
Variación 2(1) 2025, pp. 159-190
Dalila Fasla
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establecido por el grado de formalidad discursiva, como ya hemos señalado. Así pues, la
interacción de este tipo de variables, que actúan de forma unitaria o conformando
intersecciones (de carácter binario, ternario o plural), dene los resultados del proceso de
variación en la lengua receptora.
Al margen de estos diferentes factores de covariación no debemos olvidar, por otra parte, el
contexto histórico-lingüístico de la sociedad andalusí
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en el que tiene lugar la interferencia que
determina la dirección del préstamo. En este encuentro de variables sociológicas,
condicionado por la identidad plural y por la diversidad implicada en la pertenencia grupal,
“todos los elementos étnicos (hispanos, bereberes, árabes, eslavos […]) se vieron sometidos
a un potente movimiento de asimilación social y cultural, jamás experimentado por ninguna
otra civilización. Fue en aquel momento cuando se vio nacer una nueva entidad sociocultural,
la andalusí” (Tahiri, 2021, p. 42); resultan asimismo representativos, en el contexto que nos
ocupa, ciertos fenómenos derivados del contacto por superestrato y adstrato entre lenguas (y
variedades de lengua)
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, cuyo uso como instrumento de comunicación intergrupal, constituye
un marcador de identidad socioétnica (v. gr., actitud lingüística, aculturación, alternancia de
lenguas, bilingüismo
5
, diglosia, elección de lengua, hibridación, megalotimia
6
). La inuencia
diacrónica de dichos fenómenos es de vital importancia en los mecanismos de transferencia
léxica (ár. andalusí-romance) porque puede determinar cuestiones tales como la datación
temprana o tardía del arabismo, la evolución histórica del étimo, su geografía léxica, su
pertenencia sociolectal o su rendimiento fonosemántico a través del contacto entre sistemas
y de la consecuente hibridación morfológica intrarromance.
Fruto del contacto etnolingüístico que caracterizó la sociedad andalusí, el caudal léxico de
nuestra lengua presenta un signicativo porcentaje de voces de origen árabe (con
aglutinación, deglutinación o asimilación del artículo al-) que han sido estudiadas desde
perspectivas metodológicas muy diversas. Las voces importadas contribuyeron a enriquecer
las series de hipónimos de la lengua receptora y no se prestaron tan solo para designar en su
mayor parte esferas de la vida cotidiana (v. gr., gastronomía, arbustos, plantas y ores,
estructuras hidraúlicas, urbanismo y vivienda, instituciones, juegos y costumbres, vestimenta,
joyas y adornos, instrumentos musicales y danzas, mobiliario y utensilios domésticos,
profesiones), dado que se han integrado igualmente en la terminología cientíco-técnica, para
nombrar referentes relativos sobre todo a la Arquitectura y Carpintería de lo blanco,
Astronomía, Botánica, Matemáticas (Álgebra, Aritmética, Geometría), Medicina, Química…; en
este sentido, “el mundo árabe aportó a occidente, […] un universo cientíco, originario tanto
del Mediterráneo oriental como del mundo clásico” (Moreno Fernández, 2015, p. 55). A este
conjunto léxico debe sumarse además el legado procedente de la onomástica (antropónimos
y topónimos), que como es obvio muestra un índice de frecuencia notorio en las zonas
geográcas sometidas a un mayor grado de contacto y aculturación; más aún, este singular
contacto interlingüístico no solo dejó su huella en el léxico y en el corpus terminológico
patrimonial, sino también en la fraseología, bajo la forma de calcos gramaticales
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.
4 Una descripción detallada de las diferentes lenguas o variedades en contacto (ár. clásico y andalusí, romandalusí, bereber, latín,
hebreo…) se recoge en el estudio de Vicente (2006, pp. 23-44); por lo que se reere a la consiguiente inuencia interlingüística, vid. García
Duarte (2021, pp. 67-105).
3 Sobre la delimitación de este concepto y de la realidad sociogeográca de al-Andalus, vid. Marín (1992, pp. 15-62), Corriente (2008, pp.
9-18), Maíllo Salgado (2013, s. v. andalusíes) y Fierro (2024).
5 Bilingüismo funcional favorecido “por la larga convivencia de las dos lenguas vernáculas consideradas mayoritarias, es decir, el
romandalusí y el árabe andalusí” (Vicente 2006, p. 47; cf. Fierro, 2024, § 2.3).
6 En relación con este concepto, véase la variedad de ejemplos de tendencias megalotímicas (Moreno Fernández, 2020b, pp. 24-28), “que
ostentan su existencia prácticamente en todas las comunidades y en todas las épocas”(p. 27).