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Editor CPAG
Vol. 30 (2020), In Memoriam, Páginas 5-6
DOI: https://doi.org/10.30827/cpag.v30i0.17793
Recibido: dic 27, 2020 Aceptado: dic 27, 2020 Publicado: dic 31, 2020
Derechos de autor

Resumen

Manuel Sotomayor Muro nació en Algeciras el 10 de diciembre de 1922 y falleció en Salamanca el 22 de julio de este año 2020. En 1939 ingresó en la Compañía de Jesús, siendo más tarde un reconocido historiador y arqueólogo. Licenciado en la Facultad de Filosofía S.I. de Chamartín de la Rosa (Madrid) en 1948, lo fue de Teología en la Universidad Gregoriana de Roma en 1953, y Doctor de Historia de la Iglesia en la misma Facultad en 1962. Desde 1956 impartió docencia en la Facultad de Teología de Granada, de la que fue Profesor Ordinario desde 1962 hasta su jubilación en 1993, con el cargo en los años 1973 y 1974 de Profesor extraordinario en el Pontificio Istituto di Archeologia Cristiana de Roma.

En 1969 se doctoró en Filosofía y Letras, rama de Historia, en la Universidad de Granada. Desde esos años estuvo muy vinculado a los Departamentos de Prehistoria y Arqueología e Historia Antigua de la Facultad de Filosofía y Letras de esta Univer- sidad, impartiendo seminarios y participando como docente invitado en los cursos de doctorado y másteres.

Fue Premio Andalucía (Patrimonio histórico) de la Junta de Andalucía en 1991, Miembro numerario de la Real Academia de Bellas Artes de Granada, desde 1988 y supernumerario desde 2004 y Miembro correspondiente del Deutsches Archäologis- ches Institut desde 1965, entre otros muchos honores.

La docencia que impartirá a lo largo de todos estos años estuvo básicamente centrada en Historia de la Iglesia, Arqueología cristiana e Iconografía paleocristiana. Como arqueólogo, destacan sus investigaciones centradas en el estudio de la cerámica romana, con intervenciones en los  alfares de Andújar o de  la  Cartuja de  Granada, el estudio de la ocupación rural romana en Andalucía, dirigiendo las intervenciones arqueológicas en las villas de Bruñel, en Quesada (Jaén), y de Gabia la Grande en Granada, así como el proyecto sobre la Granada ibero romana.

Buen difusor de conocimiento, participó en congresos, seminarios, e impartió docencia como invitado en numerosas universidades, cómo la Menéndez Pelayo, la Facultad de Teología de Cataluña, o la de Barcelona, siendo Profesor invitado en la Universidad “Rafael Landívar” de Guatemala en el año 1991.

Entre sus publicaciones destacamos “Sarcófagos romano-cristianos de España. Estudio iconográfico” (1975), “Cultura y picaresca en la Granada de la Ilustración.

D. Juan de Flores y Oddouz” (1988), con una nueva edición corregida y titulada “Don Juan de Flores y Oddouz, pícaro y mártir” (2007). Publicó asimismo “El Mundo Anti- guo, Historia del Cristianismo I” (2005), como coordinador junto al profesor José Fernández Ubiña, con quien también editó en ese mismo año “El concilio de Elvira y su tiempo”. Entre sus participaciones en libros hay también que destacar la “Historia de la Iglesia en la España romana”, en la Historia de la Iglesia en España, editada por García-Villoslada, en 1979. Por último hemos elegido algunos de sus más significativos artículos: en la revista Römische Quartalschrift, dónde publicó en diversas ocasiones, “Die altchristlichen Fragmente von Poitiers” (1958); “Pedro y Pablo en el sarcófago de Berja” en la Rivista di Archeologia Cristiana (1967); “Un paso importante en el conocimiento de la sigillata hispanica” en el Boletín del Museo Arqueológico Nacional (1984); “Romanos pero cristianos. A propósito de algunos cánones del Concilio de Elvira” en Antigüedad y Cristianismo (1990); “La iconografía de Centcelles. Enig- mas sin resolver” en Pyrenae (2006); y, junto a la profesora Margarita Orfila, “Un paso decisivo en el conocimiento de la Granada romana (Municipium Florentinum Illiberritanum) en Archivo Español de Arqueología (2004).

En sus últimos años de estancia en Granada fue un placer para el Departamento de Prehistoria y Arqueología contar con él en la reactivación del Proyecto de Investigación del alfar romano de Cartuja, al que tanto tiempo y esfuerzo dedicó en su juventud. Su sabiduría, su buen humor y su cariñoso trato nos animaron a retomar los trabajos y convertir el alfar de Cartuja en un lugar de prácticas para futuros arqueólogos. Que mejor homenaje para que permanezca en nuestra memoria. Sus amigos y discípulos de la Universidad de Granada mantendrán siempre su recuerdo.

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