 2017: 217). Por lo que se puede observar que, a
pesar de abandonar el contexto realista y presentar la acción en Marte, el
autor sigue reflexionando acerca de traumas y cuestiones abordadas
anteriormente en su obra. Sobre Las
chanchas el mismo autor señala en una entrevista:
no iba a medirse
con nada de lo anterior. Y extrañar las cosas desde el principio, decir ‘Es una
tarde cualquiera en el planeta Marte’, pretendía un poco marcar esa distancia.
[…] La situación del secuestro de las chicas, inevitablemente, por más Marte que
sea, […] trae a cuento los secuestros que hay en mis otras novelas. (Bruzzone
en Caamaño, 2015, s.p.)
Vemos que la decisión de
utilizar la ciencia ficción no distancia ni aleja al autor de su contexto. Es
más, permite utilizar la especulación para observar desde otro ángulo,
expandiendo así las posibilidades ficcionales. A esta apertura que dan los
mundos posibles de la ciencia ficción, se debe añadir la cuestión autoficcional
entendida como “un momento intratextual, de pliegue narrativo, en el que
el yo irrumpe en el texto para generar un efecto […] reforzar retóricamente al
proceso autofigurativo” (González-Álvarez, 2021: 19) que atraviesa la novela.
Podríamos considerar que el libro se encuentra próximo a la denominada
“autoficción no mimética” postulada por López-Pellisa: “para hacer referencia
al hiperónimo que podría englobar todas las modalidades de los géneros
autoficcionales no realistas” (López-Pellisa, 2021: 39). Este aspecto se haría
patente y afectaría a la sección narrada por Andy quien comparte rasgos con
otros personajes de Bruzzone como el narrador de Los topos y, por consecuencia, con el propio autor. Para reforzar
este carácter autoficcional debemos ponderar los elementos que remiten a ese
pasado dictatorial presentes en la novela como las marchas o los secuestros y
el imaginario compartido con el resto de su obra.
En suma, en Las chanchas, Bruzzone aprovecha las
estrategias de la ciencia ficción para poder hablar de los traumas pasados y, a
la vez, resignificarlos y actualizarlos al contexto más inmediato. De esta
forma, conseguiría romper con lo esperable, estableciendo, así, nuevas formas
de dialogar con el pasado histórico del país, el trauma personal y el presente
que habita.
Farsa y represión. El control en Nación vacuna
Fernanda García Lao, escritora
argentina que reside en España desde el exilio de su familia en 1976 —cuando su
padre, el periodista Ambrosio García Lao, se vio amenazado durante el periodo
de la dictadura—, cultiva diversos géneros como el teatro, la novela, la poesía
y el cuento. Entre sus publicaciones más destacadas se encuentran el
espectáculo teatral-musical La amante de Baudelaire (2004-2007),
galardonado con el Premio Cumbre de las Américas; el reciente volumen de
cuentos Teoría del tacto (2023); y las novelas Sulfuro (2021) y Nación
vacuna (2020), objeto esta última de nuestro estudio.
Aquí nos
encontramos una realidad alternativa en la que Argentina tiene una organización
completamente diferente. La Capital Federal está desplazada a Rawson, debido a
la victoria de la Guerra de las Malvinas, llamadas las M en toda la novela. En
esta sociedad, la mayoría de sus habitantes se alimentan con cápsulas hechas de
carne de mujeres. Jacinto Cifuentes, protagonista y narrador de la obra, nos
muestra desde dentro un sistema alienante en el que se selecciona a mujeres
para inmunizarlas y posteriormente enviarlas a las islas M, donde algunos
sobrevivientes del conflicto bélico las esperan para preñarlas y dar lugar a
una sociedad ideal. Sin embargo, el final de la novela nos revela la farsa
mantenida por el Estado y todos sus medios.
En su
acercamiento, Araceli Alemán (2022) se aproxima
a la novela desde la poética cognitiva y se centra sobre todo en la contigüidad
semántica entre los elementos femeninos y lo animal, en este caso, lo vacuno.
Si bien hace alguna que otra mención al trasfondo histórico, no es el foco del
estudio, por lo que este queda relegado a un segundo plano. Pese a esto, expone
un elemento clave de los regímenes totalitarios y que recorre todo el siglo XX:
la violencia. En resumidas cuentas, a través de la asociación y la proyección
de la vaca en la mujer, su metaforización y los procedimientos lingüísticos de
la novela especulativa, se problematiza un tema de ardiente actualidad en el
mundo extradiegético: la violencia contra las mujeres (Alemán,
2022). A este respecto, Alemán indica que “la
derogación semántica presente en expresiones de animalización de la mujer es
desarticulada y a la vez proyectada a un nuevo nivel de significación, desde
donde puede desmontar las trampas del lenguaje cotidiano” (2022: 45). Así, vemos
una forma de trasladar la violencia cotidiana al plano ficcional y,
adicionalmente, una manera de expandir las significaciones que estos procesos
pueden tener a través de la ficción especulativa. Aunque no del todo directo,
ya se empieza a vislumbrar, en cierta forma, el ambiente alienante y opresivo
típico de los totalitarismos: “El sacrificio de unos pocos bien vale el
bienestar general” (García Lao, 2020: 16-17), “la Junta sugirió evitar las
conversaciones y las prendas de color verde. Se quemaron gorras, viseras,
cantimploras” (2020: 17) o “El Estado interfiere de más. No hay intimidad
posible” (2020: 40). Del mismo modo, se entrelazan una vez más preocupaciones
históricas, característica fundamental de las ucronías. Puede ser de gran
utilidad aludir al artículo de Daniel Lumbreras
Martínez en el que se detalla la ucronía como género propio y se propone una
división en subgéneros. El elemento que las distingue del resto de
manifestaciones es que “no solo reflejan el mundo real, sino que […] re-crean, un mundo muy similar al real,
pero distinto por un cambio crucial en el pasado histórico” (Lumbreras, 2023:
28). En el caso de Nación vacuna, el
punto de inicio de la especulación está estrechamente vinculado con la historia
del país. Se parte de la presuposición de la victoria de la Guerra de Malvinas
por la Argentina en 1982: “Desde que ganamos la guerra, todo se descompuso. La
ciudad se llenó de funcionarios, el cielo parece otro. La Junta que asumió el
poder se instaló acá, en Rawson” (García Lao, 2020: 10). O al menos esto se
hace creer al lector en las primeras páginas. Durante el transcurso de la
novela, se irá viendo cómo la Junta manipula constantemente la información que
decide dar a la población: “Escribe: La Junta ha decidido abrir una inscripción
pública. Hace una pausa. Nos mira. Se fingirá evaluar a las nuevas.” (2020:
53), “Mañana el periodismo oficial construirá una excusa” (2020: 100), pero la
culminación de la farsa absoluta se revela en la última página de la novela,
cuando Jacinto y otros personajes logran llegar a las M: “Los colores del
enemigo ondean sobre el mástil. Perdimos” (García Lao, 2020: 140).
De esta
forma, asistimos a una doble revelación. Por un lado, se desvela a los
personajes que la nación había sufrido la derrota de la guerra y que la Junta
había mantenido una farsa desde entonces. Por el otro, se devela esto al
lector, puesto que sigue el relato desde la perspectiva subjetiva del narrador
intradiegético Jacinto. Por eso, la novela no es una ucronía stricto sensu. En realidad, la nación
pierde la guerra como ocurre en la realidad extradiegética, pero la
manipulación de la Junta es tan grande que permea completamente la visión de la
realidad que tiene el narrador, con una consecuente pervivencia de la mentira
en la percepción del lector. Esta manipulación mediática es vinculante a la
realidad argentina y se puede observar en el uso que hizo el dictador Jorge
Rafael Videla del Mundial de Argentina, celebrado en 1978 (Flores
Álvarez-Ossorio, 2014: 5). Un procedimiento similar se observa en la novela
cuando la Junta promueve celebraciones:
Para compensar la
escasez ideológica y la falta de recursos, la Junta abandona su impasividad y
promueve el día de la Guerra Ganada. Reparten banderines y miniaturas de
torpedo para recordar a los héroes. […] Traigan con vida a los héroes y
recuperen la flota. La Junta dice tener otros propósitos. No sabemos cuáles.
(García Lao, 2020: 30)
Asimismo, las consecuencias del
estado de control total, la vigilancia absoluta y la manipulación de la
(des)información se ven reflejadas en las reacciones de Jacinto, pues ve
completamente anulada su individualidad y pasa a sentirse parte de un engranaje,
una pieza más del plan de la Junta, totalmente enajenado de la realidad. Como
consecuencia, se vuelve impasible y cínico frente a la realidad que debe
soportar:
El mundo se revela
a mi alrededor como una montaña asquerosa. Entonces, la creencia de no ser más
que la pata de un ciempiés. Un miembro imbécil que ayuda al movimiento. No
vuelvo a dormir, imposible, cerrar los ojos. Me ducho sin un gesto y tomo un
café tibio, como yo. La pasión ya no sirve. (García Lao, 2020: 42)
Sin embargo, antes de visitar el
Frigorífico, escena crucial en vista de que parece ser el momento en el que
queda claro lo que sucede a las mujeres no seleccionadas para y por el plan, se percibe un
cambio radical en la actitud del protagonista: “Me he pasado la vida esquivando
el horror, ya es hora de enfrentarlo” (García Lao, 2020: 77). A pesar de todo,
Jacinto y el resto de los contestatarios verán sus intentos frustrados. Como
consecuencia se plasma una sensación constante de fracaso y de imposibilidad de
cambio que se respira a lo largo del devenir de los eventos. El momento culmen
de la frustración será el final donde a la derrota personal de Jacinto se le
une la de la nación (en verdad las M pertenecen al enemigo).
A esta
perspectiva se debe añadir lo que anotan Bueno y Rediver Guizzo: “A manipulação
dos fatos que existe em Nación vacuna
não tem como objetivo principal manipular a memória individual ou coletiva, mas
sim garantir que a história argentina seja a história escolhida pela Junta
Militar” (2020: 152). Siguiendo esta idea, podría observarse que la historia
argentina se vuelve la historia seleccionada por la Junta Militar, lo mismo que
ocurría en el caso argentino anteriormente citado. Por consiguiente, emerge
indudablemente una preocupación y una reflexión consciente acerca del trauma
dictatorial del país natal de la autora. A esto, se deben sumar las
preocupaciones más recientes como la violencia de género, la mentira política y
la manipulación de los medios oficiales o el patriotismo descontrolado de los
oprimidos por el régimen.
Finalmente,
se puede observar que la relación con el pasado es fundamental para el
entendimiento de la novela.[8]
Con todo, esta no se limita a reflexionar en
torno a lo transcurrido, sino que expande su horizonte, aborda preocupaciones
actuales y permite releer el trauma histórico de nuevas formas. A través de la
ficción y la especulación, se hace patente que la posmemoria se realiza desde
la creación y con una devoción imaginativa (Hirsch, 2012).
Conclusiones
A lo largo de este estudio se ha
intentado comprobar el espacio que la ciencia ficción podía ofrecer a las
segundas generaciones, hijos de la violencia de un estado dictatorial. A la
vez, se ha realizado una aproximación a los vínculos que se pueden establecer
entre el mundo intradiegético de estas dos muestras de ciencia ficción
argentina y el mundo extradiegético, con la intención de vislumbrar las maneras
en las que utilizan el pasado para poder procesar la violencia dictatorial. De
la misma manera, se ha podido observar que, en ambos casos, el hecho de evocar
el pasado de una nación no restringía las preocupaciones expuestas en las
obras, pues en las dos coyunturas se asiste a un abordaje de temáticas y
problemas del presente.
En
conclusión, Las chanchas y Nación vacuna advierten sobre un futuro
en el que prepondera la adulteración de la información ya sea a favor del bien
personal, en el caso de Bruzzone, o a favor de un Estado fraudulento, que
pretende ejercer el control sobre la población a través del falseamiento de la
memoria nacional, en el caso de García Lao. Asimismo, tramitan la herida
abierta por las conmociones de la violencia gracias a los mundos imaginados. No
obstante, se arman de humor negro y parodia para poder traspasar los límites de
la novela testimonial, aunque traten temas de hondo calado. Por tanto, eluden
las formas de enunciación características de los textos más inmediatos a las
convulsiones, a la par que renuncian a las narraciones miméticas; apostando por
las facultades inherentes a la literatura no mimética, en este caso la ficción
analítica y especulativa, que permite una lectura alegórica capaz de amalgamar
los fantasmas recurrentes del ayer junto a las intranquilidades del hoy, con
vistas a eludir un porvenir pesadillesco y alienante. Recordando la “memoria
ejemplar” apuntada por Todorov (2000: 43), este tipo de prosa permitiría
revisitar lo ocurrido para poder obrar en el presente sin caer en el
sometimiento de este al pasado, como ocurre con la “memoria literal”. Así pues,
a la hora de pensar en géneros que sean críticos respecto a su tiempo y la
historia, cobran cada vez más fuerza las palabras de Martín Felipe Castagnet
(1986), según las cuales: “la ciencia ficción es el nuevo realismo” (en Bruno,
s.f.).
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[1] En nuestro
estudio, entenderemos la ciencia ficción como un género caracterizado por
narrar hechos imposibles, pero no sobrenaturales, dado que dichos
acontecimientos poseerían una explicación racional basada en la ciencia o la
tecnología (López-Pellisa, 2018:11). Si bien “ficción especulativa” ha sido
usado para definir al género (López-Pellisa, 2018:10), también se suele usar
para englobar otros géneros como la fantasía o el terror, entre otros.
[2] La distopía es
un subgénero de la ciencia ficción en el que se construye un mundo a partir de
la reflexión sobre las problemáticas del presente. Entendemos la ucronía como
un subgénero en el que se desarrolla un mundo alternativo a partir de un cambio
en algún acontecimiento histórico.
[3] Carlos Gamerro
(1962) es un escritor, traductor y crítico argentino. Su primera obra, también
una ficción especulativa, Las islas
(1998), es uno de los libros que tempranamente reflexionan acerca de la guerra.
En esta novela, el simulacro y las varias representaciones de la guerra
(videojuegos, maquetas, luchas en programas de televisión, recreaciones de la
invasión en uno de los lagos de Palermo) cobran un papel fundamental (Kohan,
1999).
[4] García Lao
hace referencia a ver la noticia en los periódicos franceses (Los Siete Locos, 2017, 9m55s).
[5] La
novela testimonial es un género que intenta adherirse a la realidad y a la
referencialidad directa de esta, con la voluntad de denunciar ciertos hechos
vividos. Para un estudio detallado del género y de la literatura de la
postdictadura, véanse Avelar (2000) y Ros (2012).
[6] Dada la
cercanía temporal entre la publicación del artículo de Federico Cantoni (2024)
y el envío del presente estudio, no nos fue posible incorporar su reflexión. No
obstante, constatamos que aborda la misma obra de Bruzzone que aquí analizamos.
[7] Una
continuidad se puede notar también en la portada de Las chanchas, puesto que se mantienen varios elementos de la
portada de Los topos, aunque se
cambian otros para acercarlo a la ciencia ficción (González Álvarez, 2020:
131).
[8] A pesar de no
poder desarrollarse en detalle, cabría destacar la posible relación con el
acervo literario argentino. La obra parece dialogar con “El matadero” (1871) de
Esteban Echeverría desde los paratextos y algunos de los temas tratados como la
cuestión de la carne, de las reses, lo abyecto, entre otros. Asimismo, podría
pensarse otro paralelo si se traza una línea de conexión con el ensayo Argirópolis (1850) de Domingo Faustino
Sarmiento.