fortuna de profundizar en su contenido,
que describiré más adelante. Solo a la
primera aproximación, por medio de su
título, captó mi total curiosidad y atención.
Pensé que era un acierto desde un punto
pedagógico por su carácter innovador, y
también para su difusión por lo motivador.
Una ojeada veloz a su índice y estructura
fue suficiente para que la invitación
ofrecida por la editorial no fuese el único
motivo de mi lectura, sino que mi plena
atención se despertó y mi motivación
emergió de momento.
Leí con detalle una presentación
muy coherente con el tópico de esta obra,
de manos de la directora general de la
Fundación Carlos Alcaraz, que valora,
desde su foco de la actividad físico-
deportiva y la superación de dificultades
de la infancia, el tridente Neurociencia,
Educación y Ciencias del deporte. Acierta
en lo que, a continuación, se plantea en el
prólogo del reconocido David Bueno de
que lo anterior conforma la conocida
Neuroeducación, precisa por sí misma y
por los momentos que atravesamos y su
tendencia al aislamiento, sedentarismo,
prisas y desconexión. Como salida atisba la
recuperación del cuerpo para aprender
con él en beneficio, además, de una
educación más humana, consciente y
coherente.
Tras lo anterior, el libro nos adentra
en un fascinante e insólito paradigma
emergente de enseñanza-aprendizaje,
partiendo de la exaltación del
“movimiento físico” y la “actividad
corporal” en el neurodesarrollo infantil,
como arquitectos del cerebro, tanto de su
estímulo como de su regulación cognitivo-
emocional. Y, cuando menos, beneficiosos
para el aprendizaje académico y
socioemocional y las funciones ejecutivas,
así como para la inclusión educativa y
bienestar psicológico, ilustrando el caso
del aprendizaje cooperativo. Advierte de
los peligros advertidos en el propio prólogo
de su compañero, profundizando en su
impacto negativo en el aprendizaje y
neurodesarrollo.
En la entrada siguiente, se plantea
otros postulados interesantes, sobre las
posibilidades del cuerpo para el
autoconocimiento y de creatividad. Su
basa en que sentimos a través del cuerpo
y, además, el movimiento es de lo que más
activación cerebral exige para su
ejecución. Y viceversa, el movimiento
estimula el cerebro para optimizar su
desarrollo y ejecución (memoria, atención,
concentración, etc.). No podría
expresarme mejor en el libro: “Todo
movimiento deja una huella (…) y cada
cuerpo es sujeto y trazo) (p. 49). De ahí que